Para entender más a fondo la obsesión de Trump contra los inmigrantes

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Para el periódico estadounidense,The Washington Post, las medidas de la política migratoria de Trump significan en su conjunto “un acto de crueldad”, pero ¿cuál es la raíz ideológica que alimenta ese acto de crueldad?

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“Ilegalidad” es un concepto creado exclusivamente para excluir y explotar”. (Aviva Chomsky)

Donald Trump quiere superar a su antecesor como “deportador en jefe”, tras oficializar este martes su obsesión por criminalizar a a cualquier indocumentado que haya violado la ley, aún tratándose de una infracción menor. No sólo se perseguirá a los migrantes con cargos criminales violentos, sino también a todo aquel inmigrante que haya “abusado” de beneficios públicos o a quienes “a consideración de un agente de inmigración, puedan suponer un riesgo para la seguridad de Estados Unidos”.

Para el periódico estadounidense,The Washington Post, las medidas de la política migratoria de Trump significan en su conjunto “un acto de crueldad”.

“El documento envía un mensaje de miedo a muchas comunidades de inmigrantes en Estados Unidos, no sólo a los 11 millones de inmigrantes no autorizados, sino a sus esposas, a sus niños y a otros parientes viviendo legalmente en Estados Unidos”.

“Las políticas de la administración Trump dividirán a las familias y perjudicarán a las personas que viven vidas pacíficas”.

 
Las nuevas medidas, detalladas en dos memorandos firmados por John Kelly, secretario de Seguridad Interior, ponen en práctica las órdenes ejecutivas firmadas por Trump el pasado 25 de enero, teniendo como eje el uso de la fuerza para detener, arrestar, encarcelar y deportar, sin espacio alguno para un eventual camino hacia la legalización, a diferencia del proyecto de ley de reforma migratoria bipartidista que aprobara el senado el 27 de junio de 2013.

Las directrices de la nueva política incluyen un proceso para ampliar y agilizar las deportaciones expeditas. En el gobierno de Obama este mecanismo de deportación sólo se aplicaba a aquellos que habían estado en el país menos de 14 días y que se encontraban en la zona fronteriza, pero ahora se aplicará a cualquiera que haya permanecido hasta dos años en cualquier parte del territorio estadounidense.

De acuerdo con el portavoz de la Casa Blanca Sean Spicer, las nuevas directrices “no” contemplan la deportación masiva de indocumentados y comenzarán poniéndose en práctica deportando a casi 1 millón de indocumentados que cometieron un crimen o representan una amenaza para la seguridad pública.

La buena noticia dentro del panorama oscuro arrojado por la administración Trump sobre el complejo fenómeno de la inmigración en territorio estadounidense, es la decisión de exentar por ahora de las prioridades de deportaciones a los 750 mil jóvenes indocumentados beneficiarios del Programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA), sobre lo que el Washington Post apunta:

“Aunque esto es positivo, en otros aspectos existe una vena de crueldad en toda la nueva política”.

 

Indocumentados: Cómo la inmigración se volvió ilegal

Numerosos medios en el mundo abordan hoy los detalles de la política de inmigración de la administración Trump, pero para ponerla en contexto, sugerimos la lectura del libro de la activista de derechos humanos Aviva Chomsky: Indocumentados: Cómo la inmigración se volvió ilegal.

En este brillante trabajo, Aviva Chomsky muestra cómo la “ilegalidad” es un concepto creado exclusivamente para excluir y explotar. A través de un repaso por la historia de la migración hacia Estados Unidos –desde el Programa Bracero, iniciado en la década de 1940, hasta la Ley dreamer, impulsada por el presidente Barack Obama–, esta obra cuestiona la noción contemporánea de ilegalidad, muestra por qué se ha convertido en un hecho socialmente aceptado y devela su naturaleza compleja, inconsistente y profundamente discriminatoria.

Otro trabajo sugerido por Entre Noticias para quienes gusten ir más a fondo en la comprensión de antecedentes históricos de los cuales se alimentan las políticas de Trump, es el ensayo de César Vásquez Bazán: “Supremacía estadounidense e inferioridad latinoamericana: Religión y raza en la formación de dos ideologías complementarias”.

He aquí un fragmento revelador de dicho ensayo sobre una idea que prevalece de manera muy evidente entre los hombres y las mujeres del presidente Donald Trump:

“El desarrollo de la ideología de la supremacía estadounidense recibió un aporte importante cuando a la noción de la existencia de un Nuevo Pueblo Elegido se asoció el concepto de raza y la distinción entre una raza superior –la raza blanca– y un conjunto de razas inferiores (las razas no blancas). Perteneciendo los Hijos de Dios a la raza blanca, los colonos ingleses de la América del Norte entendieron que dicha característica era la confirmación de formar parte de un pueblo superior –Estados Unidos– nación destinada a ejercer la supremacía en el mundo tal cual la bíblica ciudad asentada en la cumbre de un monte. A partir de la citada confluencia ideológica, con el transcurrir de los años se fue estableciendo una creciente asociación entre la profesión de fe cristiana, la pertenencia al Nuevo Pueblo Elegido de Dios y ser de raza blanca. El principal resultado de esta identificación religiosa, racial y política fue la apropiación de la idea de Dios. Dios se secularizó, se convirtió en estadounidense [4] y pasó a ser el activo más importante de la cultura anglosajona americana [5]. Por no ser blancos y no haber sido favorecidos por la “selección” divina, los demás pueblos y razas del mundo, en especial las personas de piel oscura –americanos nativos, negros, mestizos, etc.– resultaban inferiores al Nuevo Pueblo Elegido”.

 

Redacción/Entre Noticias

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