De cuando Al Gore comparó el TLCAN con la compra de Luisiana y Alaska

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Al contrario de lo dicho por Gore, Donald Trump no ha parado de cuestionar las virtudes del TLCAN, habiendo sido uno de los puntos centrales de su campaña y llegando incluso a calificarlo como “el peor acuerdo comercial jamás firmado en cualquier parte“.

Al Gore

Sin desarrollo nacional no hay bienestar ni progreso. Cuando hay miseria y atraso en un país, no solo sucumben la libertad y la democracia, sino que corre peligro la soberanía nacional“.
(Arturo Frondizi)

Era el 9 de noviembre de 1993 cuando el vicepresidente de Estados Unidos, Albert Gore, debatió con el multimillonario texano Ross Perot sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canada.

Trescientas cincuenta cadenas afiliadas a la cadena CNN y 400 estaciones de radio lo transmitieron en directo y según los sondeos, Gore fue el claro vencedor de aquel debate en el que el vicepresidente dijo algo que bien vale la pena recordar en el contexto de la nueva administración estadounidense de Donald Trump y su relación con el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Esto dijo hace casi 24 años Al Gore sobre la importancia del TLCAN para su país:

Inglés: “This is a major choice for our country of historic proportions,” the vice president declared. “If we give in to the politics of fear and make the wrong choice, the results will be catastrophic.”

Español: “Es esta una decisión mayor de proporciones históricas para nuestro país”, declaró el vicepresidente. “Si cedemos a la política del miedo y tomamos la decisión equivocada, los resultados serán catastróficos”.

 
Al Gore equiparó entonces el TLCAN a hechos tan trascendentes en la historia de su país tales como la compra del Territorio de Luisiana a Napoleón en 1803, con uno de los ríos más caudalosos del mundo, el Mississippi, o la compra al gobierno imperial de Rusia del territorio de Alaska, el 30 de marzo de 1867, que para muchos era sólo una inmensidad desolada que no parecía tener mayor utilidad económica.

“Gore equated it to such momentous turns in American history as creation of the North Atlantic Treaty Organization, the Louisiana Purchase and the purchase of Alaska.” (Los Angeles Times 10 de noviembre de 1993)

 
Al contrario de lo dicho por Gore, Donald Trump no ha parado de cuestionar las virtudes del TLCAN, habiendo sido uno de los puntos centrales de su campaña y llegando incluso a calificarlo como “el peor acuerdo comercial jamás firmado en cualquier parte“. La retórica de Trump insiste que el TLCAN ha sido una victoria contundente para la economía mexicana y una derrota para Estados Unidos.

La realidad es que en el México del TLCAN que entró en vigor el primero de enero de 1994, la economía ha crecido un promedio de solo 2,5 por ciento anual, sin generar los empleos ni la prosperidad ofrecido por sus entusiastas impulsores y promotores como el expresidente Carlos Salinas de Gortari quien dijo que con el tratado se revertiría eventualmente la migración de mexicanos hacia Estados Unidos y presentando el tratado comercial a los mexicanos como el ingreso al primer mundo y el principio para disminuir la miseria que iba en aumento en el país.

Comunidades en diferentes regiones de la geografía mexicana se vieron forzadas a ajustarse vertiginosamente a nuevas prioridades ajenas a sus dinámicas públicas internas, que tenían ciertamente mecanismos de intervención estatal caracterizados por burocratismo y corrupción gubernamental, para darle paso a la nueva dinámica neoliberal privatizadora y su proceso de desnacionalización y desincorporación de empresas públicas, averiando una determinada estructura productiva para sustituirla por los corredores financieros trasnacionales derivados del TLCAN, comparado asombrosamente, como hemos dicho, por el demócrata Al Gore con la compra de Luisiana y Alaska.

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Si bien es cierto que aumentaron con el tratado las exportaciones mexicanas y atrajo éste una gran inversión al país, no menos cierto es que los salarios mexicanos se han estancado por más de una década, persistiendo la gran brecha entre ricos y pobres. Contradicción que está en el centro del fenómeno migratorio junto a los terribles niveles delictivos y de inseguridad prevalecientes a lo largo y ancho del territorio mexicano.

En verdadera pesadilla se convirtió para cientos de miles de familias mexicanas la pérdida de casi dos millones de puestos de trabajo en la industria agrícola debido al TLCAN que benefició a las industrias altamente subsidiadas de Estados Unidos que se dedican a cultivar alimentos como el maíz en detrimento de los agricultores mexicanos.

Al cumplirse veinte años de la entrada en vigor del TLCAN, la investigadora estadounidense Laura Carlsen publicó un artículo en el que ofrece datos del triste panorama en México:

Con la entrada de maíz subsidiado y otras materias primas al mercado mexicano, los precios pagados a los pequeños productores cayeron y los campesinos se encontraron en condiciones que los volvieron incapaces de sobrevivir. Alrededor de dos millones de ellos se vieron obligados a abandonar sus tierras desde la firma del TLCAN. Al mismo tiempo, los precios de alimentos de consumo básico se incrementaron. Un caso particular y notorio es el de la omnipresente tortilla.

Como resultado, 20 millones de mexicanos viven en pobreza alimentaria. Veinticinco por ciento de la población no tiene acceso a la canasta básica alimentaria y una quinta parte de los niños sufre de malnutrición. Los corredores industriales y transnacionales contaminaron ríos y enferman a la población en áreas rurales; las mujeres suelen sufrir los impactos más fuertes. (Laura Carlsen: A veinte años del TLCAN, todos pierden)

 
El TLCAN debe ser entendido en el contexto de la interdependencia acelerada de la economía mundial en el que los Estados nacionales quedan subordinados a los poderes fácticos de la arena financiera global. ¿Estamos en ese sentido ante un cambio de paradigma con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca quien además de criticar al TLCAN, ha enviado al cesto de la basura iniciativas como la de el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (en inglés: Trans-Pacific Partnership, TPP) impulsado decididamente por Barack Obama?

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“Peleamos la guerra de ellos, compramos sus productos, desmantelamos nuestra industria, compramos su política económica ¿y ahora tenemos un muro?”, afirmó el historiador Lorenzo Meyer

Es evidente que la comparación de Gore entre el TLCAN y las compras de Luisiana y Alaska en aquel debate con Perot hace 24 años, implicaba la noción de una ganancia de algún tipo de territorialidad para Estados Unidos, pero no sólo aquella de la consumación del dominio hegemónico de la llamada territorialidad financiera por parte de las corporaciones trasnacionales sobre el concepto de Estado nacional, que de garante de la soberanía, bien o mal, pasó en el caso mexicano a convertirse en entidad proveedora de mano de obra barata tanto en México como dentro de Estados Unidos, sino en el de la territorialidad física y concreta donde se encuentran recursos naturales estratégicos como el agua, alimentos, la reserva mineral y el petróleo, entre otros propios del proceso de generación energética, en el marco de una demencial pérdida de soberanía en esos sectores y sus actividades esenciales.

En enero pasado el historiador Lorenzo Meyer fue cuestionado por SinEmbargo sobre el tipo de momento que el Washington de la administración Trump encuentra a México:

¿En qué momento nos agarra Washington ahora?, se le pregunta a Lorenzo Meyer. “En el peor”, contesta. Luego acota: “en toda crisis hay una buena oportunidad”. Y “si hay un líder que recupere el nacionalismo mexicano, los sacrificios se aceptarán”.
 
Entrevista de SinEmbargo al historiador Lorenzo Meyer: Habrá sacrificios, pero Trump puede llevar a México hacia su “segunda Independencia”

 
En su libro: A la sombra de las águilas. Sonora y la transformación de la frontera durante el Porfiriato, el profesor del Colegio de Pomona, Miguel Tinker Salas realiza una minuciosa investigación en la zona de California, Arizona y Sonora, con el fin de hacernos revivir los años del Porfiriato en la frontera noroeste de México: conflictos territoriales, riquezas mineras, intereses extranjeros, élites conservadoras, bandidos inalcanzables y una frontera no muy nítida que determinó la cultura de esta región. Tinker nos recuerda en su libro editado por el Fondo de Cultura Económica, la reunion sostenida en Nogales en 1895 entre el gobernador de Sonora Rafael Izabal y el gobernador Hughes de Arizona quien dijo:

“Creo que ha llegado el momento en que el hemisferio occidental se constituya como una hermandad de repúblicas y se unan las vías férreas desde la bahía de Hudson hasta los confines de la Tierra de Fuego, así se cumplirá el destino del hemisferio occidental”.

 
¿Destino del hemisferio occidental? Sí, pero de ninguna manera en términos de equidad, sino en el contexto de la doctrina del llamado Destino Manifiesto en el que ya sea con la dupla Clinton-Gore, Bush-Cheney, Obama-Biden o Trump-Pence, se tiene la convicción de que Dios eligió a Estados Unidos para ser una potencia política y económica, una nación intrínsecamente superior al resto del mundo.

Ver también Entre Noticias: ¿Fue Trump elegido para una nueva ‘misión divina’ contra México?

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