México: paraíso para oligarcas, mientras la pobreza y la desigualdad aumentan

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Bienvenidos a la Paradoja mexicana.

Pocos países han abrazado la liberalización económica, la desregulación y la privatización con tanto entusiasmo como México”.

México es una tierra de contrastes desconcertantes. Económicamente hablando, el país es una potencia regional. Cuenta por un lado con uno de los multimillonarios “oficiales” más ricos del planeta, mientras por otro, con algunas de las peores tasas de desigualdad de ingresos en el hemisferio occidental. México, dice un texto publicado en el portal Wolf Street, se ubica en la vigésima posición en la lista de países con la mayoría de millonarios, pero tiene igualmente una de las poblaciones pobres más grande del planeta.

La publicación refiere a un estudio reciente, revelando que los mexicanos más ricos, equivalentes al 1% de la población, poseen aproximadamente la misma cantidad de riqueza que el 95% de las personas más abajo en la escala de riqueza.

El estudio, titulado “La distribución y desigualdad de los activos financieros y no financieros en México” y publicado por Miguel Ángel del Castillo Negrete del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), documenta cómo después de dos décadas y media de desenfrenado desarrollo financiero y La liberalización del comercio en México, la mayor parte de los beneficios económicos han fluido a una minúscula minoría.

“Pocos países han abrazado la liberalización económica, la desregulación y la privatización con tanto entusiasmo como México”, dijo en ese contexto a BBC Mundo Ricardo Fuentes-Nieva, director de Oxfam México. “Pero algunos grupos se beneficiaron desproporcionadamente y ahora son los más ricos”.

Desde los años 90, México cambió su economía cerrada para atraer inversión extranjera incluso en sectores tradicionalmente protegidos por el Estado, como la explotación petrolera.

“Las decisiones fueron tomadas por una élite, para beneficio de una élite, y supervisadas por la misma élite”. (Ricardo Fuentes-Nieva)

 
Muchas personas deben su inmensa riqueza a la rampante privatización de los recursos del país desatados a principios de los 90 por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, quien firmara el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canada, entrando en vigor el primero de enero de 1994.

Tal como ocurrió en la Rusia de Yeltsin, la “liberalización” de los mercados de México dio lugar a una nueva casta de oligarcas. Muchas empresas estatales fueron vendidas, pero en lugar de promover la competencia, los nuevos propietarios, con la ayuda del gobierno, aplicaron modelos cuasi- monopolísticos.

No hay mejor ejemplo de esto, dice Wolf Street, que el hombre más rico del país, Carlos Slim, sin ser el único multimillonario mexicano cuya fortuna fue construida a partir de las cenizas de los activos estatales. Más de la mitad de los 11 magnates mexicanos que figuran en la Lista Ricos de Forbes 2012 (que entre ellos controlaban una riqueza total de 130.000 millones de dólares) son o alguna vez fueron propietarios de antiguas empresas estatales . Entre ellos se encuentran propietarios o accionistas importantes de las minas (Larrea y Alberto Bailleres), empresas de telecomunicaciones (Carlos Slim y Ricardo Salinas Pliego) y bancos (Roberto González Barrera, Alfredo Harp Helú y Roberto Hernández Ramírez).

Mientras tanto, el gobierno profundamente corrupto de México, por razones obvias, no hace nada para enfrentar la principal causa de la desigualdad. Tal como ha dicho Fuentes-Nieva a la BBC, “las decisiones han sido tomadas por una élite, para beneficiar a una élite, y supervisadas por esa élite”.

Don Quijones

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