Hoy se cumplen 100 años de la “Declaración Balfour” que abrió el camino a la creación de Israel

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La Declaración Balfour: las 67 palabras que hace 100 años cambiaron la historia de Medio Oriente y dieron pie a la creación del Estado de Israel.

Imposible entender el Medio Oriente actual sin la comprensión de los efectos de la Declaración Balfour emitida el 2 de noviembre de 1917

Arthur James Balfour, secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, emitió hoy hace cien años una carta para el dirigente de la comunidad judía local, el barón Lionel Walter Rothschild, en donde se le hizo saber que el gobierno británico apoyaba la creación de un “hogar nacional judío” en lo que entonces era Palestina, bajo mandato británico tras haber finalizado la Primera Guerra Mundial. Mandato británico que se concretó gracias al acuerdo Sykes-Picot, que fue un pacto secreto entre Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de la Rusia aún pre-soviética, para el reparto de las posesiones del Imperio Otomano en Medio Oriente tras la Primera Guerra Mundial. Ratificado en mayo de 1916, el acuerdo estipulaba que —pese a las promesas realizadas a los árabes a cambio de su levantamiento contra los turcos— Siria, Irak, Líbano y Palestina se dividirían en áreas administradas por británicos y franceses.

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No es comprensible la situación actual en Siria, Palestina, Irak y el resto de países de Oriente Medio, cuna de la civilización humana, sin entender la intervención de las potencias occidentales en la región tras el fin de la Primera Guerra Mundial”, siendo ese el contexto de lo que mundialmente se conoce como la “Declaración Balfour” de 1917, por la que “una nación prometía a otra nación el territorio de una tercera nación”, donde los nativos representaban más del 90% de la población (60,000 judíos y poco más de 600,000 árabes). El documento no tenía poder legal por sí mismo, pero se erigió en columna vertebral de las políticas británicas en el mandato de de los británicos en Palestina.

“Un documento hecho por una potencia europea acerca de un territorio no europeo basado en un desprecio total hacia la presencia y los deseos de la mayoría nativa residente en ese territorio” Edward Said

 
Según ha escrito sobre el tema Ilan Pappé, en 1917 los palestinos habitaban casi exclusivamente su tierra natal y poseían la mayor parte de sus tierras. Sólo con la ayuda de las bayonetas británicas podría el proyecto colonial del sionismo sobrevivir en sus primeras etapas de las revueltas palestinas de 1920, 1921, 1929 y, en particular, de 1936.

El ejército británico empleó una inmensa fuerza, asegura Pappé, que incluía la Real Fuerza Aérea, para sofocar el levantamiento palestino de 1936, que duró tres años y terminó con la eliminación británica en la dirección nacional palestina, tanto por los asesinatos como por el exilio.

Este fue el principal legado del proyecto Balfour: no tanto por la consagración de su texto sino por la política que siguió y que condujo finalmente a la catástrofe de 1948.

Había funcionarios británicos en su país y en el terreno que tenían dudas y reparos acerca de la alianza con el sionismo. Tenían algo que decir cuando el Gobierno británico envió una Comisión Real de investigación para estudiar los orígenes de la revuelta de 1936.

La comisión esperaba poder rectificar algunas de las injusticias sugiriendo la partición entre los colonos y la población nativa.

La dirección sionista instó a los británicos a transferir a los palestinos de cualquier área que fuera concedida a los colonos sionistas, pero esto era algo que Londres se negó a hacer.

Sin embargo, al legitimar la partición de Palestina como una “solución” con el aval internacional, Gran Bretaña asoció claramente esta resolución geográfica con el proyecto básico de cualquier movimiento colonial, que tan brillantemente definiera el fallecido Patrick Wolfe como “la lógica de la eliminación del nativo”.

 
Cien años después, el actual Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Boris Johnson, ha dicho estar “orgulloso” de la carta de Balfour en 1917.

Estoy orgulloso de la participación de Gran Bretaña en la creación de Israel“, escribió el domingo el actual secretario de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, en el periódico Telegraph, agregando que el documento era “indispensable para la creación de una gran nación“.

El texto de la Declaración Balfour, en su versión castellana, fue el siguiente:

“2 de noviembre de 1917.

Estimado lord Rothschild:

Tengo el placer de dirigirle, en nombre del gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al gabinete y aprobada por él.
El gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, ni los derechos y el estatus político del cual gocen los judíos en cualquier otro país.
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,

Arthur James Balfour

 
El documento, celebrado por la comunidad judía de entonces, generó obvia preocupación entre las autoridades árabes, quienes se sintieron traicionados por la Corona Británica,que les había ofrecido su independencia a cambio de apoyarles en la guerra. Alemanes antisemitas comenzaron más tarde a ver con recelo a la población judía de su país, a quienes culpaban de haber apoyado a Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial para obtener su apoyo más adelante con la Declaración Balfour. Cinco años después de hacerse pública, en 1922 y con el conflicto bélico concluido, el Congreso de los Estados Unidos daría un fuerte apoyo a la carta firmada por el entonces ministro Balfour de la Gran Bretaña.

Todos los opresores tienen que mentir sobre la realidad, sobre sus intenciones y sus hechos. No pueden ir con la verdad por delante. Uno de los lemas sionistas más importantes y de mayores consecuencias fue aquel de ““una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra””, completado por la famosa frase de Golda Meir en la que negó la existencia de los palestinos.

 

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