Quién es el padre Melo, figura emblemática de la oposición en #Honduras

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Moreno es un sacerdote jesuita que se ha convertido en uno de los principales líderes opositores de Honduras, el país más violento de Centroamérica, donde ser periodista, al igual que en México, es serlo en uno de los países más peligrosos para ejercer la profesión.

El padre Melo, amigo íntimo desde décadas atrás, de la líder ecologista Berta Cáceres, asesinada en 2016, y de su esposo, Salvador Zúñiga, pareja fundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (Copihn) en 1993.

Honduras contiene la respiración después de acudir a su cita con las urnas en un clima de polarización que deriva de una de las campañas más atípicas y tensas que se recuerda en el segundo país más pobre de América Latina. Seis millones de ciudadanos fueron llamados a elegir no solo un presidente y tres vicepresidentes, sino también 128 diputados al Parlamento nacional y 20 al Centroamericano y 298 alcaldías. Y no hay margen para una segunda vuelta, Honduras se juega su futuro para los próximos cuatro años a una sola carta.

El cóctel que ha ido bebiendo el país a sorbitos cortos en las últimas semanas tiene los siguientes ingredientes: una posible reelección que no recoge la Constitución, denuncias de fraude tanto hacia el ente electoral y su sistema de escrutinio como hacia la campaña oficialista, una operación policial que vincula a la pandilla Barrio 18 con la principal fuerza de oposición y hasta la revelación en un artículo de posibles nexos del hermano del presidente con el narcotráfico. No olvidemos que el 80% de la droga que llega a Estados Unidos desde Suramérica pasa por Honduras.

Todo ello en un clima de tensión social creciente desde el asesinato de la activista ambiental Berta Cáceres, que ha levantado a comunidades enteras en contra de los planes energéticos y privatizadores del Gobierno, entre los que destaca la creación de las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), unos polémicos territorios cedidos por el Estado a empresas multinacionales. Al menos 20 compañías relacionadas con la energía, la agroindustria y de infraestructuras ya han presentado sus ofertas. Una suerte de Hong Kong en Centroamérica; soberanía por inversión extranjera.

De los nueve candidatos a la Presidencia, solo tres tienen verdaderas opciones: el presidente, Juan Orlando Hernández, (también conocido por sus iniciales, JOH) al frente del gobernante Partido Nacional; Salvador Nasralla, ingeniero y conocida estrella televisiva y aspirante por la Alianza de Oposición, y Luis Zelaya, hombre cercano a la élite económica y política del país, por el Partido Liberal. Todos son conservadores y vienen de la empresa privada.

Sorprende la cantidad de aspirantes en un país de tradición bipartidista pero lo que realmente le confiere el adjetivo de atípicas a estas elecciones es el camino sin obstáculos que se plantea para la reelección de Hernández cuando la Constitución no contempla esa posibilidad en ningún caso; y más si tenemos en cuenta que la misma pretensión de perpetuarse en el poder le costó en 2009 al exliberal Manuel Zelaya un golpe de Estado. Una reforma de la Corte Suprema de Justicia de mayo de 2015 dejaba abierta la puerta de la reelección, lo que ha criticado la oposición al considerar que es una decisión que no compete al poder judicial y que resulta de una jugada del presidente, que llegó a la Casa Presidencial en enero de 2014. Manuel Zelaya y su mujer, Xiomara Castro, mantiene su liderazgo al frente del partido LIBRE, que forma parte de la confluencia Alianza de Oposición, liderada por Nasralla.

Todos cerraron sus campañas una semana antes de la cita en las urnas. Ante semejante panorama, en Honduras una jornada de reflexión parece no ser suficiente. Desde el martes hasta el domingo estuvo vigente el llamado “silencio electoral”, determinado por ley y por el que los candidatos no podrían hacer propaganda, convocar concentraciones y divulgar sondeos; pero sí comunicar su programa a través de los medios. No hay tiempo que perder porque hay mucho en juego.

Ismael Moreno Coto, más conocido en Honduras como el padre Melo, es el director del centro de acción social jesuita ERIC (Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación) y de Radio Progreso y se ha convertido en uno de los principales opositores al Gobierno de JOH y a su posible segunda legislatura. “La reelección representa la consolidación de un régimen político populista con fuerte acento en el autoritarismo y la fuerza y una alianza firme entre el Estado y el capital privado y transnacional”, afirmaba Melo a un medio local. Y critica que este Gobierno “ha tenido una alta dosis de populismo” a través de “programas de asistencia sin comprometer ninguna política pública que trastoque el actual estado de las cosas basado en la conducción de una reducida élite -unas 17 familias- en asociación con multinacionales. Muchas ayudas a la gente pobre, dejando la misma situación de desempleo, sin acceso a la tierra y con la privatización de todos los servicios y bienes públicos”.

El padre Melo, amigo íntimo desde décadas atrás, de la líder ecologista Berta Cáceres, asesinada en 2016, y de su esposo, Salvador Zúñiga, pareja fundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (Copihn) en 1993.

Moreno es un sacerdote jesuita que se ha convertido en uno de los principales líderes opositores de Honduras, el país más violento de Centroamérica, donde ser periodista, al igual que en México, es serlo en uno de los países más peligrosos para ejercer la profesión. Desde el golpe al gobierno electo de Zelaya en 2009 han sido asesinados 26 reporteros (en México 111 desde 2000), de acuerdo con la ONG Comité por la Libre Expresión (C-Libre) y es en ese contexto donde el padre Melo se ha convertido en una figura antagónica del presidente Juan Orlando Hernández.

En Honduras se aplica a rajatabla la “ley de la muerte”: una condena contra los opositores al modelo “extractivista”. Los que no se dejan comprar por las empresas o los partidos políticos son condenados, asegura el padre Melo.

Moreno Coto también se ha sentido sentenciado. No piensa que lo van a matar como a Cáceres, pero ya asumió que fue condenado a la denigración y la invisibilidad, aunque los riesgos para su vida son latentes, reales y constantes, aún más en fechas recientes, donde el caos y la impunidad reinantes en el territorio hondureño facilitan la tarea a aquellos que quisieran atentar contra su integridad.

Su vida ha estado marcada por la violencia. A los 16 años sufrió la muerte de su padre, Pedro José Moreno, acaecida el 17 de agosto de 1974. Oficialmente, se trató de un robo con violencia pero Ismael Moreno nunca se ha sentido satisfecho con esa versión porque su padre era un dirigente campesino que participaba en las expropiaciones de tierras.

Unos años después, apenas ordenado sacerdote, se vería tocado por una de las masacres más célebres en la historia de la Compañía de Jesús: el asesinato de seis jesuitas y dos empleadas de la Universidad Centroamericana (UCA) de San Salvador. El 16 de noviembre de 1989, un comando élite del ejército de El Salvador irrumpió de noche en la universidad y asesinó a los sacerdotes Ignacio Ellacuría, Amando López, Ignacio Martín-Baró, Joaquín López, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, así como a Elba y Celina Ramos, trabajadoras de la institución.

El padre Melo afirma que Hernández tiene todo a su favor para ser reelegido como gobernante de Honduras, pese a la voluntad popular:

Tiene todo el mecanismo montado, estructurado. Probablemente no saldría electo si tuviera una enfermedad que lo llevara a la muerte o el gobierno de EEUU. le retirara el aval. Tiene todo organizado, pero particularmente ese control territorial.

Ante la contradicción que se presenta en el panorama electoral hondureño, donde por un lado el expresidente Zelaya es derrocado debido, afirmaban entonces sus contrincantes, por intentar reformar la constitución para habilitar la reelección y por otro, actualmente Hernández, esta vez sin oposición de las cúpulas de poder, realiza unas votaciones donde se permite ya la reelección, el padre Melo afirma que la misma “es aparente y demuestra la hipocresía de las élites políticas y empresariales”.

En 2009 las élites del país sintieron que sus intereses políticos, comerciales y financieros estaban en riesgo porque Zelaya progresivamente fue abriéndose a nuevas alianzas fuera de la tradicional con EEUU. y sus trasnacionales y fue tejiendo una alianza con los países del sur liderados entonces por Hugo Chávez en Venezuela. Las élites sentían que perdían el control sobre las decisiones del país. Por eso dieron el golpe del Estado. El pretexto fue la consulta de Zelaya sobre la reelección. Ocho años después, para estas mismas élites, Hernández les da seguridad. Ha logrado consolidar una alianza público-privada entre cinco grandes grupos económicos que representan unas 17 familias aliadas con trasnacionales. Así tienen prácticamente el control de todo el país. Hernández es parte de estas familias. Frente a él, las otras ofertas políticas no dan las mismas garantías porque en la oposición aparece la sombra de Zelaya que es el símbolo del demonio.

El silencio de los medios

La crisis hondureña le da la razón al padre Melo, Hernández ha ejercido una represión brutal contra sus opositores, aquellos que han alzado la voz ante las irregularidades del proceso electoral, sin embargo de esto los medios tradicionales, aquellos que tanto enarbolaban la “libertad” contra una dictadura en el caso venezolano, hoy callan.

El aparato propagandístico se encarga de silenciar aquello que pudiera poner en duda la capacidad del actual gobierno de Honduras, tal es el caso del asesinato de la estudiante de 19 años, Kimberly Dayana Fonseca, quien perdiera la vida durante una protesta en Tegucigalpa.

La estudiante del Instituto Técnico Honduras murió la noche del pasado viernes durante la toma por los manifestantes del Anillo Periférico a la altura de la colonia Residencial Honduras de Tegucigalpa, informó entonces el diario hondureño El Heraldo. Según testigos, la joven de 19 años fue baleada por militares.

Los disturbios a raíz de la falta del resultado definitivo de las elecciones generales de Honduras del 26 de noviembre conllevaron a la imposición del toque de queda por 10 días desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana. A sabiendas de eso, cerca de las 23:40 Kimberly salió a buscar a uno de sus hermanos que no había regresado a casa.

Karla Sosa, tía de la estudiante fallecida, confirmó al diario que Kimberley “estaba donde una amiga” y cuando empezaron a disparar, pensó que su hermano “andaba ahí en el relajo”, aunque en realidad este “estaba donde la novia”. “Cuando ella fue a buscarlo, el tiro la alcanzó a ella, los militares dispararon”, comentó Sosa a El Heraldo.

De acuerdo con la primera versión acerca de la muerte de la joven, ella no participó en las protestas de aquel día, pero por la tarde en los disturbios tomó parte uno de sus familiares. Cuando llegó al lugar de los hechos, los supuestos militares abrieron fuego contra la muchedumbre y fue entonces cuando Kimberley cayó víctima de los disparos, según relataron testigos.

El toque de queda

El gobierno hondureño impuso un toque de queda el viernes y ordenó a las fuerzas de seguridad que actúen contra los manifestantes que bloquean carreteras y puentes, en medio de una crisis política por el controversial proceso de conteo de votos de las elecciones presidenciales celebradas el domingo pasado.

El anuncio del viernes por la noche se produjo después de que las manifestaciones pacíficas de los simpatizantes del candidato de la oposición, Salvador Nasralla, se tornaron violentas en algunos lugares. El gobierno dijo que el toque de queda durará diez días por lo que, durante ese tiempo, sería arrestada cualquier persona que se encuentre en los espacios públicos entre las 06:00 p. m. y las 06:00 a. m.

La decisión del gobierno del presidente Juan Orlando Hernández, quien busca reelegirse, generó temores de que podría ser una forma de mantenerse en el cargo, incluso si el recuento final de votos no lo favorece.

Edmundo Orellana, un exministro de Justicia y Defensa, escribió en Twitter que emitir ese decreto mientras se cuentan los votos equivalía a un “golpe de Estado”.

El viernes los manifestantes bloquearon carreteras y puentes por segundo día consecutivo para exigir un conteo imparcial. En algunos lugares quemaron llantas, llenando el aire con un espeso humo negro. Hubo algunos saqueos y en varios lugares las fuerzas de seguridad se enfrentaron con los manifestantes, lo que dejó heridos, en lo que es el principio de una larga jornada que en las próximas horas definirá el rumbo que tomará el país.

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Entre Noticias/Agencias

 

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