Pobre Estados Unidos: tan cerca de Donald Trump y tan lejos de Martin Luther King

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Si Martin Luther King viviera hoy, estaría sin duda del lado de los inmigrantes y de los "soñadores", nunca del lado de Trump y su ideología neofascista.

Enorme falta le está haciendo a la sociedad estadounidense el itinerario moral que Martin Luther King Jr. le heredara hace más de 50 años.

Martin Luther King Jr. no dijo únicamente: “Tengo un sueño”, para luego encerrarse en su casa o en el templo de su comunidad, sino que por el contrario, llevó al terreno de las acciones aquello de que “la esperanza es el sueño de los que están despiertos”, lo que terminó de hecho costándole la vida. Luther King no se limitó a “soñar”, sino que actuó contra las causas de la desigualdad, no únicamente raciales, económicas también, y habiéndose parado con firmeza contra la guerra de Vietnam, por lo que sería perseguido y asesinado en 1968.

Los 17 minutos durante los que King habló en aquella tarde de agosto de 1963, conforman no sólo una de las piezas de oratoria más trascendentes de la historia estadounidense, justo cuando los afroamericanos eran aún linchados por fanáticos de raza blanca. Cuando en los estados del sur, el Ku Klux Klan quemaba sus propiedades y bombardeaba sus iglesias, mientras las cruces de esa organización terrorista ardían amenazantes por las noches y cuando la segregación racial se practicaba en centros escolares de todos los niveles, en las estaciones del transporte público, en restaurantes, plazas y sanitarios públicos. Esos 17 minutos son también las instrucciones de un itinerario moral que le está haciendo enorme falta a buena parte de la sociedad estadounidense.

En 1963, desde la cárcel de Birmingham (Alabama) escribió: “La libertad nunca es dada voluntariamente por quienes nos oprimen, la misma tiene que ser demandada por quienes están siendo oprimidos”.

 
Cierto que hay avances incuestionables, comparados con aquella época aciaga impregnada de terror para los afroamericanos, pero durante el primer año de la administración del presidente Trump es un hecho que los supremacistas blancos se han sentido respaldados, desde la Casa Blanca, para mostrar sin inhibiciones sus verdaderos sentimientos hacia las otras razas, en el nombre de un nacionalismo identitario WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant), acrónimo en inglés de”blanco, anglosajón y protestante”.

La guerra en contra de los débiles

Muy poca gente en el mundo está consciente de que en Estados Unidos (EU), durante las primeras seis décadas del siglo XX, cientos de miles de norteamericanos fueron etiquetados como débiles mentales (“feeble minded”) porque no se ajustaban a los patrones teutónicos, y les estuvo vedada la reproducción. Seleccionados en prisiones, manicomios y orfanatos por sus antepasados, su origen nacional, su etnia, su raza o su religión, fueron esterilizados sin su consentimiento, impedidos de procrear, de casarse o separados de sus parejas por medios burocráticos gubernamentales. Esta perniciosa guerra de guante blanco fue llevada a cabo por organizaciones filantrópicas, prestigiosos profesores, universidades de elite, ricos empresarios y altos funcionarios del gobierno, formando un movimiento pseudocientífico llamado eugenesia (eugenics) cuyo propósito, más allá del racismo, era crear una raza nórdica superior que se impusiera a nivel global.

El indispensable libro, War Against the Weak (Guerra contra los débiles), del periodista de investigación Edwin Black, documenta minuciosamente como el movimiento eugenésico construyó una infraestructura jurídica y burocrática nacional para limpiar a EU de los “no aptos”. Pruebas de inteligencia, coloquialmente conocidas como mediciones de IQ, se inventaron para justificar la exclusión de los “débiles mentales”, que frecuentemente, eran solo personas tímidas o que hablaban otra lengua o tenían un color de piel diferente. Se decretaron de hecho leyes de esterilización forzosa en unos 27 estados del país para impedir que las personas detectadas pudieran reproducirse.

El plan era esterilizar de inmediato a 14 millones de personas en EU y varios millones más en otras partes del mundo para buscar después erradicar al resto de los débiles hasta dejar solo a los nórdicos de raza pura en el planeta.

Eventualmente, la eugenesia, cuyos objetivos eran globales, fue esparcida por evangelistas norteamericanos a Europa, Asia y Latinoamérica hasta formar una bien entretejida red de movimientos con prácticas similares que, mediante conferencias, publicaciones, y otros medios, mantenía a sus líderes y propugnadores al acecho de oportunidades de expansión de sus ideas y propósitos.

Fue así que llegó a Alemania, donde fascinó a Adolfo Hitler y al movimiento nazi. El Nacional Socialismo alemán transformó la búsqueda norteamericana de una “raza nórdica superior” en lo que fue la lucha de Hitler por una “raza aria dominante”.

La eugenesia nazi rápidamente desplazó a la norteamericana por su velocidad y fiereza. En las páginas de este libro, Edwin Black -de madre judía polaca- demuestra cómo la racionalidad científica aplicada por los médicos asesinos de Auschwitz, en Alemania, fue concebida antes en los laboratorios eugenésicos de la Institución Carnegie, en su complejo de Cold Spring Harbor en Long Island, donde se le hacía propaganda de manera muy entusiasta al régimen nazi. También se relata en el libro de Black la masiva ayuda financiera otorgada por las fundaciones Rockefeller, Carnegie y Harriman a las entidades científicas alemanas donde comenzaron los experimentos eugenésicos que culminaron en Auschwitz.

Las políticas migratorias que el gobierno de Trump quiere imponer en EU, tienen mucho que ver con el contexto planteado en párrafos anteriores. Más de lo que muchos imaginan, tienen que ver con esos antecedentes las infames declaraciones de Trump refiriéndose a lo que el mandatario considera “países de mierda”.

En septiembre de 2017, el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, anunció que el gobierno de Donald Trump pondría fin a la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), un programa de Barack Obama que protegía de la deportación a cientos de miles de jóvenes indocumentados.

El 78% de los beneficiarios de DACA son de nacionalidad mexicana, siendo California el estado del país con más inscritos en dicho programa. Cierto que ponerle fin a DACA era una de las medidas contra los migrantes que había prometido el presidente Trump durante la campaña electoral, pero eso no deja de situar a Trump en el espectro más pérfido de la política estadounidense, teniendo en cuenta que Trump está vinculado, entre otros, a un peligroso racista llamado Kris Kobach, quien le ha asesorado sobre la idea del muro fronterizo con México y quien ha trabajado para un grupo racista, cuyo objetivo declarado es reducir, no el número de inmigrantes indocumentados, sino el número de personas no blancas en Estados Unidos. Kobach ha sido abogado de Immigration Reform Law Institute, el brazo legal de la organización Federation for American Immigration Reform, (FAIR), que el Southern Poverty Law Center clasifica como un grupo de odio.

FAIR ha recibido, según varios reportes publicados, más de un millón de dólares de financiamiento de una organización llamada Pioneer Fund, que se describe a sí mismo como un grupo formado en la tradición evolutiva de Charles Darwin y de Francis Galton considerado este último el padre de la eugenesia por impulsar la aplicación de la selección artificial del ser humano para mejorar la raza. Durante los últimos 70 años, el Pioneer Fund ha financiado controvertidas investigaciones sobre raza e inteligencia con el propósito de demostrar “la superioridad de la raza blanca”. El mandato original del grupo era promover los genes de aquellos que pudieran ser considerados descendientes de las personas blancas que se asentaron en las primeras trece colonias antes de que se adoptara la Constitución.

Convencidos estamos, Entre Noticias, de que Donald Trump protagoniza ciertamente en lo global el despliegue de un imperialismo sin máscaras, en el que China y Rusia son tratados como competidores y acérrimos rivales al más puro estilo de la guerra fría, alejando a EU de las instituciones multilaterales sobre compromisos ecológicos o de Derechos Humanos, mientras al interior despliega igualmente desde la apariencia democrática, una guerra en contra de los débiles, los inmigrantes “soñadores” entre ellos.

Trump irrumpió en la Casa Blanca con una ideología que se asemeja en ciertos aspectos al fascismo clásico practicado en Italia y Alemania en los años 1920 y 1930, pero con rasgos distintos, tal como lo sostiene John Bellamy Foster en su libro: Trump in the White House; Tragedy and Farce.

“Al rechazar el término “populismo” que es ampliamente utilizado para describir el fenómeno Trump y otros similares en todo el mundo en la actualidad, y utilizando el término “neofascismo” en su lugar, John Bellamy Foster ha hecho un gran servicio teórico a la izquierda. Este cambio en la perspectiva conceptual lo lleva a comparar los desarrollos actuales con los de la década de 1930, examinar sus raíces de economía política y resaltar la “destrucción de la razón” que caracteriza a todo fascismo. Este libro es una contribución pionera valiosa y extremadamente importante”. (Prabhat Patnaik, profesor emérito, economía, Universidad Jawaharlal Nehru; autor (con Utsa Patnaik), Una teoría del imperialismo.

 
Enorme falta le está haciendo a la sociedad estadounidense, el itinerario moral que Martin Luther King Jr. le heredara hace más de 50 años. Si Luther King viviera hoy, habría hecho suya la causa de la comunidad inmigrante.

Rubén Luengas/Entre Noticias

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