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"Ante la percepción de un posible triunfo de López Obrador, derivada de las encuestas, del evidente desplome del candidato del PRI, de las acusaciones de supuesta corrupción contra el candidato del PAN en coalición con el PRD, [...] pareciera que lo que hay es una operación concertada que obedece al régimen, para tratar de volver a presentar a López Obrador como un político intolerante, no apto para ejercer la presidencia, por parte de aquellos que ante un posible triunfo de López Obrador, ven peligrar sus privilegios."

Sobre la polémica en sí, creo que a nadie debiera espantar, en una genuina democracia, ni la crítica de Herzog Márquez, ni la respuesta de López Obrador.

Por Rubén Luengas

Descritos como “esas ventanas abiertas al inmenso mundo que queda más allá de nuestra experiencia directa”, los medios de información determinan los “mapas cognitivos” que nos hacemos de él.

Durante mi experiencia de varios años en diferentes medios de México y Estados Unidos, he podido ser testigo de que el discurso mediático está comprometido con el control selectivo de la información. Uno de tantos episodios en esa dirección, fue presenciar en primera fila la descarada manipulación mediática para manufacturar consensos, dentro y fuera de Estados Unidos, sobre “el peligro” de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, usadas como argumento para llevar a cabo aquella desastrosa invasión a la geografía de la antigua Mesopotamia, con pavorosas consecuencias humanas.

Entre lo “destacado” que se publica esta semana en México sobre las elecciones de 2018, encontramos textos como el de Carlos Loret de Mola en el diario El Universal, orientados a señalar que Andrés Manuel López Obrador, precandidato a la presidencia de México que ha venido encabezando diferentes encuestas, es en realidad un hombre “enojado, que no suma, sino resta, que odia, intolerante, autoritario, que no ríe, que teniendo todo para ganar, hace todo para perder”. Para Loret de Mola, ha regresado el “viejo” López Obrador.

Resulta que el analista político, Jesús Silva Herzog Márquez, criticó lo que a su entender es un “oportunismo político” del tabasqueño, el hecho de incorporar a su movimiento a personajes que antes estuvieron abiertamente contra él desde las trincheras de a quienes López Obrador ha calificado como integrantes de “la mafia del poder”.

Sobre la estrategia de López Obrador de anunciar la integración de lo que podría ser su gobierno en caso de ser electo, comenta Silva Herzog que se ha desplazado del sectarismo “al punto contrario: el oportunismo. Su coalición no es ya ni sombra de su base política. Morena ha sido traicionado antes de ganar el poder. El caudillo lo ha entregado al cálculo de sus ambiciones.” En sus filas admite foxistas, calderonistas, zedillistas y hasta salinistas.

 
López Obrador contesto en su cuenta de Twitter:

La principal noticia en el portal de Yahoo en México era este miércoles, una con el siguiente encabezado: “Andrés Manuel López Obrador vuelve a perder la cabeza justo cuando iba ganando”. ¿Cuando iba ganando? ¿ya no va ganando acaso en las encuestas? La utilización de ese “iba” no es inocente ni carente de propósito.

Sobre la polémica en sí, creo que a nadie debiera espantar, en una genuina democracia, ni la crítica de Herzog Márquez, ni la respuesta de López Obrador. Me parece muy legítimo el cuestionamiento del analista político, una vez que muchos de los propios seguidores de López Obrador cuestionan la estrategia de puertas abiertas de su movimiento para buscar ganar las elecciones del próximo primero de Julio. Pero me parece también irrefutable la existencia de una escoria ladrona, una mafia del poder, que tiene secuestrado a México para que el país cumpla el papel que le ha sido designado en el contexto del neoliberalismo depredador globalizado, en el que la colonización de las conciencias y los espíritus de los mexicanos juega un papel fundamental, siendo justo ahí donde los medios hegemónicos, casi todos en México, reducen al mínimo o anulan por completo ideas alternativas u opositoras, negando así el principio de pluralidad indispensable para la práctica de una vida democrática, con virtudes y defectos, con aciertos y errores.

Mientras que con López Obrador, los medios hegemónicos y sus figuras que encajan en la trama de sus intereses ideológicos y económicos, esperan ansiosos cualquier error o resbalón del tabasqueño para satanizarlo, se muestran vergonzantemente sumisos ante los intereses de los grupos que los poseen y a los que representan, de tal suerte que me parece evidente en México, en Estados Unidos y en gran parte del mundo, un conflicto cada vez más profundo entre sociedad y medios de comunicación.

Me parece esencial que Morena y su indiscutible líder, puedan ser sometidos al ejercicio de la imprescindible crítica, para “desdoblar, distinguir, separar y hacer nuestra realidad más inteligible”, pero no sin dejar de hacer lo propio con quienes han demostrado ya en los hechos, desde las cumbres del poder, haber colocado al borde del abismo a los habitantes de un país que padece los efectos cotidianos de un peligro ya verificado y consumado en los hechos.

Entre los principios de la propaganda aplicada por Goebbels al servicio del nazismo, figura aquella de la exageración y la desfiguración que busca convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza o peligro grave. Juzgue cada quien la credibilidad que en el periodismo mexicano pueda tener o no el analista Jesús Silva Herzog, una vez que la credibilidad es el principal atributo de la información. Creo en lo personal que la crítica de Silva Herzog debe ser atendida y debatida, pero júzguese igualmente con rigor, el oportunismo de sicarios de la información que responden a intereses personales y corporativos empeñados, antes que cualquier otra cosa, en el aumento de su rentabilidad y en la defensa de la estructura de poder político que para ese objetivo mejor les favorezca.

Ante la percepción de un posible triunfo de López Obrador, derivada de las encuestas, del evidente desplome del candidato del PRI, de las acusaciones de supuesta corrupción contra el candidato del PAN en coalición con el PRD, y de posturas y declaraciones de actores que en el pasado actuaron vehementemente contra López Obrador, como el propagandista español que hace 12 años elaboró la campaña sucia de que Obrador era “un peligro para México”, y que ahora dice que “ya no lo es”, vaticinando que ganará las elecciones, pareciera que lo que hay es una operación concertada que obedece al régimen, para tratar de volver a presentar a López Obrador como un político intolerante, no apto para ejercer la presidencia, por parte de aquellos que ante un posible triunfo de López Obrador, ven peligrar sus privilegios.

Tras la crítica, válida en sí misma de Jesús Silva Herzog Márquez, dentro de parámetros democráticos, parece seguirle el antidemocrático nado sincronizado y orquestado de los beneficiados del poder, de los oportunistas que buscan una vez más en el contexto de los procesos electorales de México, aplicar otro de los principios utilizado por Goebbels: el de “unanimidad”, que consiste en tratar de convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad o de consenso.

En su artículo sobre el tema, Loret de Mola dice: “Debo ofrecer una disculpa a los lectores: me apresuré a sacar conclusiones sobre ese ‘nuevo’ López Obrador”.

Muchas disculpas debieran ser ofrecidas desde los medios de comunicación a la sociedad mexicana por el ocultamiento de información, de puntos de vista verdaderamente contrastantes. Por la subordinación de la información y las noticias de interés público general a las ambiciones lucrativas de corporaciones que gozan de una libertad de empresa por encima de la libertad de expresión y de las legítimas aspiraciones colectivas. Por la aplicación, no pocas veces, de la vieja receta goebbeliana de que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”; lo que el escritor y filófofo francés, Jean Pierre Faye, definiera como el “principio de creación de aceptabilidad”. Justo aquello que ocurrió en los medios de comunicación de casi todo el mundo occidental, incluidos los de México, con la reiteración sobre las “armas de destrucción masiva” que terminaron por ser instaladas, como si fuera verdad, en el imaginario de las sociedades receptoras, a pesar de esfuerzos muy aislados, antes las cámaras de televisión en mi caso, tratando de que fueran escuchadas las voces de investigadores y analistas asegurando entonces que dichas armas no existían y que se trataba en realidad, no de un error de inteligencia, sino de la mentira cuidadosamente diseñada y fabricada para justificar la guerra.

Para que haya democracia, tiene que haber demócratas, y en ese sentido, el ejercicio libre de la crítica debiera ser herramienta indispensable, pero no utilizada bajo los criterios del “enemigo designado” por el poder, dentro de un discurso mediático, como he dicho al principio, comprometido con el control selectivo de la información.

Muchas disculpas debieran ser ofrecidas por la complicidad de intelectuales, políticos y periodistas que en elecciones anteriores se prostituyeron, guardando su espíritu crítico quién sabe dónde, sin haber denunciado o escudriñado siquiera en acciones fraudulentas que permitieron llevar al poder, bajo diferentes siglas y colores de identidades partidistas, a verdaderos pillos vendepatrias, corruptos consumados, cínicos, farsantes y simuladores que gozan de vergonzante impunidad, habiendo demostraron ser con creces un peligro consumado para la vapuleada sociedad mexicana, que entre otras cosas, ha perdido uno de los compromisos prioritarios de la acción de gobernar: el de la seguridad pública.

 

Rubén Luengas/Entre Noticias

 

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Si Martin Luther King viviera hoy, estaría sin duda del lado de los inmigrantes y de los "soñadores", nunca del lado de Trump y su ideología neofascista.

Enorme falta le está haciendo a la sociedad estadounidense el itinerario moral que Martin Luther King Jr. le heredara hace más de 50 años.

Martin Luther King Jr. no dijo únicamente: “Tengo un sueño”, para luego encerrarse en su casa o en el templo de su comunidad, sino que por el contrario, llevó al terreno de las acciones aquello de que “la esperanza es el sueño de los que están despiertos”, lo que terminó de hecho costándole la vida. Luther King no se limitó a “soñar”, sino que actuó contra las causas de la desigualdad, no únicamente raciales, económicas también, y habiéndose parado con firmeza contra la guerra de Vietnam, por lo que sería perseguido y asesinado en 1968.

Los 17 minutos durante los que King habló en aquella tarde de agosto de 1963, conforman no sólo una de las piezas de oratoria más trascendentes de la historia estadounidense, justo cuando los afroamericanos eran aún linchados por fanáticos de raza blanca. Cuando en los estados del sur, el Ku Klux Klan quemaba sus propiedades y bombardeaba sus iglesias, mientras las cruces de esa organización terrorista ardían amenazantes por las noches y cuando la segregación racial se practicaba en centros escolares de todos los niveles, en las estaciones del transporte público, en restaurantes, plazas y sanitarios públicos. Esos 17 minutos son también las instrucciones de un itinerario moral que le está haciendo enorme falta a buena parte de la sociedad estadounidense.

En 1963, desde la cárcel de Birmingham (Alabama) escribió: “La libertad nunca es dada voluntariamente por quienes nos oprimen, la misma tiene que ser demandada por quienes están siendo oprimidos”.

 
Cierto que hay avances incuestionables, comparados con aquella época aciaga impregnada de terror para los afroamericanos, pero durante el primer año de la administración del presidente Trump es un hecho que los supremacistas blancos se han sentido respaldados, desde la Casa Blanca, para mostrar sin inhibiciones sus verdaderos sentimientos hacia las otras razas, en el nombre de un nacionalismo identitario WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant), acrónimo en inglés de”blanco, anglosajón y protestante”.

La guerra en contra de los débiles

Muy poca gente en el mundo está consciente de que en Estados Unidos (EU), durante las primeras seis décadas del siglo XX, cientos de miles de norteamericanos fueron etiquetados como débiles mentales (“feeble minded”) porque no se ajustaban a los patrones teutónicos, y les estuvo vedada la reproducción. Seleccionados en prisiones, manicomios y orfanatos por sus antepasados, su origen nacional, su etnia, su raza o su religión, fueron esterilizados sin su consentimiento, impedidos de procrear, de casarse o separados de sus parejas por medios burocráticos gubernamentales. Esta perniciosa guerra de guante blanco fue llevada a cabo por organizaciones filantrópicas, prestigiosos profesores, universidades de elite, ricos empresarios y altos funcionarios del gobierno, formando un movimiento pseudocientífico llamado eugenesia (eugenics) cuyo propósito, más allá del racismo, era crear una raza nórdica superior que se impusiera a nivel global.

El indispensable libro, War Against the Weak (Guerra contra los débiles), del periodista de investigación Edwin Black, documenta minuciosamente como el movimiento eugenésico construyó una infraestructura jurídica y burocrática nacional para limpiar a EU de los “no aptos”. Pruebas de inteligencia, coloquialmente conocidas como mediciones de IQ, se inventaron para justificar la exclusión de los “débiles mentales”, que frecuentemente, eran solo personas tímidas o que hablaban otra lengua o tenían un color de piel diferente. Se decretaron de hecho leyes de esterilización forzosa en unos 27 estados del país para impedir que las personas detectadas pudieran reproducirse.

El plan era esterilizar de inmediato a 14 millones de personas en EU y varios millones más en otras partes del mundo para buscar después erradicar al resto de los débiles hasta dejar solo a los nórdicos de raza pura en el planeta.

Eventualmente, la eugenesia, cuyos objetivos eran globales, fue esparcida por evangelistas norteamericanos a Europa, Asia y Latinoamérica hasta formar una bien entretejida red de movimientos con prácticas similares que, mediante conferencias, publicaciones, y otros medios, mantenía a sus líderes y propugnadores al acecho de oportunidades de expansión de sus ideas y propósitos.

Fue así que llegó a Alemania, donde fascinó a Adolfo Hitler y al movimiento nazi. El Nacional Socialismo alemán transformó la búsqueda norteamericana de una “raza nórdica superior” en lo que fue la lucha de Hitler por una “raza aria dominante”.

La eugenesia nazi rápidamente desplazó a la norteamericana por su velocidad y fiereza. En las páginas de este libro, Edwin Black -de madre judía polaca- demuestra cómo la racionalidad científica aplicada por los médicos asesinos de Auschwitz, en Alemania, fue concebida antes en los laboratorios eugenésicos de la Institución Carnegie, en su complejo de Cold Spring Harbor en Long Island, donde se le hacía propaganda de manera muy entusiasta al régimen nazi. También se relata en el libro de Black la masiva ayuda financiera otorgada por las fundaciones Rockefeller, Carnegie y Harriman a las entidades científicas alemanas donde comenzaron los experimentos eugenésicos que culminaron en Auschwitz.

Las políticas migratorias que el gobierno de Trump quiere imponer en EU, tienen mucho que ver con el contexto planteado en párrafos anteriores. Más de lo que muchos imaginan, tienen que ver con esos antecedentes las infames declaraciones de Trump refiriéndose a lo que el mandatario considera “países de mierda”.

En septiembre de 2017, el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, anunció que el gobierno de Donald Trump pondría fin a la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), un programa de Barack Obama que protegía de la deportación a cientos de miles de jóvenes indocumentados.

El 78% de los beneficiarios de DACA son de nacionalidad mexicana, siendo California el estado del país con más inscritos en dicho programa. Cierto que ponerle fin a DACA era una de las medidas contra los migrantes que había prometido el presidente Trump durante la campaña electoral, pero eso no deja de situar a Trump en el espectro más pérfido de la política estadounidense, teniendo en cuenta que Trump está vinculado, entre otros, a un peligroso racista llamado Kris Kobach, quien le ha asesorado sobre la idea del muro fronterizo con México y quien ha trabajado para un grupo racista, cuyo objetivo declarado es reducir, no el número de inmigrantes indocumentados, sino el número de personas no blancas en Estados Unidos. Kobach ha sido abogado de Immigration Reform Law Institute, el brazo legal de la organización Federation for American Immigration Reform, (FAIR), que el Southern Poverty Law Center clasifica como un grupo de odio.

FAIR ha recibido, según varios reportes publicados, más de un millón de dólares de financiamiento de una organización llamada Pioneer Fund, que se describe a sí mismo como un grupo formado en la tradición evolutiva de Charles Darwin y de Francis Galton considerado este último el padre de la eugenesia por impulsar la aplicación de la selección artificial del ser humano para mejorar la raza. Durante los últimos 70 años, el Pioneer Fund ha financiado controvertidas investigaciones sobre raza e inteligencia con el propósito de demostrar “la superioridad de la raza blanca”. El mandato original del grupo era promover los genes de aquellos que pudieran ser considerados descendientes de las personas blancas que se asentaron en las primeras trece colonias antes de que se adoptara la Constitución.

Convencidos estamos, Entre Noticias, de que Donald Trump protagoniza ciertamente en lo global el despliegue de un imperialismo sin máscaras, en el que China y Rusia son tratados como competidores y acérrimos rivales al más puro estilo de la guerra fría, alejando a EU de las instituciones multilaterales sobre compromisos ecológicos o de Derechos Humanos, mientras al interior despliega igualmente desde la apariencia democrática, una guerra en contra de los débiles, los inmigrantes “soñadores” entre ellos.

Trump irrumpió en la Casa Blanca con una ideología que se asemeja en ciertos aspectos al fascismo clásico practicado en Italia y Alemania en los años 1920 y 1930, pero con rasgos distintos, tal como lo sostiene John Bellamy Foster en su libro: Trump in the White House; Tragedy and Farce.

“Al rechazar el término “populismo” que es ampliamente utilizado para describir el fenómeno Trump y otros similares en todo el mundo en la actualidad, y utilizando el término “neofascismo” en su lugar, John Bellamy Foster ha hecho un gran servicio teórico a la izquierda. Este cambio en la perspectiva conceptual lo lleva a comparar los desarrollos actuales con los de la década de 1930, examinar sus raíces de economía política y resaltar la “destrucción de la razón” que caracteriza a todo fascismo. Este libro es una contribución pionera valiosa y extremadamente importante”. (Prabhat Patnaik, profesor emérito, economía, Universidad Jawaharlal Nehru; autor (con Utsa Patnaik), Una teoría del imperialismo.

 
Enorme falta le está haciendo a la sociedad estadounidense, el itinerario moral que Martin Luther King Jr. le heredara hace más de 50 años. Si Luther King viviera hoy, habría hecho suya la causa de la comunidad inmigrante.

Rubén Luengas/Entre Noticias

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"Y así nos ha salido una navidad, que más que nada es un pretexto. Pretexto para dar rienda suelta a nuestra vena poética, más bien pobre; para bruñir un poquito el metal enmohecido de lo que llamamos nuestra religiosidad; para cepillar el polvo caído sobre nuestro uniforme de cristianos; para hacer alguna obra de caridad, sirviendo tal vez la comida a algún pobre… Y con ello quedamos convencidos de que somos unas personas colosales".

“Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”. (Lc 2, 6-7)

Tres líneas en total. Para narrarnos el acontecimiento más solemne de la historia del mundo, el evangelista Lucas escribe solamente tres líneas. Todo un Dios que viene a «plantar su propia tienda entre nosotros». Y con tres líneas hay más que suficiente para decirlo. Con seguridad, la pluma habrá luchado entre las manos para resistir a la dura tentación de decir muchas cosas más.

Tres líneas tan sólo en la parte de arriba. Luego, toda una página en blanco. Y aquí estamos nosotros dispuestos a embadurnarla con nuestras pobres palabras.

Parecerá tal vez una simpleza comenzar la serie de «evangelios molestos» con la narración de la navidad; con una página que parece hablarnos exclusivamente de ternura, que evoca los más dulces y suaves pensamientos.

Y sin embargo, precisamente estas tres líneas de Lucas, si atinamos a disipar la tupida niebla de un necio sentimentalismo, son terriblemente molestas. Molestísimas. Porque constituyen la condenación más despiadada de esta nuestra navidad, hinchada de retórica, atiborrada de una poesía vulgar y dulzarrona, llena de miriñaques multicolores y de conmociones baratas.

Tres líneas. Nosotros en cambio hemos ido añadiendo renglones y renglones hasta hacer una obra mastodóntica e interminable, cursi y ficticia. Después hemos volcado sobre ella toneladas de sentimentalismo, de folklore, de pacotilla variada y de mal gusto. Y así nos ha salido una navidad, que más que nada es un pretexto. Pretexto para dar rienda suelta a nuestra vena poética, más bien pobre; para bruñir un poquito el metal enmohecido de lo que llamamos nuestra religiosidad; para cepillar el polvo caído sobre nuestro uniforme de cristianos; para hacer alguna obra de caridad, sirviendo tal vez la comida a algún pobre… Y con ello quedamos convencidos de que somos unas personas colosales.

Pretexto para subir al escenario de la vida y representar una vez al año el papel del bueno. Porque hasta nos gastamos el lujo de creernos buenos. Una vez al año.

Francamente, hemos deshecho la navidad. Hemos saboteado la pura sencillez de esas tres líneas. Nuestra rica navidad se ha impuesto y ha empobrecido a la navidad verdadera.

El silencio. Elemento natural, condición indispensable para que la palabra baje a la tierra. Y nosotros hemos roto ese silencio que nos resultaba demasiado molesto, destapando ruidosamente millones de botellas.

Pero ¿es que Cristo baja del cielo para que nos demos el gustazo de sentirnos buenos? ¿O para que nos volvamos románticos ante el ruido de las panderetas y de las zambombas? ¿O para que sintamos la amarga alegría de ver cómo se desbarata la sencillez de su venida? ¿Para eso solamente?…

Nuestra “inútil” Navidad

Y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”. (Lc 2, 7)

Mas tarde dirá: “Llamad y se os abrirá”. Pero para su madre, que entonces le llevaba en su seno bendito, las puertas permanecen cerradas y los hombres dentro, apostados detrás de la fortaleza de su egoísmo, dispuestos a no ceder ni un solo palmo de terreno.

Para él no había sitio. Tiene que ir a nacer fuera de la ciudad. Fuera de la ciudad morirá también.

Interiormente nos sublevamos contra aquellos miserables que cierran las puertas a un Dios que viene a nacer entre nosotros.

Pero ¿no será una falsa indignación, un cómodo subterfugio?

Porque, seamos sinceros, nosotros en realidad nos portamos mucho peor. Claro que hemos adquirido un mayor nivel social y nos repugna el hecho de dejarlo abandonado fuera de la puerta. Somos gente educada. No como aquellos villanos…

No. No le dejamos fuera. Sospechamos el peligro, nos damos cuenta de su nada grata presencia, advertimos que nos va a molestar y que tal vez tendremos que defendernos de él. Por educación no le dejamos fuera. Pero con nuestros finos modales, valiéndonos de nuestros exquisitos conocimientos diplomáticos, llegaremos a conseguir que su presencia nos resulte «innocua».

Y así inutilizamos la navidad. Nuestra conducta es más detestable que la de aquellos que le dejaron a la puerta.

¿Por qué?

Cristo viene a traernos la luz

“El pueblo que andaba a oscuras vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierras de sombras brilló una luz”. (Is 9,1)

Pero nos dimos cuenta muy pronto de que la suya es una luz molesta, indiscreta, que se cuela por todos los rincones, que descubre nuestras miserias, nuestras limitaciones, nuestras mezquindades.

Es una luz que no se resigna a ser un puro adorno, sino que compromete, que exige cambios dolorosos en nuestra existencia.

Es una luz despiadada, fastidiosa, provocativa. Y nosotros, lejos de dejarnos «arrollar» por esta luz maravillosa, de rendirnos ante ella, decidimos hacerle competencia, oponiéndole nuestros pequeños y ridículos farolillos de color.

Y como señal de nuestro infantilismo, nos cubrimos los ojos con las manos, para defendernos de esa luz que llenó con su resplandor la cueva de Belén.

Manos pegadas a nuestros ojos; insignificantes farolillos de color: así es como conseguimos neutralizar la luz.

Cristo viene para llenarnos de alegría. El ángel lo anuncia a los pastores:

“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo”. (Lc 2,10)

Alegría, porque sabemos que hay un Dios que piensa en el hombre con amor, que baja hasta el hombre, que se acerca hasta el hombre, ¡que se hace hombre! Un Dios que se hace caminante para recorrer junto a nosotros nuestro mismo camino, compartiendo nuestras penas y miserias, nuestras lágrimas, angustias y esperanzas. Un Dios que viene a traernos la salvación. A todos. Un Dios que se nos revela como la misma misericordia.

Alegría, porque al hombre se le da una nueva posibilidad que podría parecer una locura. «Dios se ha hecho hombre para que el hombre pueda llegar a ser Dios». Pensándolo bien, habría para volverse locos. ¡Locos de alegría!

Pero no es así. Despreciamos la alegría, esa alegría. Cristo ha venido a traernos la felicidad, una felicidad que traspasa todos los horizontes terrenos. Y le consideramos como un intruso. Como un aguafiestas. Como un enemigo de la alegría. Como si viniera a robarnos la tierra o a envenenar esos codiciados manjares terrenos en los que hundimos a diario nuestros dientes y nuestras uñas.

¿La alegría? Que nos deje ir saboreando en paz nuestras ridículas alegrías humanas, plácidamente atrincherados en la lóbrega guarida de nuestro egoísmo…

Cristo nos trae sus dones. Mejor; no nos trae sus dones: ¡se hace don! El don por excelencia.

Y nosotros queremos fingir que no nos damos cuenta de tal don.

Pero es que además, estamos demasiado ocupados en acariciar con nuestras manos al ridículo paquete en que se ocultan nuestros dones, nuestros insignificantes regalos.

Así ahogamos el don bajo una montaña de papeles de color, de juguetes, de chucherías, de quincalla inútil… ¡de niñerías!

De esta manera la operación no falla y conseguimos «inutilizar» nuestra navidad. ¡Diplomáticamente!

Es necesario vivir la Navidad

Cueste lo que cueste, hemos de «vivir» la navidad. Pobres de nosotros si no lo hacemos. Nos jugamos nuestro propio destino.

Nuestra misión es convertirnos en luz. Que esa luz nos penetre íntimamente, nos transforme, nos haga tan lúcidos y transparentes que los hombres al mirarnos queden deslumbrados, sintiendo todo el encanto y el atractivo de esa luz sobrenatural.

Convertirnos en alegría

No querer ser duros, gruñones, severos y hasta odiosos guardianes de la verdad. Nuestra misión no es, ¡gracias a Dios!, ser carceleros o policías, sino testigos de la alegría cristiana. Que todo el mundo entienda que el mensaje de Cristo es un mensaje de salvación, no de condenación. Un mensaje de liberación, no de opresión. Un mensaje de alegría, no de tristeza.

Convertirnos en don

Es costumbre hacer regalos en navidad. Muchos regalos. Toneladas de papel pintado, kilómetros de hilo y de lazos dorados, tarjetones enormes que sirven de felicitación. Queremos así saldar nuestras deudas de gratitud con aquellas personas a quienes debemos algún favor. Pero esto es muy fácil, demasiado cómodo. A un cristiano se le exige mucho más. Tiene la obligación, no de hacer regalos, sino de convertirse él en regalo, de convertirse en don. Hacer de su vida una entrega sin reservas. Para todos. Porque todos los hombres son sus acreedores. Porque el cristiano ha de sentirse deudor para con todos sus semejantes.

Tengamos valor para examinar frecuentemente nuestra conducta de cristianos a la luz que proyectan esas tres maravillosas líneas de Lucas. De buscar la sencillez que ellas reflejan. De desmontar esta nuestra navidad mastodóntica y mecanizada. Para descubrir la auténtica navidad y enriquecernos así con su pobreza.

Tal vez la navidad, la navidad que hemos vivido hasta ahora, nos hable más de tristezas que de alegrías. Porque hemos destrozado su verdadero sentido.

Texto extraído del libro: Evangelios Molestos, de Alessandro Pronzato. Ed. Sígueme

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Desde inicios del 2017 se viene concretando un nuevo pacto militar entre Estados Unidos (EUA), México y los países de Centroamérica para incrementar la presencia del Comando Sur de EUA en la frontera de Guatemala y México, lo que significaría que por primera vez en la historia reciente haya operaciones oficiales del ejército de los Estados Unidos en territorio mexicano

Los mexicanos no deben perder de vista lo que está pasando en Honduras, donde se están violando derechos humanos básicos en el nombre de la “seguridad interior”.

El 12 de marzo de 2015 en una audiencia del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de Estados Unidos, William Gortney, almirante de la marina de guerra y alto comandante del comando norte de Estados Unidos, declaró que México gastó más de mil millones de dólares en equipamiento militar durante 2014 a través del programa de Ventas Militares Extranjeras de Estados Unidos (FMS por sus iniciales en inglés).

Este aumento en las ventas militares a través del programa FMS cumplió un papel clave en lo que Gortney denominó “un hito histórico en las relaciones de seguridad (de Estados Unidos) con México”.

Muchas de las compras de México a través de la FMS están destinadas a fortalecer los esfuerzos de interceptación de drogas. En mayo de 2014, Estados Unidos le vendió provisionalmente a México 2.000 Humvees (vehículo militar multipropósito), por un valor de US$245 millones, para ser utilizados en la lucha contra las organizaciones narcotraficantes, informó el Congreso Norteamericano sobre América Latina (NACLA por sus iniciales en inglés).

 
Lo anterior no son los datos de un contexto ajeno a la reciente “aprobación” de la Ley de Seguridad Interior en México que ha sido rechazada por diferentes organismos, como la ONU, y calificada de “inconstitucional” por el Consejo Nacional del Sistema Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, sumándose a las voces que sostienen que dicha ley es “un peligro para la efectiva tutela y garantía de los derechos humanos”. Tampoco es ajena la llamada Cumbre de Alto Nivel de hace unos meses en Miami que reunió a los líderes del Triángulo Norte de Centroamérica, México y Estados Unidos.

En una declaración en español firmada por más de 50 organizaciones y coaliciones de México, América Central y Estados Unidos, los grupos advierten que “todo sugiere que el punto central de esta Conferencia es hacer modificaciones sustanciales a la Alianza para la “Seguridad y la Prosperidad” para el Triángulo Norte Centroamericano, replanteándolo para promover una mayor inversión privada de Estados Unidos que intensifique el comercio de armas y equipos militares así como extender las Fuerzas Especiales del Comando Sur a Guatemala y en México.

Desde inicios del 2017 se viene concretando un nuevo pacto militar entre Estados Unidos (EUA), México y los países de Centroamérica para incrementar la presencia del Comando Sur de EUA en la frontera de Guatemala y México, lo que significaría que por primera vez en la historia reciente haya operaciones oficiales del ejército de los Estados Unidos en territorio mexicano. Hasta el momento hay muy poca información pública y oficial al respecto, sin embargo, la suma de algunos elementos nos permite concluir que se pretende una nueva ola en el histórico intervencionismo militar y económico de Estados Unidos en América Latina. Ante ello, como pueblos transfronterizos resistimos y nos oponemos rotundamente al despojo de nuestros territorios y nuestros cuerpos vía la ocupación militar, así mismo defendemos la vida, la dignidad y nuestra integridad: Misión Internacional de Observación de Derechos Humanos en la Frontera Guatemala – México

 
En el verano de 2014, América Central fue centro de atención en los Estados Unidos por primera vez desde las brutales guerras respaldadas por ese país en los años ochenta. Durante la llamada “crisis migratoria infantil”, miles de niños no acompañados llegaron buscando asilo en la frontera entre Estados Unidos y México, mientras las imágenes de madres y niños huyendo de la pobreza, pandillas y abuso doméstico llenaban los titulares . Por un momento, el público estadounidense se enfrentó al amargo e histórico legado del financiamiento del gobierno de su país, la capacitación y el armado de dictadores genocidas, el apoyo a oligarcas corruptos y la promoción de regímenes que aplicaran la desregulación económica y la privatización obsesiva causando devastadoras consecuencias en la región, incluidos los valores de eso que llamamos “democracia”.

Por lo anterior creemos que los mexicanos no deben perder de vista lo que está pasando en Honduras, donde su reciente proceso electoral está marcado por el fraude, por una hipocresía inconmensurable y donde en el nombre de la “seguridad interna”, ante el silencio de quienes tanto movían sus lenguas sobre la situación en Venezuela, se está violando con cinismo la dignidad humana y los valores de la democracia.

Entre Noticias

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El miedo se ha venido utilizando desde hace ya décadas en las elecciones mexicanas y sus fabricantes están ya manufacturándolo y difundiéndolo en sus diferentes formas y presentaciones de cara al 2018

“El miedo y la ira se han constituido como políticas de Estado y como instrumentos de control y dominación generando un pueblo atemorizado, indignado y fastidiado”.

El precandidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de México, José Antonio Meade Kuribreña, dijo este lunes que en la elección presidencial del 2018 los mexicanos decidirán entre “el precipicio o el progreso”.

El ex secretario de Hacienda se refirió a ese dilema entre “precipicio o progreso” en el contexto del acto en el que suscribió la plataforma político electoral 2018-2024 del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) afirmando igualmente que no se puede permitir “que las propuestas irresponsables, la fractura y la división sean pagadas por las próximas generaciones”.

Mead y su equipo están muy conscientes de que la política es un estado de ánimo a la hora de hacer proselitismo, y el miedo suele ser el principal sentimiento usado por los partidos políticos como ingrediente para buscar condicionar a su favor el voto.

Meade dijo ante dirigentes del PRI y del PVEM, así como de senadores y diputados de ambos partidos que lo más relevante debe ser garantizar el progreso de las familias y que “lo que éstas han ganado no se puede poner en riesgo”.

La nota periodística puede ser leída completa en el diario La Jornada

El miedo y la ira como estrategia en las campañas electorales

Andrés Valdez Zepeda

“Desde la antigüedad, la ira y el miedo se han usado como instrumentos de control,
dominación y movilización política por parte de las elites y grupos gobernantes.
Primero fue el miedo a la furia de los dioses y a la ira de la naturaleza y las
pestes por las destrucciones y cataclismos generados. Después, fue el miedo a
las guerras producidas por la disputa de los imperios por territorios y riquezas,
ante los efectos devastadores que las confrontaciones bélicas generaban.

En tiempos más modernos, bajo regímenes autoritarios y totalitarios, fue el miedo al comunismo, al militarismo y a los gobernantes tiranos, quienes se legitimaban en el poder por el uso de la fuerza y la instauración de una política del terror hacia sus opositores. Hoy día, bajo sistemas democráticos, es el miedo a la criminalidad y la violencia, a la debacle económica, a la pobreza, a los radicalismos y a terrorismo, entre otros.

De esta forma, el miedo y la ira se han constituido como políticas de Estado y como instrumentos de control y dominación generando un pueblo atemorizado, indignado y fastidiado. Ante un mundo con más violencia y criminalidad, aumenta más el miedo social y la ira de los ciudadanos ante la impotencia y la frustración.

La construcción y el ejercicio del poder político se sustentan, en parte, con base en la movilización de las emociones y sentimientos del ser humano. Ya no se apela a la razón, sino al sentimiento y la emoción de la gente. En esta estratagema, el miedo como verdugo de la creatividad y la libertad social, se ha instituido como un instrumento paradigmático de la política, usado por igual bajo regímenes tanto autoritarios y totalitarios como democráticos, ya que el miedo es un instrumento ejemplar de represión tanto en lo público como en lo individual”.

 
El miedo se ha venido utilizando desde hace ya décadas en las elecciones mexicanas y sus fabricantes están ya manufacturándolo y difundiéndolo en sus diferentes formas y presentaciones.

Texto de Sabina Berman sobre las manos limpiadoras de José Antonio Mead

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El caso más emblemático de adicción por las cámaras y los reflectores por parte de Aurelio Nuño, sucedió durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, cuando Nuño, cual político oportunista, pasó varias horas en las inmediaciones de las ruinas del Colegio Enrique Rébsamen, esperando el rescate de Frida Sofía, una niña que en realidad nunca existió.

“En diversos momentos el hoy ex secretario dejó entrever su desconocimiento de la realidad educativa mexicana y de conceptos pedagógicos básicos”

Rogelio Javier Alonso Ruiz

Aurelio Nuño estuvo al frente de la Secretaría de Educación Pública (SEP) desde el 27 de agosto de 2015 hasta el 6 de diciembre de 2017, cuando el Presidente de la República decidió aceptar su renuncia. Aunque su mandato apenas superó los dos años, durante este tiempo se presentaron acontecimientos significativos que pusieron al descubierto, entre otras cosas, su predilección por las cámaras y los reflectores, su ignorancia sobre temas pedagógicos y de organización escolar y su incapacidad para resolver situaciones problemáticas.

Desde el inicio de su gestión, se decía que su tarea principal sería la implementación de las políticas derivadas de la Reforma Educativa, sin embargo, sus acciones caracterizadas por la negación al diálogo y el desprecio de las críticas, hicieron que hasta la fecha esta reforma no sea del todo aceptada por amplios sectores del magisterio y de la sociedad en general.

En diversos momentos el hoy ex secretario dejó entrever su desconocimiento de la realidad educativa mexicana y de conceptos pedagógicos básicos, como quedó demostrado en la presentación del Nuevo Modelo Educativo, documento que él mismo se atrevió a calificar como la piedra angular de una auténtica revolución educativa. Lo que Nuño dijo sobre el documento Aprendizajes clave para la educación integral. Plan y programas de estudio para la educación básica sacó a relucir su profundo desconocimiento sobre nociones pedagógicas elementales: calificó como innovadoras ideas tales como la evaluación formativa, el aprendizaje significativo, las habilidades para aprender a aprender o el aprendizaje como interacción social, conceptos todos que ya se encontraban presentes entre el magisterio incluso desde hace algunas décadas. El documento recibió severas críticas por parte de expertos en materia, quienes advirtieron, entre otras cosas, que los principios pedagógicos y el perfil de egreso de los diferentes niveles educativos eran prácticamente los mismos que los ya existentes, por lo que la revolución educativa que planteaba Nuño era una mera ilusión sin fundamentos. En suma, la supuesta innovación de los postulados del documento presentado sólo existió en la mente del entonces secretario.

Otro hecho que puso de manifiesto la ignorancia del secretario en torno al funcionamiento de las escuelas sucedió a finales de 2016, cuando a través del comunicado 493 estableció las intenciones por practicar una estrategia de reconcentración de las escuelas más dispersas, con menos alumnado y en poblaciones más pequeñas del país. Si bien esta iniciativa, que fue llevada a pilotaje en algunas entidades, tenía evidentes justificaciones económicas, recibió objeciones considerando argumentos que quizá el entonces secretario no contempló, o no conocía, sobre la dinámica escolar: propiciaba el desarraigo de la escuela con la comunidad de procedencia del alumno, impedía la interacción del centro escolar con los padres de familia y dificultaba la asistencia a clases de las niños provenientes de los estratos sociales más desfavorecidos, entre otros. Quizá por desconocimiento o quizá por ignorancia, se antepusieron los intereses administrativos a los académicos y escolares. La reconcentración de escuelas en contextos urbanos también ha ido tomando fuerza, dejando pasar así una oportunidad valiosa para, aprovechando la disminución de la población infantil, formar grupos escolares con menos integrantes y más propicios para un trabajo adecuado.

La gestión de Aurelio Nuño al frente de la SEP también quedará marcada por el desmantelamiento de una de las instituciones más importantes y de mayor tradición de la educación mexicana: la Escuela Normal. Durante su mandato, se dio continuidad a un proceso de reducción de la matrícula normalista, que ha llevado a perder más de una cuarta parte (28.6%) del alumnado de 2012 a 2016, fenómeno totalmente desproporcionado a las tasas de disminución de la población infantil y juvenil del país. Los golpes al normalismo se han concretado en el Nuevo Modelo Educativo, anunciado por Nuño, en el cual la SEP determina que las opciones para laborar en el magisterio se abren no sólo a los egresados de carreras normalistas, sino también universitarias. Esto pone en una clara desventaja a las Escuelas Normales, pues sus egresados tienen un campo laboral más limitado que los de las universidades. Así pues, es lógico que las carreras normalistas poco a poco dejarán de ser atractivas para los jóvenes mexicanos, representando esto una posible extinción de las instituciones formadoras de maestros más importantes del país.

En el ámbito político, el tiempo que Aurelio Nuño estuvo en la SEP puso de manifiesto su incapacidad para mediar y resolver situaciones de conflicto. La cerrazón para mantener el diálogo con voces disidentes propició que los conflictos se agudizaran, sobre todo aquellos relacionados con la implementación de las políticas derivadas de la Reforma Educativa. Tal fue su desprecio por las ideas de los opositores que únicamente accedió al diálogo condicionando, desde un inicio, las conclusiones del mismo: “si el diálogo es (…) para querer hacer un debate sobre la reforma, es un diálogo que no tiene sentido. Nosotros abiertos al diálogo, pero a un diálogo sobre cómo implementar la Reforma Educativa”, dijo el ahora exsecretario en octubre de 2015. Estas palabras dejan entrever una naturaleza terriblemente antidemocrática y hasta infantil: acceder a debatir ideas poniendo como condición el triunfo de las propias.

Así pues, los conflictos magisteriales, lejos de disminuir, se agudizaron con la presencia de Aurelio Nuño y sus actitudes arrogantes y soberbias. Las protestas magisteriales fueron escalando y encontraron su punto crítico en el enfrentamiento en Nochixtlán, Oaxaca, en junio de 2016, donde el operativo por parte de la Policía Federal dejó como saldo al menos seis muertos y un centenar de heridos entre los padres y maestros que protestaban contra la Reforma Educativa. Aunque de manera indirecta, se puede decir que la incapacidad de Nuño Mayer para negociar y quitar presión a los conflictos sociales llevó a que las diferencias se dirimieran con balas y vidas humanas de por medio.

En su paso por la Secretaría de Educación, Nuño Máyer demostró también su predilección por los reflectores, las cámaras y la simulación en los medios de comunicación. Una de las “producciones televisivas” más importantes del ex secretario fue el enaltecimiento de un profesor oaxaqueño, quien en mayo de 2016 dio clases en plena calle (con cámaras de por medio, desde luego) cuando sus compañeros disidentes habían cerrado su escuela protestando por la implementación de la Reforma Educativa. El docente recibió la llamada de Aurelio Nuño, quien incluso le transmitió las felicitaciones por parte del Presidente de la República. La noticia se propagó en diversos medios, al grado de ocupar la primera plana de algunos periódicos de circulación nacional. Meses después, se supo que el maestro encumbrado había pasado cerca de 15 años fuera de las aulas por problemas de alcoholismo y ni siquiera tenía la carrera terminada, mucho menos cédula profesional. Parece que el casting de aquella producción no fue tan cuidadoso.

El caso más emblemático de adicción por las cámaras y los reflectores sucedió durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, cuando Nuño, cual político oportunista, pasó varias horas en las inmediaciones de las ruinas del Colegio Enrique Rébsamen, esperando el rescate de Frida Sofía, una niña que en realidad nunca existió. Las cámaras y los reporteros (de Televisa, sobre todo) estaban listos, la nota (o spot, como quiera verse) sería perfecta, pero nunca logró realizarse: el Secretario de Educación, saliendo de entre los escombros con la pequeña estudiante entre los brazos, simbolizando, quizá, la gesta heroica de Nuño en favor de la educación, la niñez y la juventud mexicana. Al saberse la inexistencia de la niña, el entonces secretario se retiró silenciosa y cobardemente, dejando a los rescatistas la responsabilidad de explicar lo sucedido y asumir la responsabilidad por la “confusión”.

Desafortunadamente para la educación mexicana, el paso de Aurelio Nuño por la Secretaría de Educación fue infructuoso y hasta dañino. No hay logros importantes en su gestión y, si los hay, seguramente ya fueron cacareados debidamente en spots oficiales. Aunque fue poco el tiempo en el cargo, no se observaron cambios significativos en el ámbito educativo, mucho menos voluntad para realizarlos. El puesto, pareciera, fue utilizado entre otras cosas para promocionarse en aras de metas políticas personales. Su desempeño fue el típico de un funcionario de escritorio, distante de la realidad educativa cotidiana. Su incapacidad para escuchar críticas y propiciar puntos de acuerdo con las voces opuestas ha generado que el emblema de la obra educativa de este gobierno, la Reforma Educativa, sea ampliamente rechazada por buena parte del magisterio y del pueblo en general.

Así pues, la salida de Aurelio Nuño y el recuento de su gestión, hacen evidente la necesidad de que el cargo sea ocupado por alguien que conozca el sistema educativo no sólo visto desde arriba, desde la óptica gubernamental, sino también desde sus entrañas, desde lo cotidiano en las escuelas; alguien que reconozca en los hechos, y no sólo en los discursos, la labor de sus principales aliados: los maestros; alguien que se haya paseado por los pasillos de una escuela pública y no necesariamente acompañado de cámaras y micrófonos.

*Rogelio Javier Alonso Ruiz. Docente colimense de Educación Primaria (Esc. Prim. Distribuidores Nissan No. 61 T.V.) y de Educación Superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía.

Twitter: @proferoger85

Recomendamos mucho el blog del autor de este texto: http://proferogelio.blogspot.mx/

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La Declaración Balfour: las 67 palabras que hace 100 años cambiaron la historia de Medio Oriente y dieron pie a la creación del Estado de Israel.

Imposible entender el Medio Oriente actual sin la comprensión de los efectos de la Declaración Balfour emitida el 2 de noviembre de 1917

Arthur James Balfour, secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, emitió hoy hace cien años una carta para el dirigente de la comunidad judía local, el barón Lionel Walter Rothschild, en donde se le hizo saber que el gobierno británico apoyaba la creación de un “hogar nacional judío” en lo que entonces era Palestina, bajo mandato británico tras haber finalizado la Primera Guerra Mundial. Mandato británico que se concretó gracias al acuerdo Sykes-Picot, que fue un pacto secreto entre Gran Bretaña y Francia, con el consentimiento de la Rusia aún pre-soviética, para el reparto de las posesiones del Imperio Otomano en Medio Oriente tras la Primera Guerra Mundial. Ratificado en mayo de 1916, el acuerdo estipulaba que —pese a las promesas realizadas a los árabes a cambio de su levantamiento contra los turcos— Siria, Irak, Líbano y Palestina se dividirían en áreas administradas por británicos y franceses.

Ver Entre Noticias: Sykes-Picot: la raíz del engaño y la barbarie en Medio Oriente

No es comprensible la situación actual en Siria, Palestina, Irak y el resto de países de Oriente Medio, cuna de la civilización humana, sin entender la intervención de las potencias occidentales en la región tras el fin de la Primera Guerra Mundial”, siendo ese el contexto de lo que mundialmente se conoce como la “Declaración Balfour” de 1917, por la que “una nación prometía a otra nación el territorio de una tercera nación”, donde los nativos representaban más del 90% de la población (60,000 judíos y poco más de 600,000 árabes). El documento no tenía poder legal por sí mismo, pero se erigió en columna vertebral de las políticas británicas en el mandato de de los británicos en Palestina.

“Un documento hecho por una potencia europea acerca de un territorio no europeo basado en un desprecio total hacia la presencia y los deseos de la mayoría nativa residente en ese territorio” Edward Said

 
Según ha escrito sobre el tema Ilan Pappé, en 1917 los palestinos habitaban casi exclusivamente su tierra natal y poseían la mayor parte de sus tierras. Sólo con la ayuda de las bayonetas británicas podría el proyecto colonial del sionismo sobrevivir en sus primeras etapas de las revueltas palestinas de 1920, 1921, 1929 y, en particular, de 1936.

El ejército británico empleó una inmensa fuerza, asegura Pappé, que incluía la Real Fuerza Aérea, para sofocar el levantamiento palestino de 1936, que duró tres años y terminó con la eliminación británica en la dirección nacional palestina, tanto por los asesinatos como por el exilio.

Este fue el principal legado del proyecto Balfour: no tanto por la consagración de su texto sino por la política que siguió y que condujo finalmente a la catástrofe de 1948.

Había funcionarios británicos en su país y en el terreno que tenían dudas y reparos acerca de la alianza con el sionismo. Tenían algo que decir cuando el Gobierno británico envió una Comisión Real de investigación para estudiar los orígenes de la revuelta de 1936.

La comisión esperaba poder rectificar algunas de las injusticias sugiriendo la partición entre los colonos y la población nativa.

La dirección sionista instó a los británicos a transferir a los palestinos de cualquier área que fuera concedida a los colonos sionistas, pero esto era algo que Londres se negó a hacer.

Sin embargo, al legitimar la partición de Palestina como una “solución” con el aval internacional, Gran Bretaña asoció claramente esta resolución geográfica con el proyecto básico de cualquier movimiento colonial, que tan brillantemente definiera el fallecido Patrick Wolfe como “la lógica de la eliminación del nativo”.

 
Cien años después, el actual Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Boris Johnson, ha dicho estar “orgulloso” de la carta de Balfour en 1917.

Estoy orgulloso de la participación de Gran Bretaña en la creación de Israel“, escribió el domingo el actual secretario de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, en el periódico Telegraph, agregando que el documento era “indispensable para la creación de una gran nación“.

El texto de la Declaración Balfour, en su versión castellana, fue el siguiente:

“2 de noviembre de 1917.

Estimado lord Rothschild:

Tengo el placer de dirigirle, en nombre del gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al gabinete y aprobada por él.
El gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, ni los derechos y el estatus político del cual gocen los judíos en cualquier otro país.
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,

Arthur James Balfour

 
El documento, celebrado por la comunidad judía de entonces, generó obvia preocupación entre las autoridades árabes, quienes se sintieron traicionados por la Corona Británica,que les había ofrecido su independencia a cambio de apoyarles en la guerra. Alemanes antisemitas comenzaron más tarde a ver con recelo a la población judía de su país, a quienes culpaban de haber apoyado a Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial para obtener su apoyo más adelante con la Declaración Balfour. Cinco años después de hacerse pública, en 1922 y con el conflicto bélico concluido, el Congreso de los Estados Unidos daría un fuerte apoyo a la carta firmada por el entonces ministro Balfour de la Gran Bretaña.

Todos los opresores tienen que mentir sobre la realidad, sobre sus intenciones y sus hechos. No pueden ir con la verdad por delante. Uno de los lemas sionistas más importantes y de mayores consecuencias fue aquel de ““una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra””, completado por la famosa frase de Golda Meir en la que negó la existencia de los palestinos.

 

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El ISIS eligió a Messi como blanco simbólico de su campaña de terrorismo. Pero se apunta a Rusia y lo que representó su intervención en Siria, donde el califato islámico se desbanda.

“Apuntar a Messi es apuntar al corazón del evento donde se pretende desparramar el terror. Y de paso, hacerse propaganda gratuita”. Gustavo Veiga

Por Gustavo Veiga

Una imagen recorre el mundo y cumple el efecto buscado. Sacude a todo el que la vea. En ella aparece Lionel Messi con una lágrima de sangre que cae desde su ojo izquierdo. Está vestido como un presidiario tras las rejas. La difundió la WAFA Media Foundation, uno de los órganos de prensa donde el ISIS publicita sus actos terroristas o de amedrentamiento global. Es evidente que el fútbol paga. Y la figura del mejor jugador del mundo también. No está ahí Cristiano Ronaldo, que acaba de recibir el premio al más sobresaliente del año concedido por la FIFA. Tampoco Vladimir Putin, el presidente ruso que con su aviación contribuyó a ganar la guerra en Siria contra el grupo islámico. Quizás no merecía el afiche amenazante Gianni Infantino, porque no tiene un cuarto de la fama que sí posee el astro del Barcelona. Apuntar a Messi es apuntar al corazón del evento donde se pretende desparramar el terror. Y de paso, hacerse propaganda gratuita.

El próximo Mundial queda a siete meses y pico de distancia. Rusia tiene motivos para preocuparse porque ya sufrió ataques en el pasado no tan lejano. El metro de San Petersburgo –una de las sedes del torneo– soportó un atentado el 3 de abril. Su saldo: 15 personas muertas. El 19 de agosto varias más fueron apuñaladas en Surgut, una ciudad de Siberia donde no habrá partidos del Mundial. Porque la única sede rusa del torneo en Asia es Ekaterimburgo. El ISIS no preselecciona sedes para detonar bombas de metralla. Las explota donde encuentra un resquicio en la seguridad, entre multitudes y si tiene un integrante dispuesto a hacerlo. Aún sin una orden centralizada. O sea, un fanático suelto.

Tiene mucha razón Josep Vives, el vocero del club catalán donde juega el argentino cuando afirma: “Han buscado una imagen icónica, porque Leo Messi es el fútbol mundial. Vivimos con esta amenaza desde hace mucho tiempo. Estamos prevenidos, pero hacemos un llamamiento a la prudencia, calma y serenidad”. Aun así, la campaña amedrentadora del grupo terrorista no puede tomarse a la ligera. El 13 de noviembre de 2015 jugaban un partido amistoso Francia y Alemania en París. Tres bombas detonaron en las inmediaciones del estadio de Saint Denis. El entonces presidente francés, Francoise Hollande se encontraba ahí. En Rusia buscarán impedir una escena parecida que dejó un saldo de 130 muertos en la ciudad luz.

El ISIS eligió a Messi como blanco simbólico de su campaña de terrorismo. Pero se apunta a Rusia y lo que representó su intervención en Siria, donde el califato islámico se desbanda. De su retirada surge, de modo paradojal, la principal amenaza. Que la dispersión de sus combatientes los vuelva imperceptibles en cualquier otro lugar del planeta. Sobre todo si se está ante la inminencia de un evento masivo como el Mundial de fútbol.

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Jeremy Corbyn, Bernie Sanders y Podemos en España han demostrado que puede tener éxito una estrategia audaz y decente. Esta verdad debe empoderar a la izquierda. En todo el mundo, la izquierda tiene el imperativo moral de ganar. Hay mucho en juego y queda muy poco tiempo como para conformarnos con menos.

“Tenemos la obligación de imaginar un mundo mejor” Naomi Klein

Naomi Klein /eldiario.es

Vivimos tiempos aterradores. Desde jefes de Estado que tuitean amenazas nucleares, a regiones enteras arrasadas por desastres naturales, pasando por miles de migrantes que se ahogan en las costas de Europa y por partidos abiertamente racistas que avanzan electoralmente: pareciera que hay muchas razones para ser pesimistas sobre nuestro futuro.

Por poner un ejemplo, el Caribe y el sur de Estados Unidos se encuentran en medio de una temporada de huracanes sin precedentes y son golpeados por tormenta tras tormenta. Puerto Rico –arrasado por Irma y luego por María– no tiene electricidad y la situación podría extenderse durante meses. Además, sus sistemas de agua corriente y de comunicación se han visto muy afectados. Sin embargo, igual que sucedió tras el huracán Katrina, el gobierno brilla por su ausencia. Donald Trump está demasiado ocupado intentando que echen a los atletas que se atreven a hacer visible la violencia racial. Todavía no se ha anunciado ningún paquete de ayudas federales a Puerto Rico. Y los buitres ya sobrevuelan la isla: la prensa sugiere que la única forma que tiene Puerto Rico de volver a tener electricidad es vendiendo las empresas de servicio eléctrico.

Éste es el fenómeno que yo llamo Doctrina del Shock: el aprovechamiento de crisis desgarradoras para introducir políticas que destruyen los recursos públicos y enriquecen aún más a una pequeña élite. Hemos visto este círculo repetirse una y otra vez: después de la crisis financiera del 2008 y ahora en el Reino Unido, donde los conservadores planean aprovechar el Brexit para lograr que se aprueben desastrosos acuerdos corporativos sin debate alguno.

Vivimos en una época en la que es imposible separar una crisis de las otras. Todas son parte de un mismo proceso en el que se refuerzan y se profundizan, igual que una bestia de muchas cabezas que se arrastra por el suelo. Podríamos pensar de la misma manera sobre el actual presidente de Estados Unidos. Es difícil definirlo con pocas palabras. ¿Habéis visto esa cosa horrible que está tapando las cloacas de Londres, el llamado “fatberg”? Trump es el equivalente político de eso. Una mezcla de todo lo que es nocivo en la cultura, la economía y la política, todo junto en una masa auto-adhesiva. Y ahora nos damos cuenta de que es muy difícil deshacernos de ella.

Sin embargo, los momentos de crisis no tiene por qué seguir siempre el camino de la Doctrina del Shock: no tienen por qué convertirse en oportunidades para que los más ricos acumulen aún más. También pueden ser momentos en los que encontremos lo mejor de nosotros mismos.

Ver artículo completo en eldiario.es

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Obviamente el señor Gingrich trataba de lanzarle un halago al presidente, pero la comparación no precisamente exalta positivamente la figura del actual inquilino de la Casa Blanca.

Por lo que tal vez más se le conoce a Andrew Jackson, es por haber maquinado uno de los peores genocidios en la historia.

Durante una entrevista con CBS en el programa This Morning, el ex presidente de la Cámara de Representantes y quien fuera candidato a la nominación presidencial del Partido Republicano, Newt Gingrich, se refirió al presidente Trump como una figura “notable” e “histórica” ​​comparándolo con el séptimo presidente de Estados Unidos, Andrew Jackson.

“Creo que Trump es una figura notable”, dijo Gingrich. “Creo que es una figura histórica, sin duda es el agente de cambio más grande desde Andrew Jackson en las décadas de 1820 y 1830”.

Obviamente el señor Gingrich trataba de lanzarle un halago a Trump, pero la comparación es de hecho lamentable para quienes le ven cualidades transformadoras al inquilino de la Casa Blanca, pero resulta que el séptimo presidente de Estados Unidos es notable, entro otros asuntos, no precisamente por inmaculadas razones, sino por una serie hechos que historiadores independientes califican de inhumanas: Jackson era un propietario de esclavos que ofrecía recompensas a cualquiera que diera golpizas crueles a los esclavos que cometieran “el pecado” de tratar de escapar de su condición de esclavos. En el momento de su muerte, Jackson poseía aproximadamente 150 esclavos , aunque se ha estimado que, a lo largo de su vida, llegó a tener más de 300.

Recomendamos leer el artículo publicado en la revista The Nation sobre “Las siete cosas en las que Trump está completamente equivocado sobre Andrew Jackson”.

 
Por lo que tal vez más se le conoce de hecho a Jackson, publica el portal Think Progress, es quizás por haber manufacturado uno de los peores genocidios en la historia de Estados Unidos. Defensor durante muy largo tiempo de la eliminación de las tribus nativas que ocupaban lo que Jackson consideraba una tierra muy valiosa para los colonos blancos. Jackson firmó lo que se conoce como Indian Removal Act in 1830, obligando eventualmente a cerca de 50,000 a dejar sus tierras e irse hacia el Oeste.

En el invierno de 1838 solamente , unos 4.000 americanos nativos murieron a lo largo del Trail of Tears (Sendero de las Lágrimas)

De alguna manera, publica Think Progress, la comparación entre Trump y Jackson resulta desafortunadamente adecuada. Desde su Ceremonia de Inauguración en enero, Trump se ha centrado en en la eliminación de cierto tipo de personas de los Estados Unidos, incluidos los inmigrantes indocumentados y sus hijos, prohibiendo viajeros e inmigrantes de varias naciones de mayoría musulmana. Sus puntos de vista antagónicos hacia los movimientos de justicia social, destinados a llamar la atención sobre las muertes de poblaciones minoritarias, como Black Lives Matter, también han provocado críticas. Y como señaló Josh Israel de Think Progress en marzo, “Jackson, al igual que Trump, prefirió ignorar las cortes federales en lugar de hacer cumplir la protección constitucional para todas las personas”.


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