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Las preguntas de fondo surgen en este punto: ¿cuál es el legado del gobierno de Barack Obama quien deja el gobierno el 20 de enero de 2017?

En diciembre son comunes los recuentos, los resúmenes, las síntesis del año que se termina. El 2016 ha sido un año particularmente convulsionado en la arena política de Estados Unidos. Este escenario, con cambio de partido gobernante incluido, exige realizar un examen a la administración que se va. Un rito funerario a Barack Obama.

El cuadragésimo cuarto inquilino de la Casa Blanca deja la presidencia en manos de un empresario que lo acusó durante años de no ser estadounidense. Donald Trump representa, de alguna manera, una antítesis de Obama: millonario, estrella de televisión, sin cargo político previo, de origen noreuropeo. La misma nación que votó por el primer mandatario afrodescendiente ahora elige a un nuevo líder con cuestionables nexos con grupos de supremacía caucásica.

En una reciente entrevista con la National Public Radio, Obama apuntó a Hillary Clinton y al Partido Demócrata como responsables parciales de este giro radical en el electorado. Para el presidente saliente, su ex secretaria de Estado y oficiales del partido no supieron comunicarse con el electorado rural, que fueron los que se inclinaron por Trump en sendos márgenes. Obama indica que los medios de comunicación también tuvieron un rol decisivo en focalizar su atención en temas controversiales (los correos electrónicos de Clinton, por ejemplo) en vez de los temas promovidos por el programa del Partido Demócrata, que según el presidente cuentan con la venia popular.

Las preguntas de fondo surgen en este punto: ¿cuál es el legado del gobierno de Barack Obama? ¿Cuáles son sus políticas que cuentan con tal grado de aceptación popular, que pudieron ser eficientemente defendidas y promovidas por la candidata oficialista, Hillary Clinton? Al subrayar las deficiencias de Clinton como candidata, Obama omite sus propios flagelos como cabeza de una coalición gobernante que perdió el poder Ejecutivo, ambas cámaras del Congreso, y también la Corte Suprema, si consideramos que el miembro que falta será nombrado por Donald Trump y los republicanos con su mayoría parlamentaria.

La reforma a la salud ha sido mencionada como la piedra angular de su legado. El Affordable Care Act, ley referida de manera informal como “Obamacare”, tiene detractores en ambos lados del espectro político. Por un lado, ha sido incapaz de bajar los costos de los planes de salud (los más altos del mundo). Además, la penalización para personas que no se adhieran al sistema es un aspecto impopular de la legislación. Los republicanos abogan por eliminar la reforma, mientras que el ex candidato independiente Bernie Sanders proponía un sistema de pago único, que garantiza cobertura de salud universal, mientras mantiene la prestación de servicios de salud en manos de privados.
Si bien la reforma ha permitido ampliar la cobertura y eliminar la discriminación basada en patologías preexistentes, Obamacare se balancea entre los intereses de los pacientes, de las aseguradoras, de las empresas farmacológicas y de los prestadores de servicios de salud, no dejando a nadie fehacientemente satisfecho.

Esta indefinición ideológica está en la esencia de la administración de Obama. Acusando obstrucción parlamentaria a sus propuestas, el presidente ha preferido el camino medio, el de los acuerdos mínimos.

En el tema de inmigración, argumentando la falta de colaboración de congresistas republicanos, Obama esperó hasta el final de su primer mandato para usar una orden ejecutiva para el DACA, o “Dream Act” que protege temporalmente a jóvenes estudiantes extranjeros. También esperó hasta el ocaso de su segundo mandato para el DAPA, que favorece a los padres extranjeros de ciudadanos estadounidenses, que terminó siendo impugnado por las cortes. En tanto, se mantuvo el trabajo del desafiante programa “Comunidades Seguras” y se deportaron más de dos millones de inmigrantes indocumentados, la mayoría de ellos sin antecedentes criminales. La crisis de migrantes menores de edad desde Honduras, El Salvador y Guatemala se unió a la deplorable condición de las personas en centros de detención que esperan meses por una audiencia, muchas veces sin asesoría legal.

En política exterior, el presidente prometió un giro de ciento ochenta grados con respecto a su antecesor, George W. Bush. Sin embargo, Obama no cerró Guantánamo, involucró a Estados Unidos en la política interna de Siria apoyando a controversiales grupos rebeldes (con resultados nefastos) y tuvo que hacer frente al ascenso del Estado Islámico. Estos factores terminaron por corroer las novedades de su política exterior (renovación de relaciones con Cuba, por ejemplo) y centrando el debate en el contra-terrorismo, solidificando la estampa impuesta por Bush.

En materia económica, los estadounidenses han sido reacios en admitir los datos macroeconómicos del gobierno de Obama (crecimiento lento pero constante). Al contrario, desde la izquierda y la derecha hay descontento con el estado de la economía. Quienes apoyaron a Sanders piden un sueldo mínimo de 15 dólares por hora y los que apoyaron a Trump fustigan los tratados de libre comercio por “exportar” puestos de trabajo a países extranjeros. Hillary Clinton promovió en un principio el Tratado Trans-Pacífico (TPP), pero después se manifestó contraria a la expansión de los tratados de comercio. Mientras los feligreses demócratas subrayan que Obama tomó al país al borde del colapso económico y logró repuntar, sus detractores apuntan al salvamento de banqueros y de la industria automotriz.

La carencia de una utopía, de un marco ideológico definido que guíe las políticas públicas promovidas por el gobierno de Obama provocaron incertidumbre en el Partido Demócrata y una generalizada desconfianza del electorado en la élite gobernante. La ascención de Sanders, y últimamente de la senadora Warren, como líderes recientes del ala progresista del congreso se enmarcan justamente en la erosión de los liderazgos de la cúpula demócrata. Hillary y Bill Clinton, Harry Reid, Debbie Wasserman Schultz, Nancy Pelosi, el mismo Barack Obama, han sufrido el rechazo popular por su incapacidad de encausar al oficialismo en las reformas sustanciales que el electorado viene pidiendo desde los comicios del 2008. El “Change” (cambio) que fue el lema de la primera campaña presidencial de Obama nunca llegó. No es sorpresivo entender, en ese contexto, la fortaleza del populismo nacionalista impulsado por Donald Trump.

En las numerosas entrevistas que el presidente saliente ha otorgado, existe una evidente falta de reflexión con respecto a sus propias falencias como gobernante, lo cual es un ejercicio imperativo para convertirse en uno de los líderes que una fuerza política opositora requiere. El juicio histórico puede ir por dos caminos: culpar al congreso por su intransigencia con la administración de Obama, o bien culpar al mandatario por responder con tibieza en un momento que la nación pedía un radicalismo alejado de las conversaciones de pasillo de Washington D.C. (justamente lo que Trump promete). De todas formas, lo que es evidente es que Obama no tiene un legado con la profundidad del ofrecido por L. Johnson o el carácter y la convicción de F. D. Roosevelt (ambos, sin dudas, con sus luces y desaciertos). Obama seguramente pasará a los textos de historia como un símil de J. Carter: un hombre de buenas intenciones, que fue reemplazado por una estrella mediática que promete desmantelar el status quo, que dice aborrecer a la clase política, que puede llegar a barrer con muchos de los progresos sociales alcanzados en las últimas décadas.

Por Hugo Espinoza / Entre Noticias

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ana

Lo ocurrido a la senadora Ana Gabriela Guevara el domingo pasado en la carretera México-Toluca, es uno más de tantos casos sintomáticos del estado de anomia crónica que vive la sociedad mexicana. Una grave situación en la que las personas no se reconocen, no se aman, sino que se repelen y en la que no se ha interiorizado en definitiva la necesidad de la ley, de valores, normas y modos de convivencia dignos del ser humano.

Tiene razón el periodista Jenaro Villamil al señalar indignado las reacciones de muchos usuarios de las redes sociales ante la brutal golpiza contra la exatleta mexicana.

La falta de empatía que inunda el estado de ánimo social de las redes con mucha frecuencia volvió a aparecer de forma escabrosa. Aquí tan sólo algunos ejemplos, muchos de ellos redactados por mujeres:

“Como es senadora, entonces sí van a mover todas las dependencias para agarrar a los agresores”…

“Te auxiliaron porque eres figura pública. Pero hay miles que viven lo mismo y no se hace nada”…

“Hay miles de mujeres violadas a diario y ellas no están chillando”.

“NO cabe duda que cuando quieren hacer pinche teatro lo hacen para distraer al pueblo”…

“Que chinguen a su madre ella, el Senado de la República y el América”.

“No me alegra, pero así como le dolió a ella nos ha dolido a muchas”.

 

La severa crisis de violencia que atraviesa el territorio mexicano ha alcanzado prácticamente a todos los niveles de la sociedad, sin embargo son aquellos que se encuentran en los estratos más vulnerables los que la padecen de una manera más directa y cruda, teniéndose que enfrentar a un sistema que empantanado en burocracia y corrupción hacen el proceso de denuncia un camino tortuoso para las víctimas y sus familiares, por lo cual muchos de los afectados terminan por abandonar su búsqueda de justicia en los mejores casos, teniendo en otros que enfrentarse incluso a la intimidación y persecución por parte no sólo de los victimarios, sino de los mismos funcionarios que en muchas ocasiones son no sólo encubridores de las violaciones a los derechos humanos sino plenos partícipes y cómplices de los delitos, por lo cual se lleva a la sociedad a un grado de tensión y desencanto con las “autoridades”, haciendo ver su descontento en casos como el ocurrido con Guevara, quien en su carácter de funcionaria y figura pública recibe atención pronta y ejemplar, a diferencia de los miles de casos ocurridos día con día dentro del país, mismos que son archivados, encarpetados y nunca alcanzan una resolución favorable para las víctimas que impotentemente observan cómo todo “el peso de la ley” se utiliza sólo en casos mediáticamente destacados.

En las últimas horas la exatleta y senadora Ana Guevara ha compartido a través de diversos medios un breve video que da testimonio de la discusión que ambas sostuvieron con sus atacantes. Karina Rincón, la amiga de Guevara que viajaba con ella el domingo pasado cuando fueron golpeadas en la autopista México-Toluca fue quien grabó el material.

“¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Te estoy grabando”, le dice la mujer a dos de los sujetos, quienes viajan en un vehículo y que supuestamente golpearon sus motocicletas con éste en el acotamiento en la autopista México-Toluca.

 

En una parte de la discusión, un hombre le dice a las mujeres: “te voy a romper tu puta madre”. A lo que Karina, la acompañante de Guevara, le responde: “tú estás chavito, no te metas, tu papá está mal”.

Recalca la senadora por el PT y ex atleta olímpica que lo sucedido el domingo fue “una agresión de género” por ser motociclista, sin embargo más allá de la grave crisis de seguridad que atraviesa el género femenino, la poca empatía con los semejantes es un mal que aqueja sin distinción de sexo ni edad, que afecta gravemente el tejido social e invisibiliza el verdadero problema: la corrupción gubernamental.

El quebranto del tejido social que se vive dentro del territorio mexicano obedece también a las políticas impuestas desde las altas esferas legislativas, mismas que enfatizan las diferencias y no atacan la raíz del problema. Muchas son las quejas entre los habitantes de la ciudad de México que señalan por ejemplo, la práctica de dividir a los usuarios por sexos dentro del transporte público como una aceptación tácita por parte de las autoridades de su incompetencia y poca eficacia para fomentar la sana convivencia entre ambos géneros e incentivar el respeto mutuo, y a su vez, imposibilitan y minimizan los demás aspectos a los que se enfrenta la sociedad mexicana y que ha costado la vida de mujeres, hombres, niños y niñas, en una ola de violencia y sangre que sólo es reflejo de la indiferencia gubernamental ante los reclamos de una nación presa del hartazgo e impotencia al no ser escuchada.

Es condenable lo ocurrido a la senadora Guevara y sin embargo es sólo la punta del iceberg de una grave crisis y se debe tomar como un punto de partida para buscar sin distinción de sexo, edad ni condición social, la unión entre los individuos para promover el crecimiento como sociedad y lograr un verdadero contrapeso ante la descomposición de las instituciones que debieran dirigir a la misma a su sano desarrollo.

 

“Si no luchamos juntos, nos matarán por separado.”

Ernesto Guevara de la Serna

 

 

Redacción/Entre Noticias

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“la juventud actual es la primera generación desde la posguerra que va sufrir una inmovilidad [económica y social] mayor que la de sus progenitores (…) una generación con cero oportunidades, cero futuro y cero expectativas”.

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Para Giroux, el castigo y el miedo han reemplazado a la compasión y la responsabilidad social

“Tras la teoría política de Hanna Arendt, una nube oscura de ignorancia política y ética ha descendido sobre los Estados Unidos. Una especie de infantilismo político ahora da forma a la vida cotidiana de los adultos, a la par que los niños son despojados de su inocencia”.
Con estas palabras, el teórico social Henry A. Giroux inició un discurso, el pasado 14 de octubre de 2015, sobre la posición social que ocupan los y las jóvenes en EEUU. Para Giroux, en la sociedad actual estadounidense, las instituciones que fueron diseñadas para limitar el sufrimiento humano y la indignidad, ahora están conduciendo la política hacia un abismo en el que se está poniendo en juego el futuro de los y las jóvenes. El discurso se encuentra disponible en texto, en el magazine online truthout.org

En palabras del teórico “la juventud actual es la primera generación desde la posguerra que va sufrir una inmovilidad [económica y social] mayor que la de sus progenitores (…) una generación con cero oportunidades, cero futuro y cero expectativas”. Consecuentemente, para él, cada vez son más los y las jóvenes que tienen que aceptar una vida inestable de trabajos precarios, quedando excluidos y excluidas del “sueño americano”.

Ante esta lógica, los y las jóvenes se están convirtiendo (en el imaginario político) en personas con problemas en lugar de personas que se enfrentan a problemas. Cada vez son más los y las jóvenes que son vistos como una alteración del orden público, situación que les posiciona como un objetivo prioritario del “gobernar a través de la delincuencia”.

Para Giroux, el castigo y el miedo han reemplazado a la compasión y la responsabilidad social como elementos mediadores en la relación entre los y las jóvenes y la sociedad general. Según el autor, una sociedad que castiga a sus hijos e hijas, es una sociedad abocada a la destrucción completa.

Durante su discurso, Giroux habla de que la política postmoderna-neoliberal está impulsada por una ideología hipercompetitiva, no sólo económica, sino también social. Ello conduce a que muchos y muchas jóvenes aprendan rápidamente que su destino es únicamente una cuestión de responsabilidad individual, con independencia de las fuerzas estructurales más amplias. Así, cada vez son más numerosos los discursos políticos disponibles que hablan de las personas jóvenes en términos de “autodisciplina” y de “autogestión emocional”, dificultando con ello la posibilidad de que los y las jóvenes encuentren escenarios sociales en los que se facilite el entendimiento mutuo y el encuentro.

Para el teórico hay más en juego que los procesos de despolitización; también están en juego los lazos sociales, el razonamiento colectivo y los aparatos culturales indispensables para el sostenimiento de una sociedad democrática.

Por otro lado, en su discurso, Giroux ofrece algunas cifras relativas al castigo masivo de los y las jóvenes en EEUU, con objeto de incitar a la reflexión pedagógica y social sobre el devenir de la población joven y de la población general: “¿cómo se puede explicar una sociedad en la que hay 500.000 jóvenes encarcelados y 2,5 millones son detenidos cada año? ¿Una sociedad en la que a la edad de 23 años, casi un tercio de los estadounidenses han sido arrestados por un delito?”

No obstante, Giroux es consciente de que las discriminaciones sociales vertebran la “guerra contra los y las jóvenes”, ya que ésta será más dura para quienes encarnen la exclusión en términos de etnia, género, sexualidad, discapacidad o clase social.

Así, según la reflaxión del autor, en lugar de una retórica idealista que venere a los y las jóvenes, EEUU se encuentra ante una realidad social que visualiza a las personas más jóvenes a través de la óptica de la ley y el castigo.

Ante esta situación, para Giroux, es necesario que todas aquellas personas comprometidas con la equidad social, reflejen en sus cotidianidades y entornos sociales la necesidad de hacer frente a las condiciones estructurales y reconstruir estrategias que pongan freno a todas las formas de violencia social, política y económica que los y las jóvenes experimentan diariamente.

Texto publicado originalmente en Centro Reina Sofía; sobre Adolescencia y Juventud

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infoxicacion

Por Alberto Vila

La infoxicación, sobrecarga informativa o infobesidad, es el exceso de información provocada por la profusión de contenidos a disposición de los usuarios. El término proviene del inglés “information overload”, que fue utilizado en 1970 en “El Shock del Futuro”, de Alvin Toffler. Es un fenómeno afecta especialmente a los profesionales del conocimiento, a casi todos los directores en una organización, a todos los usuarios de Internet y, en mayor o menor medida, a los consumidores del caudal informativo. En general, como se ve, pocas personas se libran de sus consecuencias. Los gabinetes de comunicación de las corporaciones y gobiernos lo saben perfectamente.

Si a ello añadimos el fenómeno de los “medios fríos”, es decir que requieren poca implicación personal en su interpretación, como pueden ser los audiovisuales. Entonces, ya tenemos un rebaño de consumidores poco críticos con la intención de dichos contenidos. Esto puede suponer, conspiranoias aparte, una gran operación de ingeniería social para someter la voluntad colectiva a la que dictan los propietarios de los pocos grupos mediáticos que concentran la oferta de información. Es allí, no lo duden, el reino de la postverdad. Pero, con la llegada de Internet, ese monopolio se quebró. Por tanto, optaron por el exceso de información, a sabiendas que puede producir un efecto narcótico en los públicos, de modo de recortar su capacidad analítica, con lo que se produce la inoculación de los mensajes “infoxicados”. Se habla y escribe mucho de corrupción, pero sin consecuencias sobre las causas de la misma. En ese momento, todo lo que se le diga a esas personas es posible como “postverdadero”. Y Rajoy logra el mejor resultado de entre todas las opciones posibles. (ver http://diario16.com/los-patriotas-la-evidencia-y-las-mentiras-de-la-postverdad/)

Créalo, contar con demasiada información para tomar una decisión o permanecer exclusivamente informado sobre un determinado tema; disponer de grandes cantidades de información histórica para analizar, una alta tasa de nueva información añadida; advertir contradicciones en la información disponible, caso este muy frecuente en el universo digital.; y, además, si ha sentido algún síntoma como el agobio o ahogo derivado de la cantidad de datos o informaciones disponibles, la parálisis por un volumen ingente de información o el desconcierto ante tanto contenido sobre un tema, no lo dude, ha sido presa de la infoxicación, está preparada para aceptar las postverdades.

Podría decirse que es la enfermedad de la sociedad digital de principios del siglo XXI. La peor consecuencia de su actuación es que nos paraliza y nos impide avanzar hacia los objetivos que nos hemos propuesto ya sean individuales o colectivos como sociedad. Lo consiguen por la mera saturación informativa. El efecto de dificultar la identificación de información relevante para las decisiones trascendentes o la ausencia de un método para comparar y procesar diferentes tipos de información contradictoria, suelen contribuir a este efecto. Con lo que el poder se siente seguro de haber narcotizado a los públicos. Narcotizar es desinformar. Es una de las técnicas de la también llamada manipulación informativa o manipulación mediática. Es la acción y efecto que procura en los sujetos el desconocimiento o ignorancia, evitando así la divulgación del conocimiento de datos, argumentos, noticias o información desfavorable a quien desea desinformar. Esta acción se da en los medios de comunicación masiva, pero estos no son los únicos por los cuales se puede dar una desinformación. En realidad, a lo largo de la historia se dio en países autoritarios o en sectas religiosas que tienen “lecturas prohibidas”, como el famoso “Index Librorum Prohibitorum” de 1551, derivado del Concilio de Trento. También los gobiernos que no aceptan medios de prensa de la oposición o del extranjero prohíben.

En todos los casos es una ocultación de la información. Aquí en España algo recordamos, ¿no?

Por ese motivo, el gobierno y los poderes fácticos, que tienen el control total de legislación y recursos, no desean permitir que exista una prensa libre que filtre la información veraz que los ponga al descubierto. Pero la democracia de los ciudadanos y la prensa libre todavía no han sido neutralizadas.

¿Permitirá usted que eso ocurra y que se extienda la oscuridad sobre la verdad?

 

Artículo originalmente publicado por Alberto Vila en Diario 16

 

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La historia ha demostrado ya cómo la democracia puede ser utilizada contra sí misma. ¿No se aprendió la lección en Estados Unidos?

fascismo

Diferentes observadores no han dejado de plantear paralelismos entre Donald Trump y el dictador fascista italiano, Benito Mussolini, dice un artículo publicado en el portal The Conversation . Si bien es cierto que existen varias similitudes, como narcisismo, oportunismo y autoritarismo, sostiene la autora,Kimber Quinney, coordinadora del American Democracy Project de Cal State University San Marcos, dichas similitudes coexisten con importantes diferencias:

One came from a working-class, socialistic background and saw himself as an intellectual and an ideologue. The other is a billionaire real estate magnate with a pronounced anti-intellectual streak.

 

Sin embargo, la autora considera que la pregunta más importante “no es si Trump es o no un Mussolini estadounidense, sino si la democracia de Estados Unidos pudiera ser tan vulnerable a la erosión fascista tal como resultó ser la democracia italiana“.

Algo muy importante en el artículo de Kimber Quinney que recomendamos ampliamente “Entre Noticias”, es la advertencia de que la historia nos ha demostrado cómo “la democracia puede ser utilizada contra sí misma“.

Artículo publicado en inglés que puede ser leído íntegramente en The Conversation

Lectura recomendada por “Entre Noticias

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“Todo el mundo está desamparado aunque hagamos lo imposible por negarlo”. (Bob Dylan)

Por Jaime Casillas-Ugarte

Toda la semana nos trajo de cabeza la polémica decisión de la Real Academia Sueca, de otorgar el premio Nobel de literatura, al cantante y compositor norteamericano Bob Dylan. Hijo intelectual de Rimbaud, Dylan Thomas, las intensas vías férreas que se pierden en el horizonte, Woody Guthrie, Hank Williams y muchos otros músicos y poetas, su nombre ya había sonado como candidato susceptible al reconocimiento, en años pasados.

Creo entender que en un recuento general, han sido más las voces en contra de la concesión, que a favor de tener un Nobel poeta, cantante, piedra rodante y loco. (“La respuesta, mi amigo, está en el viento.”)

Propongo, a todos aquellos que no se mostraron conformes con la designación de Dylan, una nueva perspectiva de observación. Para esto quiero comenzar llevándolos al Palacio de los Deportes, justo un día antes del anuncio del Nobel a Dylan. Ahí, en esta ciudad de palacios y baches, se presentó el grupo The Who, pisando así, por primera vez, nuestro suelo Patrio. (“Veme, siénteme, tócame, sáname…”)

Pete Townshend, líder, alma, guía y principal compositor de este grupo, alguna vez dijo que él preferiría mil veces, en lugar de ser tratado como “Rock Star”, ser reconocido como artista. A lo largo de su carrera, Townshend buscó que ese género tan popular conocido como “Rock”, fuera vehículo de ideas, sentimientos, visiones y propuestas, que trascendieran la barrera de música popular, de cuantioso negocio, de producto de la industria cultural, para ponerlo en palabras de los sociólogos apocalípticos.

A Townshend se le debe la creación de la llamada “Ópera Rock”, donde el género pudo ensayar en contar una historia, explorar problemas, cincelar psicologías y buscar un mensaje que trascendiera la clásica fórmula de la canción que duraba de tres a cuatro minutos y a otra cosa. En el caso del grupo The Who, debemos recordar que con “Quadrophenia”, logró construir una pieza musical de verdadera envergadura artística. Claro, dicho esto desde mi muy particular punto de vista. (“Nadie puede amar sin la gracia de una cara distante”)

Muchos grupos, además de Who, intentaron la forma “Ópera Rock”. Algunos lograron ejemplos notables. Recordemos rápidamente “Tales From Topographic Oceans” de Yes, “Tarkus” de Emerson, Lake and Palmer y “The Wall” de Pink Floyd. (“Hey, maestro, deja a los muchachos en paz”)

Claro que desde la irrupción de la primera “Ópera Rock”, “Tommy” de 1969, y en la medida en la que esta forma se propagó entre los músicos del Rock, se levantaron las críticas a esta bola de melenudos, porque les parecía muy presuntuoso que quisieran, con sus guitarrazos y berridos, ser como Wagner, o Puccini, o Verdi.

“¿Cómo se siente, cómo se siente? Estar sin un hogar, como un completo desconocido, como una piedra rodante.”

El Nobel a Dylan reavivó la discusión entre apocalípticos e integrados, y en el fondo refleja que ese territorio llamado arte, tiene bordes difusos, fronteras de ilusión y otorgar pasaportes de garantía, tiene por requisitos documentos inexplicables.

El premio Nobel a Dylan yo lo veo en la perspectiva de toda una generación de músicos y creadores. A todo un movimiento contracultural que expresó el rechazo de la juventud a añejas formas de convivencia, impuestas por una sociedad temerosa y pusilánime. Podríamos recordar aquí a qué se opusieron los jóvenes, con las armas a su disposición: guitarras, grafitis, poesía. Podríamos empezar por Vietnam, el consumo, las armas atómicas, la represión sexual, la falta de libertades, la guerra fría, el racismo, lo autoritario del poder y un larguísimo etcétera. El Nobel, cincuenta años después de los turbulentos años sesenta, es un reconocimiento a aquellas expresiones que en su momento fueron tachadas de inocentes y tontas, pero que a lo largo de los años, pueden llegar a ser tomadas en cuenta por la Real Academia Sueca y ser promovidas a la categoría de arte:

“No debiste permitir que otros recibieran patadas por tí
Solías montar en un caballo cromado con tu diplomático,
llevando en el hombro un gato siamés.
¿No fue duro descubrir que desapareció
después de robarte todo lo que pudo?”

Ya sé lo que están pensando: la Academia Sueca no decide qué es arte y quién es artista, pero hay que entender que al señalar al cantautor, hace que cambie la perspectiva sobre su trabajo y sea visto, acaso, no como una piedra rodante, sino como un diamante en bruto. Este solo movimiento, me parece muy provechoso.

Me gusta mucho el premio a Dylan porque lo interpreto como un reconocimiento a un genero musical, que siempre fue tildado de sub producto de la industria cultural. Con esto no estoy defendiendo a todos los rockeros, hay (la gran mayoría), muchos destinados al basurero de la historia, pero existen otros que deberán ser revisados para que se les reconozca su aportación al mundo del arte. (Townshend incluido: “No llores, no levantes tus ojos, es sólo la tierra baldía adolescente.”)

Me gusta el premio a Dylan porque tengo la esperanza que se erosione un poco el culterano concepto de arte y comiencen a entrar en ese cromado palacio, nuevas formas de expresión. Nuevas voces y alientos. Nuevos escritores. Está muy difícil que me tomen en cuenta, pero sería increíble que algún día le dieran el Nobel a un guionista de cine (propongo a Sam Shepard), a un creador de comics, (Frank Miller, Neil Gaiman) a un cronista deportivo (Carlos Arribas que nos narra la Tour de Francia, como Herodoto las “Guerras Medicas”, desde las páginas de “El País”).

Me gusta el Nobel a Dylan, porque es el Nobel a la “tierra baldía adolescente”, desde los años sesenta, hasta nuestros días.

Por cierto, Pete, puedes ir tranquilo, tú eres un artista. Y lo digo yo y los más de cuarenta mil personas que salimos del “palacio de los rebotes”, delirando por tu música. Ojalá y algún día te den el Nobel.

(“Me quitaré el sombrero ante la nueva constitución. Me inclinaré ante la nueva revolución. Sonreiré ante el cambio en todos lados. Levantaré mi guitarra y tocaré, igual que ayer: No nos volverán a engañar.”)

Jaime Casillas-Ugarte @uva_canibal

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Andrzej Wajda - Thumb

A la edad de 90 años falleció en su natal Polonia, el gran cineasta Andrzej Wajda. Su nombre puede ser que le diga poco a los cinéfilos contemporáneos, pero fue referencia obligada de cine excelso, desde mediados de los cincuenta hasta principios de los noventa. Claro que su obra se extendió hasta 2013, pero poco a poco fue relegada de nuestras pantallas. Los que la conocimos tuvimos que recurrir a las versiones en DVD y ocasionalmente a verlas en cinetecas y cineclubs.

Wadja quedará para la historia por su sobrio sentido narrativo. Su mirada sutil, pero muy incisiva, en todo lo que su cámara veía. Pero acaso su mayor contribución no fue aquilatada dentro del mundo del cine: Wadja fue uno de esos artistas que soñaron con cambiar al mundo y lo logró.

Siempre comprometido y pensante, hay un período muy claro en su producción cinematográfica, en que sus películas se preocuparon por retratar su entorno. La vida y la nación que le tocó vivir.

Polonia es un país que a lo largo de la historia ha existido a intervalos. Aparece y desaparece entre de los siglos, siendo su territorio, pasto de las invasiones. Después de la gran guerra (1914-1918) surge de las cenizas del imperio austrohúngaro y se establece como nación independiente. En 1939 es invadida por Alemania, en el primer acto beligerante por parte del Tercer Reich, comenzando por este hecho, ese periodo de la historia del siglo XX conocido como segunda guerra mundial (1939-1945). Al final del conflicto armado, quedó dentro del esquema que operó para los países del este europeo, bajo el universo de influencia del estado soviético.

Es en Polonia donde comienza, dicen los que saben, con la caída de una ficha de dominó, el gran movimiento social que culminará, en 1991, con la desaparición de la Unión Soviética, el nacimiento de un nuevo mapa geopolítico europeo y el fin de una historia llamada comunismo.

Claro que es pensar en Walesa y el sindicato Solidaridad, en la afrenta pequeña de unos obreros en los astilleros de Gdansk, pero también la gran contribución de un cineasta, precisamente Andrzej Wajda, que desde antes de que todo eso sucediera, ya soñaba en sus películas con otra Polonia.

Así definió alguna vez su obra: “Si yo pudiera encontrar un hilo conductor en mi obra, creo que éste sería la lucha del hombre por la conquista de la libertad. Pero esta tarea siempre es difícil y la mayoría de las veces esta lucha se paga con un fracaso.”

Wajda era un adolescente cuando comenzó la segunda guerra mundial. (Había nacido en 1926) A pesar de eso, se sumó al movimiento de resistencia. Terminado el conflicto ingresó a la Academia de Artes de Cracovia. Quería ser pintor. “Integraba un equipo que se consagraba al naturalismo”, recuerda en una entrevista que le realizó el periodista Jean Luc Douin, “ y poco a poco tuve la sensación de que nos encontrábamos en un callejón sin salida. No había ninguna presión oficial, pero estábamos en la linea del stalinismo. Me volví a encontrar en la orilla del Báltico por tres días. Llovía. Decidí que si continuaba lloviendo me lanzaría al cine. Al días siguiente llovió, e ingresé en la escuela de cine de Lodz.””

A diferencia de sus compañeros de generación, Polanski y Zulawski que emigraron de Polonia (acaso lo que antes de ellos había hecho Joseph Conrad), Wajda se quedó a pensar su país.

De esta reflexión proviene una obra que tiene siempre la obsesión de relatar la gran dificultad de ser polaco, de ser Polonia. Su cine habla de las épocas históricas, de la invasiones, de la perpetua resistencia práctica y simbólica, ante la amenaza de dejar de ser lo que se era. Puede irse en el tiempo de los imperios, como en la extraordinaria “La Tierra de la Gran Promesa” (1975), puede relatar los horrores de la segunda guerra mundial como: “Kanal” (1956), “Cenizas y Diamantes” (1958) y hasta una de sus últimas películas “Katyn” (2007), o puede hablar del opresivo socialismo real como: “El Hombre de Mármol” (1977), “Sin Anestesia” (1978), “El Director de Orquesta” (1980) y “El Hombre de Hierro” (1981).

En estas cintas los personajes de Wadja son atrapados por las espirales de la historia y su actuar estará tamizado por el devenir de su época. Lo importante de este cineasta es que encontró la dimensión humana, la desacralización de los mitos, la dimensión adecuada entre lo público y lo privado.

El cine de Wadja fue un cine crítico, que a veces de manera abierta, a veces buscando alegorías, siempre tuvo una posición definida y contribuyó definitivamente a propulsar el cambio que comenzó en la Polonia-satélite-soviético y terminó en la Polonia de la democracia parlamentaria. Nada mejor representa este cambio, que la misma elección del cineasta, que en 1989 se convirtió en senador, adherido a las listas de Solidaridad.
Andrzej Wajda un artista que soñó con el cambio y lo impulsó desde los territorios simbólicos, para coronarlo en los territorios prácticos.

 

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Ugarte - Thumb

A la edad de 71 años, falleció en la ciudad de Los Ángeles, el cineasta Curtis Hanson.
Y creo que hay que agradecerle, por lo menos, un par de películas memorables: “Los Ángeles al Desnudo” (L.A. Confidential, 1997) y “Loco Fin de Semana” (Wonder Boys, 2000).

Según la página de IMDB, Hanson realizó 17 películas. La mayoría de ellas, fueron productos del cine comercial, películas del montón que servían de vehículo para el lucimiento-explotación de alguna estrellita. Pero por lo menos en un par de ocasiones, pudo romper la fórmula y ofrecer un cine distinto.

“Los Ángeles al Desnudo” fue recibida por la crítica como una gran revelación. Llamó poderosamente la atención y ganó un montón de premios. Entre ellos, los Óscar para mejor adaptación de guión (Hanson en colaboración con Brian Helgeland) y mejor actriz de reparto (Kim Basinger). Además, la película fue taquillera y consiguió una buena recaudación.

Como todos recuerdan “Los Ángeles al Desnudo” fue una adaptación de la novela de James Ellroy. Un relato policiaco escrito con vértigo y brutalidad, que retrataba un ambiente crudamente amoral, del que no escapaban ni los representantes de la ley. Hanson, como director, se movió eficazmente en ese mundo y consiguió un pieza narrativa bastante sólida. Si algo habría que agradecerle fue que conservó un buen ritmo, en una historia compleja que entremezclaba cuatro líneas dramáticas y que en su puesta en escena no renunció a la violencia propia del argumento, sin caer en obviedades. No dejó que su fotógrafo (Dante Spinoti) se regodeara en las tendencias estilizadas del “Nuevo Noir” y consiguió de su cuadro de actores interpretaciones creíbles, cuando la tentación de caer en el guignol era muy grande.

La película, finalmente marcó tendencia y luego fue imitada por otras cintas, no siempre tan efectivas como esta.

En el caso de “Loco Fin de Semana”, la historia fue otra.

Dos actores protagónicos no están a la altura de sus personajes, la gente no acudió a verla, pasó casi despreciada por el circuito de premios y tiene episodios un poco tediosos.

A pesar de todo esto, es una magnífica película.

Se sale de lo convencional y aborda el tema de una bola de locos que viven en el mundo de la creación. La creación literaria. Y el conflicto se establece cuando estos personajes vivificados por su feraz imaginación, tienen que vérselas con la sobrevivencia en el entorno monótono de la ciudad de los “Acereros de Pittburgh”.

“Wonder Boys” (adaptación de la novela de Michael Chambon) se planta frente a mediocridad de la nación de las barras y las estrellas, y abre la posibilidad de llevar una existencia no solo diferente, sino definitivamente más intensa.

Grady Tripp, interpretado por Michael Douglas, es un escritor a la “mitad del camino de la vida”. En el pasado prometió metralla con una primera novela, pero todo se apagó al enfrentar la segunda. En la realidad episódica que relata la película, su segunda novela es un mamotreto de más de mil páginas escritas a máquina, que le ha llevado varios años de mecanografía mecánica y nula inspiración. Perdido, confundido y desesperanzado, intenta que la acumulación de papel llegue algún día, a algún lugar. Mientras, se encierra en su estudio, fuma churros de mariguana y contempla la gélida lluvia que cae sobre el suburbio. Mientras, es profesor en una universidad de jóvenes presuntuosos y despiadados. También de una chiquilla hermosa (Katie Holmes) y de un muchacho sensible, enigmático, inasible (Tobey Maguire). El profesor Tripp no sabe si está ante un charlatán sin talento o ante un genio autodestructivo. Sucede además que su esposa lo acaba de dejar, su amante, que es la decana de la universidad y está casada con un colega, está embarazada de él y su editor (Robert Downey Jr.) llega a su casa para presionarlo sobre la novela y asistir al gran festival literario que organiza su universidad.

La película es el recuento de un fin de semana, donde Tripp hace todo lo que no debe de hacer y por fin encuentra, si no la respuesta a sus problemas, cierta claridad para enfrentarlos. La película es, desde mi punto de vista, un viaje iniciático para un hombre maduro y un joven imaginativo, cuyo rito fundacional es balacear a un perro ciego. Usando su imaginación como elemento trasgresor, estos dos personajes rompen con la monotonía, la lógica académica y viven la novela que les hubiera gustado escribir. No la rígida historia que la sociedad de George Bush, les quiere imponer.

No sé si “Wonder Boys” es una de las películas que yo me llevaría a una isla desierta, pero en definitiva, sí es una de esas películas que por haber pasado casi desapercibidas, hay que rescatar y verla bajo una óptica distinta. Ahora que el cinéfilo se enfrenta a que es mejor acceder a las bóvedas llenas de títulos antiguos, que a los cines rebosantes de tonterías, yo recomiendo ampliamente esta cinta. Servirá también para recordar a Curtis Hanson, acaso el creador de una película que pagó muy caro la osadía de intentar ser diferente.

 

Jaime Casillas-Ugarte

Jaime Casillas-Ugarte es colaborador de Entre Noticias:

Aspirante de escritor, dibujante, pintor, cineasta, guionista, fotógrafo, ciclista, beisbolista, corredor, futbolista, crítico de cine, crítico de arte, melómano, gourmet y sommelier. Trato de entender este desastre y darle un sentido. Y para eso escribo.

@uva_canibal

 

 

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Venustiano Carranza 148

Por Jaime Casillas-Ugarte

Como todo mundo recuerda, septiembre también marca el aniversario del muy triste suceso del terremoto de 1985. Dos sismo potentes, de intensidad rondando los 8 puntos en la escala de Richter, sacudieron al territorio nacional ocasionando severos daños en una de las ciudades más pobladas del mundo, la Ciudad de México.

En aquellos años, yo trabajaba como camarógrafo independiente, y entre los clientes que tenía, estaba un reportero de la cadena norteamericana ABC. Desde el primer día, el mismo 19 de septiembre, no dejé de ir a trabajar todos los días, a la llamada “zona de desastre”.

Fueron días intensos, de no muy agradables vivencias, donde afortunadamente pudimos hacer bien nuestro trabajo, colgándonos inclusive, algunas medallas y consiguiendo buenas imágenes para nuestros muy prepotentes patrones, el equipo de producción de ABC news.

Recuerdo muy bien que el 2 de octubre me tocó cubrir la concentración de jóvenes, que alrededor del Angel de la independencia, conmemoraron un aniversario más de la matanza de Tlatelolco. Como el centro de la ciudad estaba sembrado de escombros y derrumbes, aquel año se canceló la habitual marcha hacia la plaza del zócalo.

Por la noche, cuando iba a entregar mi material grabado al Hotel Camino Real, donde la cadena había concentrado a su personal y equipos de operación, el encabezado de un periódico llamó poderosamente mi atención. “Estoy vivo, sáquenme de aquí”, inolvidable 8 columnas de la segunda edición del periódico “Ovaciones”, vespertino famoso por cabecear siempre en el límite de lo amarillo, lo falso y lo fantasioso. Pero, eso si, causando conmoción y muchas ventas. Según la nota, un niño llamado Ramón y apodado “Monchito”, había podido sobrevivir dos semanas atrapado entre los escombros de lo que fuera la casa de su abuelo, en la calle de Venustiano Carranza número 148. Alguien había escuchado el clamor de ayuda y según tengo en la memoria, en aquella edición, un reportero del infame segunda de “Ovaciones”, había logrado incluso, realizarle una entrevista. No fue sorpresa que para el día siguiente, mi orden de trabajo me citara en Venustiano Carranza #148, a las seis de la mañana.

Ahí, alrededor de ese derrumbe, se concentró toda la atención de la prensa nacional y extranjera, que continuaba reportando las historias terribles del terremoto mexicano. Ahí estaban todos los reporteros, camarógrafos y fotógrafos. Ahí estaban también granaderos, policías, ingenieros, rescatistas, enfermeros, médicos y autoridades civiles y militares. Todos parecían estar esperando el rescate de “Monchito”.

Lo que yo vi, fue que el edificio de junto a la vivienda del niño, era el que se había derrumbado. El edificio, de unos seis u ocho pisos, había colapsado sobre su costado izquierdo y las grandes piezas de los colados de cada piso, como lajas afiladas, habían caído sobre una vecindad de dos pisos, atravesándola como quien rebanara queso. La mitad de la vecindad estaba por debajo de las piezas de concreto, de los pisos superiores del edificio contiguo. Por cierto, un almacén y tienda de telas, tan usual en esa zona del barrio de la Merced.

La entrada a la vecindad había quedado en pie, pero estaba controlada por la seguridad pública, que no dejaba entrar a nadie. Ese día después de alebrestarnos, todos los periodistas, nos dejaron entrar a hacer imágenes en rondas de 8 a 10 personas, permaneciendo en el interior del derrumbe por cinco minutos.

En esas condiciones sólo nos quedaba esperar a que algo se produjera. O improvisar nuestro innato talento periodístico. Como el tal reportero de ABC, era un poco incapaz, todos los que trabajábamos con él y para él, habíamos desarrollado otras capacidades.

Como ya había entrado de los primeros y estaba cansado de esperar adentro de un camión de granaderos, tan cochino como si le hubiera caído todo el polvo removido por los sismos, salí a buscar la nota. Mi olfato me dijo que si yo caminaba a la calle de atrás, Corregidora, era posible que por las azoteas me pudiera mover, después de algunos brincos y escaladas, hasta postrarme en la que sería la casa de enfrente a la que había ocupado “Monchito” y su abuelo, que todavía se encontraba perfectamente de pie.

En Corregidora, penetré en un edificio donde vendían, fabricaban, exportaban y comerciaban sombreros. Diciendo buenos días y sonriendo mucho, pude colarme hasta las alturas. Unos minutos después, ahí me encontraba: en la azotea de la casa de enfrente, grabando de manera subrepticia con mi cámara Ikegami ITC 730A. Como sabíamos que no deberíamos de estar ahí, estábamos todo el tiempo tirados en el piso. Levantábamos la cabeza cada veinte minutos, o cuando hubiera algún ruido o escándalo. Grabábamos cuando veíamos algo interesante. Habría que decir que no hubo mucho y como a las 8 de la noche llegó mi relevo y yo me fui a entregar mi material y a dormir con la conciencia tranquila. Otra vez teníamos imágenes que nadie había podido conseguir.

Al día siguiente me reporté con el camarógrafo que había cubierto toda la noche. No había habido mucho. Me dijo: “Yo creo que todo esto es mentira.”

Durante el día vinieron célebres visitantes: el embajador de Estados Unidos: John Gavin, el cantante Plácido Domingo, la misma primera dama Doña Paloma Cordero y algunos funcionarios que no supe reconocer. Pero a todos los grabé, desde mi privilegiado escondite.

Ya por la tarde apareció el General Mota, plenipotenciario jefe de la policía, escoltado por un grupo de oficiales de élite. Resulta que en el interior de la casa donde yo estaba en la azotea, se habían escondido un grupo de periodistas y un par de fotógrafos. Ellos, en una de esas entradas a ver el derrumbe, se habían metido a la casa sin que nadie lo advirtiera. Y ahí adentro pasaron la noche y lo que llevaban del día, sin comer, mal durmiendo y tomando agua de una llave en la cocina de la casa.

Al aparecer el general, uno de los fotógrafos accionó su cámara y utilizó el flash. Yo vi perfecto la escena desde mi escondite. Todavía tengo grabada en mi memoria la cara del general que, muy enojado, reaccionó al flamazo de luz y con señas ordenó a su grupo de escoltas que buscaran dentro de la casa.

Claro que después de buscar, y encontrar, a los periodistas, los policías treparon a la azotea y ahí nos descubrieron. Muy por las buenas nos hicieron bajar. Nos trataron con diplomacia pero en la puerta, simbólicamente nos patearon el trasero, poniéndonos en evidencia ante los compañeros del gremio. Todos los periodistas que esperaba afuera se burlaron de nosotros y nos dijeron: “lero-lero”. Un camarógrafo de Televisa se puso flamenco y, para variar, actuó con la prosapiosa prepotencia que siempre ha caracterizado a los mediocres.

Regresé al camión polvoso y a aburrirme hasta la noche.

A estas alturas ya comenzábamos a ver la cortina de humo.

La ciudad derrumbada, las acusaciones a las autoridades de no haber actuado con presteza. En los días del temblor se nos acercaba gente, como nos veía con las cámaras, y nos contaban que aquí a unas cuadras, a la vuelta de la esquina, en diversos derrumbes, estaban seguros de que había gente con vida. Se escuchaban quejas, gritos, golpes. Unos que prendían la luz de un edificio parcialmente destruido. Nadie había acudido en su auxilio. El gobierno reconoció como 3500 víctimas mortales. Entre los periodistas se calcularon entre 10 y 15 mil fallecidos. Muchos de ellos pudieron estar vivos unos días y vivir la larga agonía de estar en derrumbes que nadie atendió.

“Monchito” tuvo a la puerta de su derruida vecindad una ambulancia esperando. Sobre la plancha del zócalo un helicóptero estacionado. Ese lo llevaría volando, al hospital militar. A “Monchito” lo fueron a visitar políticos, funcionarios, artistas y embajadores. Legiones de personas le entonaron sus rezos.

Fue hasta el día siguiente por la noche, es decir el 5 de octubre, cuando se decretó que no había evidencia de vida y el encargado del derrumbe, el Ing. Julián Abed, procedió a entrar con maquinaria a limpiar.

“Monchito”, ahora lo sé, fue un invento para distraer a la prensa. Mientras todos nos fuimos a Venustiano Carranza #148, las máquinas arrasaron otros derrumbes y comenzaron a limpiar. Entraron los trascabos, los Bulldozer, y Caterpillar fue por fin dueño de la escena. No había testigos. Tal vez ciudadanos impotentes. Los periodistas estaban todos en aquel show que fue “Monchito”, el niño vivo que nunca existió.

Por cierto, al reportero de “Ovaciones” que lo entrevistó, a ese sí le dieron una patada en el trasero y nunca se supo más de él.

 

Jaime Casillas-Ugarte

Jaime Casillas-Ugarte es colaborador de Entre Noticias:

Aspirante de escritor, dibujante, pintor, cineasta, guionista, fotógrafo, ciclista, beisbolista, corredor, futbolista, crítico de cine, crítico de arte, melómano, gourmet y sommelier. Trato de entender este desastre y darle un sentido. Y para eso escribo.

@uva_canibal

 

 

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"En ese espíritu, a ti Omran, que simbolizas a todos y cada uno de los millones de niños que han sufrido y sufren hoy por nuestras aberraciones, nuestro corazón de roca, nuestra inconsciencia, nuestras patologías y nuestras omisiones, te pedimos perdón": “Quien escribe en el alma de un niño, escribe para siempre”.

infancia

Este niño sirio simboliza a todos y cada uno de los niños que han sido víctimas del egoísmo y de la estupidez humana.

Es la “nueva” imagen del sufrimiento infantil que está por todas partes, en las portadas de los diarios, revistas, televisoras y sitios electrónicos de todo el mundo. El nuevo símbolo – que no pocos medios aprovechan para explotarlo comercialmente- de lo que los “humanos” somos capaces de hacer en contra de los seres más frágiles e inocentes de nuestra depredadora especie.

Si leemos la noticia sobre este niño de 5 años, Omran Daqneesh, en medios como The New York Times, se nos dice lo siguiente:

“Fue rescatado de un edificio afectado por un bombardeo del gobierno sirio o de Rusia en el norte de Alepo. Fue uno de los 12 niños atendidos el miércoles en uno de los hospitales de la zona este de la ciudad, que está en manos de los rebeldes, según los médicos de ahí.”

 

El Consejo de Paz de Estados Unidos (USPC) denunció recientemente la existencia de “una campaña internacional de propaganda mediática contra el gobierno sirio destinada a derrocarlo y a justificar una invasión usando el pretexto humanitario”.

Los integrantes del Consejo de Paz de Estados Unidos (USPC por sus siglas en inglés) hicieron esas declaraciones en una conferencia de prensa organizada por la Misión de Siria ante la ONU.

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Una delegación del USPC acaba de visitar Damasco para constatar sobre el terreno la situación del conflicto en ese sufrido país árabe.

Allí se reunieron con varios sectores, incluidas autoridades gubernamentales, miembros de la sociedad civil y del sector privado, además de líderes de la oposición, a los que diferenciaron de los terroristas y extremistas, con quienes no conversaron.

“Estamos luchando contra una propaganda masiva que ha demonizado al gobierno sirio y a sus líderes. Un esfuerzo que precede a otras intervenciones que Estados Unidos ha hecho en el transcurso de muchas décadas para convencer a la gente que está bien ‘por razones humanitarias’ derrocar a un gobierno y reemplazarlo con lo que sea”, dijo Henry Lowendorf, uno de los miembros del consejo ejecutivo de esa organización.

También señaló que las sanciones impuestas por Estados Unidos a Siria son similares a las aplicadas a Iraq en los años 90 para debilitar al gobierno. Dijeron que las sanciones limitan al pueblo sirio para adquirir medicamentos, repuestos industriales o fórmulas infantiles para alimentar a los bebés.

El medio ruso Russia Today, publicó igualmente su versión sobre lo que ocurrió en relación al caso del niño Omran Daqneesh, diciendo:

“Hemos subrayado varias veces que los aviones de la fuerza aérea rusa en el operativo sirio nunca apuntan contra objetivos en áreas pobladas. Esa regla es más relevante aún en relación al distrito Qaterji de Alepo, que está situado cerca de zonas abiertas recientemente para el rescate de la población civil”

 

Asegurando además que si lo reportado fue causado por una explosión, no fue a causa de un ataque aéreo, sino probablemente de un cilindro de gas o bien una mina, como suelen hacerlo las fuerzas de Daesh (Estado Islámico).

¿Quién tiene la versión real? No lo sabemos, ni tenemos tampoco la intención de meter las manos al fuego por una u otra versión de lo que supuestamente haya ocurrido, en la convicción de que “la primera víctima de la guerra es la verdad” y donde a la hora de las responsabilidades nadie suele tener las manos limpias de sangre inocente.

Lo que nadie bien informado puede a estas alturas negar, es que hasta hace unos años, Iraq, Libia y Siria, sin tratar de insinuar de ninguna manera que dichos países fueran gobernados por hermanitas de la caridad, eran sí los máximos exponentes de un modelo político social laico dentro del mundo musulmán. Tres países que pretendían además vivir al margen de la hegemonía económica y cultural estadounidense. Las intervenciones militares aliadas en Iraq y Libia, han golpeado ese modelo, sustituyendo gobiernos estables por anarquías tribales, mucho más peligrosas para todo el mundo que las realidades autoritarias anteriores.

Recordemos en ese contexto las sorprendentes revelaciones del de Michael Flynn, ex director de la DIA, Agencia de Inteligencia de la Defensa de Estados Unidos (la principal organización militar de espionaje extranjera de Estados Unidos que opera bajo la jurisdicción del Departamento de Defensa), en una entrevista publicada hace algún tiempo en el programa “Head to Head” de la cadena Al Jazeera.

En dicha entrevista, realizada a Michael Flynn por el periodista Mehdi Hasan, el ex director de la DIA confirma que cuando ejercía en el cargo, llegó a sus manos en 2012 un informe de la propia DIA sobre el respaldo de Occidente en la creación del llamado “Estado Islámico” en Siria.

Lo más grave revelado por Flynn fue afirmar en esa entrevista que el patrocinio a los yihadistas radicales por parte de la Casa Blanca (quienes se convirtieron después en ISIS y Al Nusra) en su lucha contra el régimen sirio fue “una decisión deliberada”.

Hasan: Usted está diciendo que por sus manos pasó el informe de la DIA que afirmaba que esos grupos estaban ahí (ISIS y Al-Nusra), que usted lo veía también claro y que advertió de ello. Entonces, ¿quién no hizo caso de esas informaciones?

Flynn: Creo que la administración.

Hasan: ¿Así que la administración hizo la vista gorda ante su análisis?

Flynn: No creo que hicieran la vista gorda: creo que tomaron una decisión. Creo que fue una decisión deliberada.

Hasan: ¿Una decisión voluntaria para apoyar a una insurgencia formada por salafistas, Al Qaeda y los Hermanos Musulmanes?

Flynn: Fue una decisión deliberada para hacer lo que están haciendo.

Durante la entrevista, el propio periodista, Mehdi Hasan, expresa su sorpresa ante la franqueza de Flynn.

En un determinado momento de la entrevista, Hasan sostiene una copia impresa de ese informe de la DIA de 2012 que ha sido desclasificado tras una solicitud de liberación de información (a través de la FOIA, Ley por la Libertad de la Información, una ley que otorga a todos los miembros de los Estados Unidos el derecho de acceso a la información federal del gobierno).

Hasan lee en voz alta pasajes clave, tales como, “existe la posibilidad de establecer un principado Salafista declarado o no declarado en Siria oriental, y esto es exactamente lo que los poderes que apoyan a la oposición pretenden, con el fin de aislar al régimen sirio”.

En lugar de minimizar la importancia del documento y de estos pasajes sorprendentes, tal y como hiciera el Departamento de Estado tras su publicación, Flynn hace lo contrario: confirma que mientras era director de la DIA “mostró mucha atención” a este informe, en particular, y agrega más adelante que “las fuentes de inteligencia eran muy fiables”.

 

Ahí tienen una parte importante del contexto necesario para el debate democrático, la reflexión y el análisis de lo que pasa en Siria, que los grandes medios de información omiten al publicar la desgarradora imagen del niño Omran Daqneesh. Imagen muy lucrativa sin duda para quienes reducen la noticia a ser una mercancía más en el mercado visual donde todo se compra y se vende, incluido el sufrimiento humano convertido en espectáculo y no en elemento catalizador para la cada vez más necesaria y urgente formación de la conciencia.

perdon

Entendemos que “Entre Noticias” es sólo una muy modesta publicación surgida desde la convicción como aquella expresada por el gran periodista polaco Ryszard Kapuściński: “La mía no es una vocación, es una misión“, pero con la esperanza de tocar al interior de quienes no se conforman con la propaganda que moldea inexorable y persistentemente nuestro entendimiento sobre lo que realmente pasa en nuestro mundo.

En ese espíritu, a ti Omran, simbolizando a todos y cada uno de los millones de niños que han sufrido y sufren hoy por nuestras aberraciones, nuestras patologías y nuestras omisiones, te pedimos perdón.

“Quien escribe en el alma de un niño, escribe para siempre”.

Rubén Luengas/Entre Noticias


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