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La noche del 27 de febrero de 1933, hace ahora 84 años, las llamas devoraron el edificio del Reichstag como un oscuro preludio de la definitiva toma del poder del régimen nazi, un siniestro cuyas circunstancias aún hoy se siguen discutiendo.

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“El mejor propagandista es aquel que cree sus propias mentiras, asegurándose así de no dejar el engaño al descubierto mediante pequeños movimientos nerviosos o contradicciones”. (Steven Pinker)

27 de febrero de 1933

La noche de ese día, el Reichstag, edificio sede del Parlamento alemán, ardió en llamas proporcionando a los nazis la excusa perfecta para culpar a los comunistas y obligar al día siguiente al presidente Hindenburg a suspender las garantías constitucionales con el conocido como “Decreto del fuego del Reichstag”. La policía alemana detuvo en el interior del Parlamento alemán a un joven izquierdista holandés, Marinus van der Lubbe, quien sería guillotinado un año después tras un juicio en el que los líderes comunistas acusados culparon abiertamente a los nazis de haber causado el incendio para disolver el Parlamento y poner en marcha su sistema totalitario.

28 de febrero de 1933

Hitler convence al presidente von Hindenburg para invocar una cláusula de emergencia en la constitución de Weimar. El parlamento alemán aprueba entonces el Decreto de Presidencia del Reich para la Protección de la Nación (Volk) y el Estado, conocido popularmente como el “decreto del fuego del Reichstag”. El decreto suspende las provisiones relativas a los derechos civiles que había en la constitución alemana existente, incluyendo las libertades de expresión, de asamblea y prensa y sienta las bases para la encarcelación de potenciales opositores a los nazis sin el beneficio de un juicio o procedimiento judicial.

 

El propio Hitler, quien llegaría a expresar que las llamas del Reichstag “eran una señal divina”, se presentó en el lugar de los hechos inmediatamente después de conocerse el incendio y puso en marcha el aparato de propaganda del partido para difundir el miedo ante el supuesto “peligro comunista”.

Esa noche, el incendio del Parlamento simbolizó el final del sistema democrático alemán mientras el humo anticipaba el ascenso del partido nazi al poder, que se impondría en las elecciones anticipadas del 5 de marzo, dando paso a la instauración de un Estado totalitario represivo y cruel.

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Más allá de si el izquierdista holandés Marinus van der Lubbe fue el autor en solitario o fue manipulado por los nazis para incendiar el parlamento alemán, el atentado fue el pretexto para suprimir derechos constitucionales, perseguir a miles de opositores e imponer un régimen totalitario.

Historiadores alemanes corroboraron años después la teoría de la autoría nazi. Diez miembros de un comando de la SA participaron en el incendio del Reichstag. Todos ellos fueron asesinados en 1934 por las SS en la noche de los cuchillos largos. En 2008 el Tribunal Federal de Justicia de Alemania anuló el veredicto a Van der Lubbe al considerar que las conclusiones para condenarlo a muerte habían sido “injustas”.

 
La causa del incendio es el centro de una polémica que sigue hasta la fecha y no hace mucho se conocieron nuevos datos afirmando que miembros de las tropas de asalto de Hitler accedieron al Reichstag a través de un pasadizo secreto desde el palacio del presidente de la Cámara Baja, Hermann Göring, y llegaron al salón de plenos donde habrían preparado el fuego que más tarde van der Lubbe, presuntamente ayudado por un agente nazi, habría prendido.

El proceso judicial

El juez Paul Vogt, designado por la jerarquía nazi, fue el responsable de investigar, instruir el sumario y presentar los cargos contra los acusados. Desde marzo a agosto de 1933, recopiló treinta y dos volúmenes de transcripciones y documentos. Los acusados fueron Marinus van der Lubbe, Ernst Torgler, líder del grupo parlamentario comunista en el Reichstag, detenido cuando iba voluntariamente a la comisaría tras escuchar su nombre en la radio como implicado, y tres comunistas búlgaros que vivían en Berlín, Georgi Dimitrov, Simon Popov y Vassili Tanev, detenidos el 9 de marzo.

22 DE MARZO DE 1933

Las SS (Schutzstaffel), la guardia de élite de Hitler, establece un campo de concentración a las afueras de la ciudad de Dachau en Alemania para encarcelar la oposición política al régimen. Este fue el único campo de concentración que funcionó desde 1933 hasta 1945. Para 1934 las SS ya se había hecho cargo de la administración de todo el sistema nazi de los campos de concentración.

 
Al final del juicio, el tribunal emitió un dictamen extenso en el que Van der Lubbe fue declarado culpable y condenado a muerte. Los otros cuatro acusados fueron absueltos al no encontrarse ninguna evidencia creíble. De hecho, fueron elegidos en base a su pertenencia al Partido Comunista, y no sobre pruebas verosímiles. Los nazis asumieron el reto de realizar un proceso al comunismo, confiados en que la mayoría de la población alemana y la prensa aceptarían la necesidad de tomar medidas rigurosas y legales contra todos los que supusieran una amenaza para el orden del país.

23 DE MARZO DE 1933

El parlamento alemán aprueba la Ley de Habilitación que confiere a Hitler la capacidad para implantar una dictadura en Alemania.

 

Entre Noticias

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Para el periódico estadounidense,The Washington Post, las medidas de la política migratoria de Trump significan en su conjunto “un acto de crueldad”, pero ¿cuál es la raíz ideológica que alimenta ese acto de crueldad?

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“Ilegalidad” es un concepto creado exclusivamente para excluir y explotar”. (Aviva Chomsky)

Donald Trump quiere superar a su antecesor como “deportador en jefe”, tras oficializar este martes su obsesión por criminalizar a a cualquier indocumentado que haya violado la ley, aún tratándose de una infracción menor. No sólo se perseguirá a los migrantes con cargos criminales violentos, sino también a todo aquel inmigrante que haya “abusado” de beneficios públicos o a quienes “a consideración de un agente de inmigración, puedan suponer un riesgo para la seguridad de Estados Unidos”.

Para el periódico estadounidense,The Washington Post, las medidas de la política migratoria de Trump significan en su conjunto “un acto de crueldad”.

“El documento envía un mensaje de miedo a muchas comunidades de inmigrantes en Estados Unidos, no sólo a los 11 millones de inmigrantes no autorizados, sino a sus esposas, a sus niños y a otros parientes viviendo legalmente en Estados Unidos”.

“Las políticas de la administración Trump dividirán a las familias y perjudicarán a las personas que viven vidas pacíficas”.

 
Las nuevas medidas, detalladas en dos memorandos firmados por John Kelly, secretario de Seguridad Interior, ponen en práctica las órdenes ejecutivas firmadas por Trump el pasado 25 de enero, teniendo como eje el uso de la fuerza para detener, arrestar, encarcelar y deportar, sin espacio alguno para un eventual camino hacia la legalización, a diferencia del proyecto de ley de reforma migratoria bipartidista que aprobara el senado el 27 de junio de 2013.

Las directrices de la nueva política incluyen un proceso para ampliar y agilizar las deportaciones expeditas. En el gobierno de Obama este mecanismo de deportación sólo se aplicaba a aquellos que habían estado en el país menos de 14 días y que se encontraban en la zona fronteriza, pero ahora se aplicará a cualquiera que haya permanecido hasta dos años en cualquier parte del territorio estadounidense.

De acuerdo con el portavoz de la Casa Blanca Sean Spicer, las nuevas directrices “no” contemplan la deportación masiva de indocumentados y comenzarán poniéndose en práctica deportando a casi 1 millón de indocumentados que cometieron un crimen o representan una amenaza para la seguridad pública.

La buena noticia dentro del panorama oscuro arrojado por la administración Trump sobre el complejo fenómeno de la inmigración en territorio estadounidense, es la decisión de exentar por ahora de las prioridades de deportaciones a los 750 mil jóvenes indocumentados beneficiarios del Programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA), sobre lo que el Washington Post apunta:

“Aunque esto es positivo, en otros aspectos existe una vena de crueldad en toda la nueva política”.

 

Indocumentados: Cómo la inmigración se volvió ilegal

Numerosos medios en el mundo abordan hoy los detalles de la política de inmigración de la administración Trump, pero para ponerla en contexto, sugerimos la lectura del libro de la activista de derechos humanos Aviva Chomsky: Indocumentados: Cómo la inmigración se volvió ilegal.

En este brillante trabajo, Aviva Chomsky muestra cómo la “ilegalidad” es un concepto creado exclusivamente para excluir y explotar. A través de un repaso por la historia de la migración hacia Estados Unidos –desde el Programa Bracero, iniciado en la década de 1940, hasta la Ley dreamer, impulsada por el presidente Barack Obama–, esta obra cuestiona la noción contemporánea de ilegalidad, muestra por qué se ha convertido en un hecho socialmente aceptado y devela su naturaleza compleja, inconsistente y profundamente discriminatoria.

Otro trabajo sugerido por Entre Noticias para quienes gusten ir más a fondo en la comprensión de antecedentes históricos de los cuales se alimentan las políticas de Trump, es el ensayo de César Vásquez Bazán: “Supremacía estadounidense e inferioridad latinoamericana: Religión y raza en la formación de dos ideologías complementarias”.

He aquí un fragmento revelador de dicho ensayo sobre una idea que prevalece de manera muy evidente entre los hombres y las mujeres del presidente Donald Trump:

“El desarrollo de la ideología de la supremacía estadounidense recibió un aporte importante cuando a la noción de la existencia de un Nuevo Pueblo Elegido se asoció el concepto de raza y la distinción entre una raza superior –la raza blanca– y un conjunto de razas inferiores (las razas no blancas). Perteneciendo los Hijos de Dios a la raza blanca, los colonos ingleses de la América del Norte entendieron que dicha característica era la confirmación de formar parte de un pueblo superior –Estados Unidos– nación destinada a ejercer la supremacía en el mundo tal cual la bíblica ciudad asentada en la cumbre de un monte. A partir de la citada confluencia ideológica, con el transcurrir de los años se fue estableciendo una creciente asociación entre la profesión de fe cristiana, la pertenencia al Nuevo Pueblo Elegido de Dios y ser de raza blanca. El principal resultado de esta identificación religiosa, racial y política fue la apropiación de la idea de Dios. Dios se secularizó, se convirtió en estadounidense [4] y pasó a ser el activo más importante de la cultura anglosajona americana [5]. Por no ser blancos y no haber sido favorecidos por la “selección” divina, los demás pueblos y razas del mundo, en especial las personas de piel oscura –americanos nativos, negros, mestizos, etc.– resultaban inferiores al Nuevo Pueblo Elegido”.

 

Redacción/Entre Noticias

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Desde su fundación en 1979, FAIR, donde trabajó diez años Julie Kirchner, ha impulsado una agenda centrada en una moratoria completa de toda la inmigración a los Estados Unidos, definida por ataques rabiosos hacia inmigrantes no blancos, siendo considerado su fundado John Tanton, el creador del movimiento antiinmigrante moderno.

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Kirchner renunció primero a la dirección ejecutiva de la FAIR en 2015 para incorporarse, como asesora, a la campaña del entonces candidato Donald Trump.

Entre Noticias recomienda no perder de vista el nombramiento que a finales de enero hizo Donald Trump de la activista antiinmigrante Julie Kirchner como asesora en la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), la instancia de mayor importancia en el Department of Homeland Security que controla el acceso al territorio estadounidense, persigue la inmigración irregular y tiene a su cargo a la Patrulla Fronteriza.

Durante más de 10 años Kirchner fue directora ejecutiva de la Federation for American Immigration Reform (FAIR), un grupo de cabildeo antiinmigración que el Southern Poverty Law Center clasifica como un grupo de odio, fundado en 1979 por el supremacista blanco John Tanton, quien ha expresado su temor por el cambio demográfico de EU escribiendo:

“Gobernar es poblar. ¿La mayoría actual entregará pacíficamente su poder político a un grupo simplemente porque éste es más fértil? Mientras los blancos ven declinar su poder y el control de sus vidas, ¿se conformarán con desaparecer silenciosamente en la oscuridad o habrá una explosión?”.

 
De acuerdo con un artículo publicado por el New York Times en abril de 2011, Tanton cree en la superioridad genética de los blancos, apoya la eugenesia, fustiga la “arremetida latina” contra Estados Unidos y durante un tiempo tuvo una relación epistolar con un abogado del Ku Klux Klan.

FAIR ha recibido, según varios reportes publicados, más de un millón de dólares de financiamiento de una organización llamada Pioneer Fund, que se describe a sí misma como un grupo formado en la tradición evolutiva de Charles Darwin y de Francis Galton considerado este último el padre de la eugenesia por impulsar la aplicación de la selección artificial del ser humano para mejorar la raza. Durante los últimos 70 años, el Pioneer Fund ha financiado controvertidas investigaciones sobre raza e inteligencia con el propósito de demostrar “la superioridad de la raza blanca”. El mandato original del grupo era promover los genes de aquellos que pudieran ser considerados descendientes de las personas blancas que se asentaron en las primeras trece colonias antes de que se adoptara la Constitución.

Desde su fundación en 1979, FAIR ha impulsado una agenda centrada en impulsar una moratoria completa de toda la inmigración a los Estados Unidos, definida por ataques rabiosos hacia inmigrantes no blancos, siendo considerado su fundado John Tanton, el creador del movimiento antiinmigrante moderno.

En septiembre de 2011, Rubén Luengas abordó este tema en un artículo titulado “Los Indeseados”, del que Entre Noticias reproduce un fragmento:

“Existen muchas otras evidencias de los vínculos actuales entre la perspectiva alucinante de la eugenesia encarnada en grupos o personas y la guerra desatada contra los inmigrantes indocumentados utilizados como chivos expiatorios para ocultar las verdaderas causas de la catástrofe económica y social que estamos contemplando dentro y fuera de los Estados Unidos. Los indocumentados no son la voz del problema que hay que silenciar, son el eco, no son causa, sino efecto, en sus países de origen y fuera de ellos, donde el maridaje entre las oligarquías nacionales e internacionales y su congénita imposición de prácticas económicas deshumanizadoras, les redujo al mínimo la opción de oportunidades y de una plena libertad para echar mano de herramientas que les permitan ser los orgullosos arquitectos de su propio destino y por eso es aberrante criminalizarlos, culparles , odiarles, como perverso es considerar la opción eugenésica que sigue viva en no sé cuántas mentes perturbadas y con delirios de grandeza”.

 
Es ese el contexto en el que se da el reciente nombramiento de la activista antiinmigrante Julie Kirchner como asesora en la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).

Redacción/Entre Noticias

Las descabelladas promesas que Trump está cumpliendo ahora como presidente, reviven a su estilo la doctrina del "Destino Manifiesto", misma que utilizara el presidente James K. Polk como excusa para la invasión de Estados Unidos a México entre 1846 y 1848 con las conocidas consecuencias de una enorme pérdida de su territorio.

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¿Puede llevar Trump a México a su segunda independencia como ha dicho el historiador Lorenzo Meyer?. (Foto: Reverendo Theodore Parker.)

Justo cuando Estados Unidos veía a México como un territorio de oportunidad para expandir su poder en 1846, año crucial para uno de los episodios más trágicos de la historia del México “independiente”, conocido como la “Intervención Estadounidense en México”, el reverendo Theodore Parker, quien combinó una elocuente crítica de la guerra contra México con su desprecio hacia los mexicanos, arribando a la conclusión de sus vecinos del sur merecían el mismo desenlace que tuvieron quienes habitaban lo que hoy es Estados Unidos antes de la colonización de los ingleses.

 

“Los mexicanos son un pueblo miserable; miserable en su origen, historia y carácter, quienes deben eventualmente hacerse a un lado como hicieron los indios … Estados Unidos debe expandirse no por la guerra, sino por el poder de sus ideas, por el avance firme de una raza superior, con ideas superiores y una mejor civilización. Por ser mejor que México, más sabio, más humano, más libre y viril”.

 

Otra referencia ruin de la época hacia los mexicanos es la del explorador, abogado y viajero Thomas Jefferson Farnham.

“Los mexicanos son una raza de hombres pusilánimes y no es apta para controlar los destinos de ese hermoso país”.

 

Una más para la antología de declaraciones ultrajantes emitidas en Estados Unidos sobre los mexicanos, el editorial del Richmond Times en 1846.

“¿Estamos preparados para poner en igualdad social y política con nosotros, a la mitad de las especies y razas mestizas de México? La idea es repugnante”.

 
Podrían llenarse muchas páginas con citas similares que revelan la peligrosa y mitológica idea del llamado “excepcionalismo norteamericano”. Una más reciente, la del candidato republicano a la presidencia y de religión mormona en 2012, Mitt Romney.

“Dios creó a los Estados Unidos para que dirija al mundo”.

 
Donald Trump, claro exponente del antiintelectualismo cuya principal característica es un furibundo desprecio por la inteligencia, debe ignorar que entre 1846 – 1848
los norteamericanos les arrebataron a México, en una guerra injusta, infame, cruel e inhumana más de la mitad de su territorio: California, Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada, Colorado, y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma. Pero antes, ya le habían arrebatado a Texas (1840). Esta guerra, que muchos norteamericanos con conciencia critican todavía, finalizó como es sabido, con el Tratado Guadalupe Hidalgo de 1848. México perdía así 2 millones 100 mil kilómetros cuadrados de su territorio de entonces (el 55%).

Si Trump no es ajeno a la realidad de como verdaderamente ocurrieron esos hechos de la historia, es evidente que le importa un cacahuate, pues montado sobre su agenda delirante aún siendo aspirante a la presidencia, no tuvo la menor vergüenza en arrojar dardos cargados de veneno puro para manufacturar una masa propagandista de emociones colectivas contra los actuales mexicanos, actualizando así a su estilo la vieja doctrina del “Destino Manifiesto” y su necesaria y conveniente designación de un enemigo.

“México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores. Asumo que hay algunos que son buenos”.

 
Ya como presidente, Trump ha descargado la tinta de sus bolígrafos para firmar acciones ejecutivas contra quienes han sido designados para desempeñar el papel de “chivos expiatorios”.

El escritor estadounidense Morris Berman, describe en su libro “Cuestión de Valores” la evolución de la noción histórica que los norteamericanos tienen de ser “pueblo elegido”, remontándose a quien sería futuro gobernador de la Colonia de Massachusetts Bay, John Winthrop, cuando viajaba de Inglaterra hacia América en el Arabella, en 1630.

“Nos daremos cuenta de que el Dios de Israel está entre nosotros … Nos llenará de alabanza y de gloria …Pues hemos de considerar que seremos como una Ciudad en una Colina. Todos los ojos estarán puestos en nosotros”.

 
Explica Berman que “los puritanos tomaron a los judíos del Viejo Testamento como su modelo, en donde el éxodo de Egipto y la invasión de Canaan fueron vistos como el paradigma para el establecimiento de las colonias. La noción de que la historia de Estados Unidos es la principal manifestación de la voluntad de Dios en la tierra, conserva un gran arraigo en la psique norteamericana”.

En agosto de 2005 el historiador Howard Zinn, durante la administración de George W. Bush, advertía con apremio sobre los peligros de adjudicarse la idea de haber sido elegidos por Dios para la realización de una “misión divina’.

Una orden divina es una idea muy peligrosa, más si se combina con potencia militar (Estados Unidos tiene 10 mil armas nucleares, bases militares en cientos de países y naves de guerra en todos los mares). Con la aprobación de Dios, no hay necesidad de criterios humanos de moralidad. Cualquiera que hoy invoque el respaldo de Dios se avergonzaría de recordar que las tropas de asalto nazis tenían escrito en sus cinturones “Gott mit uns” (“Dios está con nosotros”).

 
Las descabelladas promesas que Trump está cumpliendo ahora como presidente, reviven a su estilo la doctrina del “Destino Manifiesto”, misma que utilizara el presidente James K. Polk como excusa para la invasión de Estados Unidos a México entre 1846 y 1848 con las consecuencias ya antes mencionadas.

¿En qué terminará todo esta obsesión de Trump con México simbolizada hasta ahora por la construcción de la extensión de un muro en la frontera?

Una de las respuestas más interesantes a esa pregunta es la que dio hace unos días el historiador Lorenzo Meyer al portal sinembargo

Habrá sacrificios, pero Trump puede llevar a México hacia su “segunda Independencia”.

 
Rubén Luengas/Entre Noticias

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«Vive como si fueras a morir mañana; aprende como si el mundo fuera a durar para siempre» y el 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado por las balas de un fanático hindú, relacionado con grupos ultraderechistas de la India. Godse, el asesino, y su cómplice Narayan fueron juzgados y condenados a muerte.

Gandhi

Por Víctor Arrogante

Fue un 30 de enero de 1948, cuando Mahatma Gandhi moría asesinado. Abogado, pensador y político hinduista indio. Aunque fue el artífice de la independencia de la India en 1947, no se le recuerda tanto por ello, sino por su activismo pacífico fundado en la no violencia y en la fuerza de las convicciones, que significó una profunda renovación ética y espiritual del ser humano. Mohandas Karamchand Gandhi, un hombre singular, irrepetible, austero y de absoluta modestia. Sus teorías modificaron la configuración política e ideológica del mundo. Un ejemplo de vida y de lucha.

Había nacido en Porbanda, un remoto lugar de la India, donde la política era sinónimo de corrupción. En este ambiente, Gandhi, introdujo la ética en la política y su ejemplo como forma de vida. Vivió en la pobreza, rechazó el poder político y no concedió prebendas ni a amigos ni familiares. Desde 1918 estuvo al frente del movimiento nacionalista indio. Instauró un método de lucha social comprometido y novedoso: la huelga de hambre. Rechazaba la lucha armada y practicaba la no violencia, como instrumentos para luchar contra el dominio británico.

En el sesenta y nueve aniversario de su muerte, quiero recordar una historia, que por entrañable, merece la pena volver a relatar. Cuando Gandhi estudiaba derecho en la University College de Londres, un tal profesor Peters, le tenía animadversión, pero el joven Gandhi nunca le permitió humillación alguna. Un día Peters estaba almorzando en el comedor de la universidad, cuando el alumno buscando sitio lo encontró a su lado. El profesor, altanero, le dice: —Señor Gandhi, usted no entiende: Un puerco y un pájaro, nunca se sientan a comer juntos—; a lo que Gandhi le contesta: —Esté usted tranquilo profesor, yo me voy volando— y se cambió de mesa.

Otro día, el señor Peters, con ánimo vengativo le interpela: —Señor Gandhi, caminando por la calle se encuentra dos bolsas. En una está la sabiduría y en la otra mucho dinero, ¿cuál de los dos se llevaría usted? Gandhi responde sin titubeo: —La del dinero—. El profesor altivo, con sorna y creyéndose ganador de la contienda floral le espeta: —Yo, en su lugar, hubiera escogido la sabiduría—. A lo que Gandhi respetuoso responde: —Cada uno toma lo que no tiene—. El profesor Peters, histérico, no sabe como poder a alumno tan aventajado, y tras corregir un excelente examen, escribe a pie de página: —«Idiota»— y le devuelve el ejercicio. Gandhi toma la hoja y tras leer la anotación, se dirige al profesor: —Señor Peters, ha firmado la hoja, pero no me puso la nota—. La recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. «Un esfuerzo total es una victoria completa», como quedó demostrado.

Fuera como un pajarillo volandero o como un sabio sin dinero, Gandhi en su vida estuvo a la altura de las circunstancias. Decía las cosas como las sentía. No se dejó humillar, ni por profesor impertinente ni por las circunstancias históricas de la India ni por los acontecimientos del mundo en tensión que le tocó vivir. Vivió 78 años, pregonando la total fidelidad a los dictados de la conciencia, llegando a la desobediencia civil. Quien dijera «Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia», defendiendo la no violencia, murió de forma violenta.

Jugó un importante papel en la independencia de la India. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Gandhi retorna al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Jawaharlal Nehru y otros líderes del Partido del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. La decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña, sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas. Provocó la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso Nacional Indio. Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera tomar libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del Partido, lo que produjo una sublevación y revueltas violentas en todo el país. Ésta fue la última vez en la que estuvo en prisión. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en 1944.

Finalizada la guerra, y tras la subida al poder de los laboristas en Inglaterra, Gandhi desempeñó un papel fundamental en las negociaciones que llevaron a la independencia. Durante sus últimos días en Delhi llevó a cabo un ayuno para reconciliar a las dos comunidades enfrentadas. En 1946 el Mahatma vio con horror cómo los antiguos fantasmas indios resurgían durante la celebración del nombramiento de Nehru como jefe de gobierno, que fue el pretexto de los violentos disturbios motivados por la pugna entre hindúes y musulmanes.

«Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino». Lucha constante y coherente con la forma de pensar. «La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo… Dicen que soy héroe; yo débil, tímido, casi insignificante. Si siendo como soy, hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos», dicen que dijo.

«Vive como si fueras a morir mañana; aprende como si el mundo fuera a durar para siempre» y el 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado por las balas de un fanático hindú, relacionado con grupos ultraderechistas de la India. Godse, el asesino, y su cómplice Narayan fueron juzgados y condenados a muerte. Por el contrario, el que se considera como instigador del asesinato, el presidente del partido Hahasabha, Vinayak Damodar Savarkar, quedó libre sin cargos por falta de pruebas.

«El Mahatma Gandhi ha sido asesinado en Nueva Delhi esta tarde, a las 5:17. Su asesino es un hindú». La India había escapado a una matanza; ya no le quedaba más que llorar. (De Esta noche la libertad). Como dijera Albert Einstein, «quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo». Pero fue: de carne y hueso, de espíritu fuerte y condición comprometida.

«El débil nunca puede olvidar. Olvidar es un atributo del fuerte». Personajes como Gandhi pocos han existido, aunque quizás haya alguno entre nosotros sin dejarse ver

Victor Arrogante

Artículo publicado originalmente en Nueva Tribuna
 
Victor Arrogante: Profesor. Ayer y hoy militante por la justicia, la igualdad y la solidaridad. Colabora con su opinión en Diario Progresista, Cuarto Poder, Nueva Tribuna, Publicoscopia y muchos otros medios. Es autor del libro “Reflexiones republicanas” publicado por CultivaLibros.
(@caval100)

Buitres

“Hay cosas que sentimos en la piel, otras que vemos con los ojos, otras que nomás nos laten en el corazón”. (Carlos Fuentes)

Por Rubén Luengas

El pasado 20 de enero, publiqué un mensaje en Twitter expresando la convicción de que, en realidad, muchos de los que ahora se muestran nacionalistas y exaltan la necesidad de la unidad y los valores tradicionales de México, están entre los más sombríos enemigos de México: “Los más sombríos enemigos de México no están fuera, sino dentro. Buitres cómplices que se benefician ($) de la desnacionalización del país”.

Piden hoy la unidad, después de haber tirado a México por la ventana, de haber entregado muchos de sus recursos a los buitres globales. Son en realidad traidores vendepatrias, que están ahora en apuros ante las amenazas del troglodita fascistoide que cayó del norte.

Sin embargo ellos, le han hecho más daño a México. Son buitres locales al servicio de los depredadores globales quienes se han beneficiado de la desnacionalización del país.

Digo desnacionalización sin que eso signifique albergar deseos patológicos de chovinismo alguno. Para nada, ni del más mínimo deseo de que México fuera país de raíces y pies, sin serlo también de alas, abierto sin complejos al mundo.

Ahora están diciendo que “hoy más que nunca es el momento de amar a México”. Muchos serán sinceros y lo dicen convencidos, otros en el fondo han demostrado tener un profundo desprecio por los mexicanos que “no son de su clase”, y cuando dicen “México”, piensan en sus privilegios dentro del país al que Trump ha decidido calumniar, más allá de quienes sí merecen, no por Trump, sino por los propios mexicanos, ser tratados como viles corruptos delincuentes. Incluidos esos “intelectuales” que se las arreglan para parecer defensores de México, habiendo sido parte de su desnacionalización.

Hay muchos agravios internos y lacerantes contra México, muchos muros construidos por el racismo y clasismo domésticos. Ojalá que este grotesco personaje llamado Donald Trump, sirva de catalizador para un verdadero y genuino cambio de conciencia en México que de cara a los vendepatrias y traidores que hoy quieren escudarse en la reacción de valoración de lo nacional que las agresiones de Trump han despertando entre los mexicanos.

En lo personal rechazo tajantemente el nacionalismo “imbecilizador” al que refiere así el español Fernando Savater:

“El nacionalismo es una inflamación de la nación igual que la apendicitis es una inflamación del apéndice”.

 

Sin embargo, a quienes le tenemos agradecimiento y amor sincero a lo que en nuestros corazones significa una realidad llamada México, nos haría bien escudriñar en el significado de esto que expresara el ensayista y político argentino Arturo Jauretche.

“El nacionalismo de ustedes se parece al amor del hijo junto a la tumba del padre; el nuestro, se parece al amor del padre junto a la cuna del hijo (…) Para ustedes la Nación se realizó y fue derogada; para nosotros, todavía sigue naciendo.

 

 

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"Durante las últimas décadas la democracia ha enfermado, no responde a lo que los ciudadanos esperan de ella porque quienes acceden al poder trabajan para los poderosos"

fascismo

“Trump no ha surgido porque sí, como Hitler no cayó de una estrella”.

Por Pedro Luis Angosto

Una constante de la historia europea desde la caída del Imperio Romano y el triunfo del cristianismo fue la persecución de los judíos y de las minorías disidentes o molestas. El judío, el árabe, el gitano, el pobre, se convirtieron por voluntad y palabra de quienes dominaban los púlpitos –antiguas televisiones de proximidad- en responsables de todos los males que azotaban a las sociedades del tiempo antiguo. La peste bubónica, la lepra, el envenenamiento de las aguas, las hambrunas, las inclemencias meteorológicas eran reconducidas por los pontífices hacia la perfidia de determinadas colectividades que, ajenas a lo ario, habían llegado del averno para enturbiar las claras y pacíficas aguas de la convivencia entre autóctonos. Ahora, a día de hoy, ya no son los judíos centro de las iras pueblerinas, todo lo contrario, de perseguidos han pasado a la categoría de perseguidores implacables sin que su desgraciada historia les haya servido para no cometer los errores que secularmente se perpetraron con ellos. Sin embargo, siguen siendo muy peligrosos los musulmanes, los gitanos, los extranjeros pobres y los pobres nacionales.

Hace unos años estaba en la casa de mi madre reponiendo un muro que había sido dañado por las lluvias. Para tal labor busqué la ayuda de un joven almeriense que estaba en paro y necesitaba ganar dinero como fuese. Mientras trabajábamos con el cemento y la arena me fue contando su vida. A los quince años dejó los estudios porque había encontrado trabajo en una obra, un trabajo por el que le pagaban mil quinientos euros por llevar y traer carretillas con ladrillos. Satisfecho con la situación decidió casarse, comprarse un piso y tener un hijo, con tan mala fortuna que a los cuatro años estalló la burbuja inmobiliaria quedándose entonces sin trabajo, sin piso, sin auto, sin ESO ni bachiller pero con un hijo y un montón de deudas. De aquel tiempo de esplendor se había salvado la play station 2 y una serie de juegos ad hoc en los que empleaba casi todas las horas del día y de la noche. Su historia, en verdad dramática, no difería mucho de la de miles y miles de jóvenes que al calor del ladrillazo dejaron los estudios sin que ninguna Administración Pública -ni la local, ni la autonómica ni la estatal- tomasen ningún tipo de decisión para impedir que adolescentes que no habían terminado la enseñanza obligatoria accediesen al “mercado laboral”, iniciando de ese modo el camino más recto hacia la exclusión social. Estuvimos varios días trabajando, hasta que una mañana al ver a dos bolivianos podando unos árboles en las inmediaciones me dijo cargado de odio y resentimiento: “Esto con Franco no pasaba, lo que había en España era de los españoles”. Me quedé un momento mirándolo y le pregunté, ¿sabes quien fue Franco? Me dijo que un hombre que había ganado las elecciones muchas veces y había hecho mucho bien a España. Nuestra relación laboral acabó ahí, después lo lamenté, tal vez podría haber hecho algo más, pero en ese momento me resultó imposible. Pues bien, el hombre que ha ganado las elecciones en Estados Unidos, Donald Trump no es muy diferente a mi compañero de trabajo, sólo se distinguen en que mi compañero no tenía un duro.

En España nadie puede esperar el triunfo de la ultraderecha porque ya llegó hace cinco años, con su franquismo brutal, con su odios atávicos, con su predisposición a hacer todo lo posible para que los que más tienen tengan más y menos quienes de más carecen. En Estados Unidos, sin embargo, nunca ha existido un gobierno que no fuese de derechas y lo lógico es que hastiados de gobiernos que difieren poco unos de otros optasen por la ruptura, podían haber elegido el camino de Bernie Sanders, pero eso olía a antiamericano mientras Donald Trump olía a hamburguesa bien preñada, a asociación del rifle y a quien la hace la paga, todo ello mucho más americano. Los yanquis que votaron y los que se quedaron en su casa siguiendo la consigna extendida por los medios oficiales de que todos son iguales, decidieron llevar al despacho oval de la Casa Blanca a un analfabeto que había sabido llegar al populacho con propuestas demagógicas que prometían soluciones inmediatas a los males causados por la globalización y los extranjeros, propuestas tan entendibles como castigar a aquellas empresas que deslocalicen su producción o expulsar a los emigrantes. Trump es racista, xenófobo, homófobo, misógino, clasista y mala persona, pero además es un ignorante, un patán que apenas sabe articular un pensamiento medianamente complejo, como le sucede a la mayoría de los votantes que le han otorgado el triunfo. No se pierde en circunloquios macroeconómicos ni en debates hueros, va directamente al grano, ha encontrado al causante de todos los males que sufre el americano medio y promete acabar con él para devolver el bienestar a la buena gente, como Rajoy. El enemigo es el extranjero, el hispano, el musulmán, el negro, las mujeres, los diferentes; la buena gente, él, los dueños de las petroleras, farmacéuticas y armamentísticas, los hombres y mujeres que cumplen con los oficios religiosos y no se meten donde nadie les llama.

Sin embargo, Trump no ha surgido porque sí, como Hitler no cayó de una estrella. Como sucedió en la década de los años treinta en Alemania, las sociedades occidentales de hoy en día llevan muchos años acumulando odio y rencor contra las clases dirigentes, contra la utilización de la democracia por políticos profesionales que apenas saben de ideologías pero sí de intereses personales y corporativos, de representantes que una vez elegidos se olvidan de los electores y de las promesas que les dieron el triunfo, de discursos repetitivos y vacuos que se evaporan pasados los comicios, de la depreciación del valor del trabajo debido a la competencia de países que no respetan las reglas del juego porque nadie se lo ha exigido, porque quienes han ido a Oriente abandonaron Occidente para no tener que pagar seguros sociales ni cumplir con leyes que limitaban la jornada laboral o prohibían el trabajo de niños, ancianos y enfermos, de que el Fisco se fije únicamente en quienes tienen nóminas y no en quienes amasan fortunas inmensas muchas veces al calor de los presupuestos de los Estados, de que la palabra “recorte” se haya convertido en la informadora única de cualquier política económica. Donald Trump, Rajoy, May y los que están por venir, son el resultado de todo ese orden de cosas, de unas sociedades que se han separado casi totalmente de su clase política convertida en Nomenclatura tal como sucedió en los últimos años de la URSS.

Durante las últimas décadas la democracia ha enfermado, no responde a lo que los ciudadanos esperan de ella porque quienes acceden al poder trabajan para los poderosos, llegando a situaciones tan abusivas y crueles como la actual subida de la luz en España en plena ola de frío siberiano, dando por normal que una parte muy considerable de la población esté en paro o aún trabajando no pueda cubrir con el sueldo los gastos más elementales, otorgando rango de naturalidad al robo, el nepotismo y la prevaricación. Trump, que es un corrupto y una persona que presume de no pagar impuesto para mantener a “esa gente”, es un golpe encima de la mesa del sistema, pero un golpe en el lado equivocado porque con su demagogia barata ha captado el voto de sesenta millones de norteamericanos –más de ciento cincuenta se han quedado en su casa viendo el partido de beisbol al calor de unas birras- que serán empleados en llevar el capitalismo hacia el paroxismo, o sea hacia el fascismo. En Europa ya tienen los brazos abiertos nuestros gobernantes patrios más los que sin ningún pudor se reunieron en Coblenza para dar carta de naturaleza, otra vez, a la Internacional Negra. Entre tanto, quienes han sido elegidos por los ciudadanos para defender el bien común y el interés general, seguirán a lo suyo, mirando hacia otro lado, como si aquí no estuviese pasando nada, y ya lo creo que ocurre, tal como han hecho las cosas nadie puede hoy aislar a China y en Europa, Theresa May, con el apoyo de Trump y los ultras del continente, está dispuesta a hacer saltar por los aires una Unión Europea que nadie quiere tal como está porque con sus actuales políticas está consiguiendo que sus ciudadanos vivan peor cada año. Si no reaccionamos con todas nuestras fuerzas ante lo que ya está aquí, delenda est democracia.

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Las preguntas de fondo surgen en este punto: ¿cuál es el legado del gobierno de Barack Obama quien deja el gobierno el 20 de enero de 2017?

En diciembre son comunes los recuentos, los resúmenes, las síntesis del año que se termina. El 2016 ha sido un año particularmente convulsionado en la arena política de Estados Unidos. Este escenario, con cambio de partido gobernante incluido, exige realizar un examen a la administración que se va. Un rito funerario a Barack Obama.

El cuadragésimo cuarto inquilino de la Casa Blanca deja la presidencia en manos de un empresario que lo acusó durante años de no ser estadounidense. Donald Trump representa, de alguna manera, una antítesis de Obama: millonario, estrella de televisión, sin cargo político previo, de origen noreuropeo. La misma nación que votó por el primer mandatario afrodescendiente ahora elige a un nuevo líder con cuestionables nexos con grupos de supremacía caucásica.

En una reciente entrevista con la National Public Radio, Obama apuntó a Hillary Clinton y al Partido Demócrata como responsables parciales de este giro radical en el electorado. Para el presidente saliente, su ex secretaria de Estado y oficiales del partido no supieron comunicarse con el electorado rural, que fueron los que se inclinaron por Trump en sendos márgenes. Obama indica que los medios de comunicación también tuvieron un rol decisivo en focalizar su atención en temas controversiales (los correos electrónicos de Clinton, por ejemplo) en vez de los temas promovidos por el programa del Partido Demócrata, que según el presidente cuentan con la venia popular.

Las preguntas de fondo surgen en este punto: ¿cuál es el legado del gobierno de Barack Obama? ¿Cuáles son sus políticas que cuentan con tal grado de aceptación popular, que pudieron ser eficientemente defendidas y promovidas por la candidata oficialista, Hillary Clinton? Al subrayar las deficiencias de Clinton como candidata, Obama omite sus propios flagelos como cabeza de una coalición gobernante que perdió el poder Ejecutivo, ambas cámaras del Congreso, y también la Corte Suprema, si consideramos que el miembro que falta será nombrado por Donald Trump y los republicanos con su mayoría parlamentaria.

La reforma a la salud ha sido mencionada como la piedra angular de su legado. El Affordable Care Act, ley referida de manera informal como “Obamacare”, tiene detractores en ambos lados del espectro político. Por un lado, ha sido incapaz de bajar los costos de los planes de salud (los más altos del mundo). Además, la penalización para personas que no se adhieran al sistema es un aspecto impopular de la legislación. Los republicanos abogan por eliminar la reforma, mientras que el ex candidato independiente Bernie Sanders proponía un sistema de pago único, que garantiza cobertura de salud universal, mientras mantiene la prestación de servicios de salud en manos de privados.
Si bien la reforma ha permitido ampliar la cobertura y eliminar la discriminación basada en patologías preexistentes, Obamacare se balancea entre los intereses de los pacientes, de las aseguradoras, de las empresas farmacológicas y de los prestadores de servicios de salud, no dejando a nadie fehacientemente satisfecho.

Esta indefinición ideológica está en la esencia de la administración de Obama. Acusando obstrucción parlamentaria a sus propuestas, el presidente ha preferido el camino medio, el de los acuerdos mínimos.

En el tema de inmigración, argumentando la falta de colaboración de congresistas republicanos, Obama esperó hasta el final de su primer mandato para usar una orden ejecutiva para el DACA, o “Dream Act” que protege temporalmente a jóvenes estudiantes extranjeros. También esperó hasta el ocaso de su segundo mandato para el DAPA, que favorece a los padres extranjeros de ciudadanos estadounidenses, que terminó siendo impugnado por las cortes. En tanto, se mantuvo el trabajo del desafiante programa “Comunidades Seguras” y se deportaron más de dos millones de inmigrantes indocumentados, la mayoría de ellos sin antecedentes criminales. La crisis de migrantes menores de edad desde Honduras, El Salvador y Guatemala se unió a la deplorable condición de las personas en centros de detención que esperan meses por una audiencia, muchas veces sin asesoría legal.

En política exterior, el presidente prometió un giro de ciento ochenta grados con respecto a su antecesor, George W. Bush. Sin embargo, Obama no cerró Guantánamo, involucró a Estados Unidos en la política interna de Siria apoyando a controversiales grupos rebeldes (con resultados nefastos) y tuvo que hacer frente al ascenso del Estado Islámico. Estos factores terminaron por corroer las novedades de su política exterior (renovación de relaciones con Cuba, por ejemplo) y centrando el debate en el contra-terrorismo, solidificando la estampa impuesta por Bush.

En materia económica, los estadounidenses han sido reacios en admitir los datos macroeconómicos del gobierno de Obama (crecimiento lento pero constante). Al contrario, desde la izquierda y la derecha hay descontento con el estado de la economía. Quienes apoyaron a Sanders piden un sueldo mínimo de 15 dólares por hora y los que apoyaron a Trump fustigan los tratados de libre comercio por “exportar” puestos de trabajo a países extranjeros. Hillary Clinton promovió en un principio el Tratado Trans-Pacífico (TPP), pero después se manifestó contraria a la expansión de los tratados de comercio. Mientras los feligreses demócratas subrayan que Obama tomó al país al borde del colapso económico y logró repuntar, sus detractores apuntan al salvamento de banqueros y de la industria automotriz.

La carencia de una utopía, de un marco ideológico definido que guíe las políticas públicas promovidas por el gobierno de Obama provocaron incertidumbre en el Partido Demócrata y una generalizada desconfianza del electorado en la élite gobernante. La ascención de Sanders, y últimamente de la senadora Warren, como líderes recientes del ala progresista del congreso se enmarcan justamente en la erosión de los liderazgos de la cúpula demócrata. Hillary y Bill Clinton, Harry Reid, Debbie Wasserman Schultz, Nancy Pelosi, el mismo Barack Obama, han sufrido el rechazo popular por su incapacidad de encausar al oficialismo en las reformas sustanciales que el electorado viene pidiendo desde los comicios del 2008. El “Change” (cambio) que fue el lema de la primera campaña presidencial de Obama nunca llegó. No es sorpresivo entender, en ese contexto, la fortaleza del populismo nacionalista impulsado por Donald Trump.

En las numerosas entrevistas que el presidente saliente ha otorgado, existe una evidente falta de reflexión con respecto a sus propias falencias como gobernante, lo cual es un ejercicio imperativo para convertirse en uno de los líderes que una fuerza política opositora requiere. El juicio histórico puede ir por dos caminos: culpar al congreso por su intransigencia con la administración de Obama, o bien culpar al mandatario por responder con tibieza en un momento que la nación pedía un radicalismo alejado de las conversaciones de pasillo de Washington D.C. (justamente lo que Trump promete). De todas formas, lo que es evidente es que Obama no tiene un legado con la profundidad del ofrecido por L. Johnson o el carácter y la convicción de F. D. Roosevelt (ambos, sin dudas, con sus luces y desaciertos). Obama seguramente pasará a los textos de historia como un símil de J. Carter: un hombre de buenas intenciones, que fue reemplazado por una estrella mediática que promete desmantelar el status quo, que dice aborrecer a la clase política, que puede llegar a barrer con muchos de los progresos sociales alcanzados en las últimas décadas.

Por Hugo Espinoza / Entre Noticias

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Lo ocurrido a la senadora Ana Gabriela Guevara el domingo pasado en la carretera México-Toluca, es uno más de tantos casos sintomáticos del estado de anomia crónica que vive la sociedad mexicana. Una grave situación en la que las personas no se reconocen, no se aman, sino que se repelen y en la que no se ha interiorizado en definitiva la necesidad de la ley, de valores, normas y modos de convivencia dignos del ser humano.

Tiene razón el periodista Jenaro Villamil al señalar indignado las reacciones de muchos usuarios de las redes sociales ante la brutal golpiza contra la exatleta mexicana.

La falta de empatía que inunda el estado de ánimo social de las redes con mucha frecuencia volvió a aparecer de forma escabrosa. Aquí tan sólo algunos ejemplos, muchos de ellos redactados por mujeres:

“Como es senadora, entonces sí van a mover todas las dependencias para agarrar a los agresores”…

“Te auxiliaron porque eres figura pública. Pero hay miles que viven lo mismo y no se hace nada”…

“Hay miles de mujeres violadas a diario y ellas no están chillando”.

“NO cabe duda que cuando quieren hacer pinche teatro lo hacen para distraer al pueblo”…

“Que chinguen a su madre ella, el Senado de la República y el América”.

“No me alegra, pero así como le dolió a ella nos ha dolido a muchas”.

 

La severa crisis de violencia que atraviesa el territorio mexicano ha alcanzado prácticamente a todos los niveles de la sociedad, sin embargo son aquellos que se encuentran en los estratos más vulnerables los que la padecen de una manera más directa y cruda, teniéndose que enfrentar a un sistema que empantanado en burocracia y corrupción hacen el proceso de denuncia un camino tortuoso para las víctimas y sus familiares, por lo cual muchos de los afectados terminan por abandonar su búsqueda de justicia en los mejores casos, teniendo en otros que enfrentarse incluso a la intimidación y persecución por parte no sólo de los victimarios, sino de los mismos funcionarios que en muchas ocasiones son no sólo encubridores de las violaciones a los derechos humanos sino plenos partícipes y cómplices de los delitos, por lo cual se lleva a la sociedad a un grado de tensión y desencanto con las “autoridades”, haciendo ver su descontento en casos como el ocurrido con Guevara, quien en su carácter de funcionaria y figura pública recibe atención pronta y ejemplar, a diferencia de los miles de casos ocurridos día con día dentro del país, mismos que son archivados, encarpetados y nunca alcanzan una resolución favorable para las víctimas que impotentemente observan cómo todo “el peso de la ley” se utiliza sólo en casos mediáticamente destacados.

En las últimas horas la exatleta y senadora Ana Guevara ha compartido a través de diversos medios un breve video que da testimonio de la discusión que ambas sostuvieron con sus atacantes. Karina Rincón, la amiga de Guevara que viajaba con ella el domingo pasado cuando fueron golpeadas en la autopista México-Toluca fue quien grabó el material.

“¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Te estoy grabando”, le dice la mujer a dos de los sujetos, quienes viajan en un vehículo y que supuestamente golpearon sus motocicletas con éste en el acotamiento en la autopista México-Toluca.

 

En una parte de la discusión, un hombre le dice a las mujeres: “te voy a romper tu puta madre”. A lo que Karina, la acompañante de Guevara, le responde: “tú estás chavito, no te metas, tu papá está mal”.

Recalca la senadora por el PT y ex atleta olímpica que lo sucedido el domingo fue “una agresión de género” por ser motociclista, sin embargo más allá de la grave crisis de seguridad que atraviesa el género femenino, la poca empatía con los semejantes es un mal que aqueja sin distinción de sexo ni edad, que afecta gravemente el tejido social e invisibiliza el verdadero problema: la corrupción gubernamental.

El quebranto del tejido social que se vive dentro del territorio mexicano obedece también a las políticas impuestas desde las altas esferas legislativas, mismas que enfatizan las diferencias y no atacan la raíz del problema. Muchas son las quejas entre los habitantes de la ciudad de México que señalan por ejemplo, la práctica de dividir a los usuarios por sexos dentro del transporte público como una aceptación tácita por parte de las autoridades de su incompetencia y poca eficacia para fomentar la sana convivencia entre ambos géneros e incentivar el respeto mutuo, y a su vez, imposibilitan y minimizan los demás aspectos a los que se enfrenta la sociedad mexicana y que ha costado la vida de mujeres, hombres, niños y niñas, en una ola de violencia y sangre que sólo es reflejo de la indiferencia gubernamental ante los reclamos de una nación presa del hartazgo e impotencia al no ser escuchada.

Es condenable lo ocurrido a la senadora Guevara y sin embargo es sólo la punta del iceberg de una grave crisis y se debe tomar como un punto de partida para buscar sin distinción de sexo, edad ni condición social, la unión entre los individuos para promover el crecimiento como sociedad y lograr un verdadero contrapeso ante la descomposición de las instituciones que debieran dirigir a la misma a su sano desarrollo.

 

“Si no luchamos juntos, nos matarán por separado.”

Ernesto Guevara de la Serna

 

 

Redacción/Entre Noticias

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“la juventud actual es la primera generación desde la posguerra que va sufrir una inmovilidad [económica y social] mayor que la de sus progenitores (…) una generación con cero oportunidades, cero futuro y cero expectativas”.

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Para Giroux, el castigo y el miedo han reemplazado a la compasión y la responsabilidad social

“Tras la teoría política de Hanna Arendt, una nube oscura de ignorancia política y ética ha descendido sobre los Estados Unidos. Una especie de infantilismo político ahora da forma a la vida cotidiana de los adultos, a la par que los niños son despojados de su inocencia”.
Con estas palabras, el teórico social Henry A. Giroux inició un discurso, el pasado 14 de octubre de 2015, sobre la posición social que ocupan los y las jóvenes en EEUU. Para Giroux, en la sociedad actual estadounidense, las instituciones que fueron diseñadas para limitar el sufrimiento humano y la indignidad, ahora están conduciendo la política hacia un abismo en el que se está poniendo en juego el futuro de los y las jóvenes. El discurso se encuentra disponible en texto, en el magazine online truthout.org

En palabras del teórico “la juventud actual es la primera generación desde la posguerra que va sufrir una inmovilidad [económica y social] mayor que la de sus progenitores (…) una generación con cero oportunidades, cero futuro y cero expectativas”. Consecuentemente, para él, cada vez son más los y las jóvenes que tienen que aceptar una vida inestable de trabajos precarios, quedando excluidos y excluidas del “sueño americano”.

Ante esta lógica, los y las jóvenes se están convirtiendo (en el imaginario político) en personas con problemas en lugar de personas que se enfrentan a problemas. Cada vez son más los y las jóvenes que son vistos como una alteración del orden público, situación que les posiciona como un objetivo prioritario del “gobernar a través de la delincuencia”.

Para Giroux, el castigo y el miedo han reemplazado a la compasión y la responsabilidad social como elementos mediadores en la relación entre los y las jóvenes y la sociedad general. Según el autor, una sociedad que castiga a sus hijos e hijas, es una sociedad abocada a la destrucción completa.

Durante su discurso, Giroux habla de que la política postmoderna-neoliberal está impulsada por una ideología hipercompetitiva, no sólo económica, sino también social. Ello conduce a que muchos y muchas jóvenes aprendan rápidamente que su destino es únicamente una cuestión de responsabilidad individual, con independencia de las fuerzas estructurales más amplias. Así, cada vez son más numerosos los discursos políticos disponibles que hablan de las personas jóvenes en términos de “autodisciplina” y de “autogestión emocional”, dificultando con ello la posibilidad de que los y las jóvenes encuentren escenarios sociales en los que se facilite el entendimiento mutuo y el encuentro.

Para el teórico hay más en juego que los procesos de despolitización; también están en juego los lazos sociales, el razonamiento colectivo y los aparatos culturales indispensables para el sostenimiento de una sociedad democrática.

Por otro lado, en su discurso, Giroux ofrece algunas cifras relativas al castigo masivo de los y las jóvenes en EEUU, con objeto de incitar a la reflexión pedagógica y social sobre el devenir de la población joven y de la población general: “¿cómo se puede explicar una sociedad en la que hay 500.000 jóvenes encarcelados y 2,5 millones son detenidos cada año? ¿Una sociedad en la que a la edad de 23 años, casi un tercio de los estadounidenses han sido arrestados por un delito?”

No obstante, Giroux es consciente de que las discriminaciones sociales vertebran la “guerra contra los y las jóvenes”, ya que ésta será más dura para quienes encarnen la exclusión en términos de etnia, género, sexualidad, discapacidad o clase social.

Así, según la reflaxión del autor, en lugar de una retórica idealista que venere a los y las jóvenes, EEUU se encuentra ante una realidad social que visualiza a las personas más jóvenes a través de la óptica de la ley y el castigo.

Ante esta situación, para Giroux, es necesario que todas aquellas personas comprometidas con la equidad social, reflejen en sus cotidianidades y entornos sociales la necesidad de hacer frente a las condiciones estructurales y reconstruir estrategias que pongan freno a todas las formas de violencia social, política y económica que los y las jóvenes experimentan diariamente.

Texto publicado originalmente en Centro Reina Sofía; sobre Adolescencia y Juventud


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