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Este proyecto de “exorcismo de las armas” y de “reivindicacion de las victimas” como Reyes lo escribe en su blog, comenzó en el 2008 con el proyecto “Palas por Pistolas,” cuando Reyes fundió 1527 pistolas para crear 1527 palas con las cual se plantaron 1527 árboles, creando así vida y arte desde un metal cuya anterior función era justamente la muerte, como si se tratase efectivamente de un alquimista y un transformador.

Pedro Reyes transforma el plomo en oro, hace de un instrumento de la violencia y el odio, un instrumento del arte y de la fraternidad. Conozca la historia de este extraordinario mexicano.

¡Dispárame una nota! ¡Apúntame con la melodía del bajo!, podría llegar a decir alguien en una de sus sesiones. Se trata de un nuevo léxico que cobra vida gracias al esfuerzo y trabajo del artista mexicano Pedro Reyes, quien con su creatividad y deseo de mejorar la sociedad en la que vivimos, convirtió 6.700 armas de fuego en instrumentos musicales, llamando a este proyecto “Imagine”.

Este proyecto de “exorcismo de las armas” y de “reivindicacion de las victimas” como Reyes lo escribe en su blog, comenzó en el 2008 con el proyecto “Palas por Pistolas,” cuando Reyes fundió 1527 pistolas para crear 1527 palas con las cual se plantaron 1527 árboles, creando así vida y arte desde un metal cuya anterior función era justamente la muerte, como si se tratase efectivamente de un alquimista y un transformador.

Hay que resaltar que las acciones de Reyes no sólo son de carácter artístico vanguardista, sino también un acto político, de repudio a la violencia y a las armas que han matado ya más de 80.000 personas en México desde el 2006. El artista destaca que este rechazo a la violencia no debería limitarse sólo al uso de armas, sino también a la manufacturación de las mismas, a los shows, y al falso embellecimiento de ellas en los juegos de video y en las películas de Hollywood.

Con su projecto Imagine y desde Ciudad Juárez, nos recuerda que la proliferación de armas y el uso desmesurado de ellas es un problema global. La Red Internacional de Acción sobre Armas Pequeñas, Safeworld, OXFAM, reportaron que el conflicto armado cuesta, por ejemplo, al continente de África U$18.000 cada año, y que le costó cerca de U$300.000 entre los años 1990-2005, especialmente en países como Argelia, Angola, Burundi, África Central, Chad, Costa de Marfil, Eritrea, Guinea, Uganda y muchos otros que padecieron serios conflictos armados. Sin ir más lejos, cabe recordar el artículo del 9 de Julio del 2009 de Reuters, donde se indica que en países Centroamericanos como El Salvador, Guatemala y Nicaragua, han habido más muertes por armas en el 2009 que durante la guerra civil.

En este contexto, se debe considerar que Estados Unidos es el mayor importador de pistolas y exportador de revólveres y armas de caza, teniendo en sus tierras a los gigantes manufacturadores de armas Smith and Wesson y Sturm Ruger, además de toda una cultura de reivindicación del derecho a portar armas por sobre el derecho colectivo a la seguridad. Escándalos como la operación “Rápido y Furioso” ponen en tela de juicio el efectivo esfuerzo que las autoridades estadounidenses han alcanzado para frenar la importación de armas al sur de su frontera.

Alessandra Stanisic / Redacción “Entre Noticias”

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La película está basada en la obra homónima del autor chicano Rudolfo Anaya, exponente menor del llamado “realismo mágico”, corriente literaria latoamericana abundante durante la segunda mitad del siglo XX, que combina elementos sobrenaturales con lo cotidiano, cuyos referentes son Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Isabel Allende y Miguel Ángel Asturias.

Basada en la obra capital del autor chicano Rudolfo Anaya, la película se está estrenando esta semana en los principales cines del país. English translation provided.

For English, read below.

Haga click aquí para ver los cines donde se exhibe .

Click here to find the closest theater.

Rindiendo honor a su nombre, Última es una octogenaria curandera indígena, el último vestigio de un mundo que se rinde a la modernidad industrial. Su llegada cambia la vida del pequeño Antonio, de siete años, quien observa en la anciana una perspectiva mágica y bondadosa de la humanidad y su naturaleza, que en muchos casos se enfrenta a la racionalidad fría de los hombres y de sus instituciones en el estado de Nuevo México durante los tiempos de la II Guerra Mundial.

La película está basada en la obra homónima del autor chicano Rudolfo Anaya, exponente menor del llamado “realismo mágico”, corriente literaria latoamericana abundante durante la segunda mitad del siglo XX, que combina elementos sobrenaturales con lo cotidiano, cuyos referentes son Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Isabel Allende y Miguel Ángel Asturias.

Dirigida por el director afroamericano Carl Franklin (“El demonio vestido de azul”), la cinta cuenta con un muy buen trabajo de fotografía y destacadas actuaciones, especialmente de la anciana Última (Miriam Colon) y del villano Tenorio (Castulo Guerra), las fuerzas antagónicas del argumento. El resto de los personajes parece quedarse en un desarrollo somero, debilitados por un montaje que no encuentra un ritmo adecuado para potenciar las pequeñas y grandiosas escenas del film.

No obstante, “Bless me, Última” es ampliamente superior a las películas hollywoodenses con las cuales tendrá que competir en las aulas de cine, y su historia sencilla y universal la hace una experiencia perfecta para compartir en familia, no solamente para el público hispano que verá reflejado muchas de sus raíces culturales (el idioma, el catolicismo, el chamanismo, la hierbería), sino también y especialmente para el público anglosajón, en una apuesta que sacude honestamente las columnas de lo que es concebido como bueno y malo.

English translation:

As her name reads, Ultima is an octogenarian indigenous healer, the last living vestige of a world surrending to the industrial modernity. Her arrival changes the life of the infant Antonio, seven, who observes in the old woman a magical and kind perspective of Nature and Humanity that in many cases rejects the cold racionality of men and their institutions in the mid-twentieth century New Mexico.

Based in the homonymous novel of Chicano author Rudolfo Anaya, minor exponent of the “Magic Realism” literary trend that was abundant in Latin America during the sixties and seventies, the film explores supernatural elements combined as part of daily life.

Directed by Carl Franklin (“Devil in a Blue Dress”), the film has an outstanding photography work and remarkable performances, specially the old Ultima (Miriam Colon) and the villain Tenorio (Castulo Guerra) which are the antagonist forces in the argument. The rest of the characters seem to be kept in a lightweight development weakened by a montage that never finds the right rythym to feature the small but great scenes of the movie.

Nevertheless, “Bless Me, Ultima” is widely superior to the other Hollywood movies it will have to compete with in the theaters. Its simple and universal story makes a perfect experience to be shared with the family, not only for the Hispanic viewers that may see many of their traditions reflected on the screen, but specially for the massive audience that will enjoy an earnest challenge to our conceptions of good and evil.

@drugoespinoza / Redacción “Entre Noticias”

Tráiler de la película

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La Tercera Avenida es muy limpia, amplia y agradable. Los árboles tienen luces que se encienden al atardecer, al igual que las bien ornamentadas vitrinas comerciales. Hay gente que conduce, gente que camina, y otra clase de personas que se quedan todo el día esperando.

Un relato sobre una calle que se repite en varias ciudades de Estados Unidos, un drama que pasa todos los días frente a nuestros ojos.

“En la Tercera Avenida todos me conocen como Julio, aunque en realidad mi nombre es mucho más difícil de pronunciar. Y ya que hoy la gente no se da tiempo para cosas complicadas, decidí acortarlo y al mismo tiempo hacer un tributo al único escritor que he leído en mi vida, al francés que inventó los cohetes espaciales que viajan a la Luna.

Siempre me han gustado los viajes. No es que haya disfrutado mucho de turista; apenas he salido de mi pueblo en una ocasión, justamente para conocer la Tercera Avenida, ese lugar mítico del que todos hablaban. La famosa calle donde estaba el bienestar, el dinero, donde los viajeros llegaban para transformarse en señores, y luego volver a nuestro pequeño poblado (que apenas dos calles de tierra tiene) para construir casas de cemento, con vidrios y tejas, como en la ciudad de Guatemala.

Mis padres desconfiaban de mi cometido. Decían que el Norte estaba peligroso, pero la sangre joven es reacia a consejos. Yo quería llegar a la Luna, descubrir el mundo más allá de la selva que durante años nos ha escondido, o protegido tal vez, de lo que sucede fuera de ella. Así que durante meses junté mi dinero para la travesía, hablé con las personas que me podían ayudar a llegar al borde, y luego me fui a despedir de mi viejita, y ninguno se pudo contener las lágrimas. Mi papá me acompañó a la ciudad para tomar el bus, y allí me pasó unos billetes que secretamente venía guardando. Me dijo que no sería suficiente, que tal vez tendría que trabajar en alguna ciudad hasta juntar suficiente lana, me repitió tres veces que no hablara con otro coyote más que el referido, y solo le pagara una vez cruzada la línea.

El olor de la camisa sudada de mi padre, que tantas veces sentí desde pequeño, es lo último que me queda fuerte en el recuerdo. Lo demás trato de evitarlo, porque el paso por México duró ocho semanas, tres de ellas tratando de cruzar el desierto y siendo sorprendido por los güeros. Hay cosas que uno no desea acordarse, que terminan gestando el carácter, engrosando la piel, preparándote para lo que viene.

En Los Angeles estuve en calles similares a la avenida de mis sueños, y alguien por ahí me dijo que quizás habían muchos boulevares así en todo el país, y que mi referencia, que los cuentos de los que todos hablaban en mi poblado natal, pudieran estar distorsionados –como todas las cosas del mundo- por el tiempo y la distancia.

Mi tío Enrique (cuyo nombre imagino también fue simplificado) me llevó a trabajar con él en campos mucho más grandes que los de mi patria, recogiendo hojas, sembrando césped y cortando ramas de árboles y plantas a las que nadie les habla. Pronto hice el dinero para el bus que me llevaría a la bahía norteña, y en las noches previas soñé varias veces con las legendarias veredas, y pensaba en luces en los árboles, en tiendas comerciales con vitrinas bonitas, todo limpio y sereno.

El bus pasó por la carretera 101 y a un costado me dijeron que estaban las sedes de la NASA, donde construyen los cohetes que lanzaban al espacio, y yo pensé en un presagio, hasta que el bus se detuvo en la estación de San Mateo. Entonces me bajé y caminé (sin nada más que un bolso de mano) para encontrar mi destino.

La Tercera Avenida es muy limpia, amplia y agradable. Los árboles tienen luces que se encienden al atardecer, al igual que las bien ornamentadas vitrinas comerciales. Hay gente que conduce, gente que camina, y otra clase de personas que se quedan todo el día esperando. Entre ellos hay rostros que puedo reconocer, porque se parecen a mis primos y a mis vecinos. Algunos hablan mi idioma, pero en general prefieren el español. “Mi nombre es Julio”, les digo. Me indican que hay dos leyes: no comer en frente de otro paisano hambriento, y no aceptar menos que 80 dólares por día.

Una camioneta se acerca y un güero saca la cabeza y dice algo que no entiendo. Al principio todos se abalanzan para escuchar, pero luego se alejan como desmotivados. Se escucha un murmullo, que el trabajo es muy pesado, que es lejos, que pagan lo mínimo. Entonces miro hacia la mítica calle nuevamente, mi soñado paraje ante mis ojos, y en los cables eléctricos unos cuervos negros como el duelo se posan ante el inclemente Sol”.

Relato por @drugoespinoza, basado en hechos reales.

Crédito foto: Mary Odem, Southernspaces

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Si deseas ser testigo de sus valientes historias, te invito que vengas a presenciar nuestra nueva producción teatral: “We Are Here” (“Aquí Estamos”).

Por Héctor Aristizabal

(Para inglés ver abajo después del afiche)

Si vives aquí en Estados Unidos, probablemente quedas adormecido y hasta pierdes la sensibilidad frente al bombardeo de noticias sobre el involucramiento del gobierno en actos de tortura. Al mismo tiempo, cuando prendes el televisor o vas al cine, lo que ves es tortura como entretenimiento.

Como sobreviviente de actos de tortura y represión estatal en mi nativa Colombia, conozco de primera fuente del poder destructivo de esta horrible práctica. La tortura no tiene cabida en las mentes inteligentes. La mayoría de expertos militares en interrogación han testificado que es la peor forma de interrogar, porque usualmente provoca confesiones falsas y desinformación. Sin embargo, es una muy efectiva forma de terror. Terror hacia la víctima, hacia la población que sabe que le puede pasar a ellos, y terror hacia la persona que se le ha ordenado infringir el dolor y hacia la sociedad que ampara estas prácticas.

En mi propio proceso de sanación he lidiado con varias formas para hacer frente al trauma posterior. También trabajo con sobrevivientes de tortura en el programa PTV (Progama para Víctimas de Tortura, por sus siglas en inglés) en Los Angeles, California, el primer programa de este tipo en el país que ofrece tratamiento médico y psicológico gratuito a las víctimas. Hay medio millón de sobrevivientes de tortura en nuestro país. La ciduad de Los Angeles tiene la mayor concentración de estos sobrevivientes, que provienen de todas partes del mundo.

Si deseas ser testigo de sus valientes historias, te invito que vengas a presenciar nuestra nueva producción teatral: “We Are Here” (“Aquí Estamos”). Los intérpretes no son actores entrenados. Ellos vienen de Camerún, El Salvador, Guatemala, Rusia y Uganda, y son todos sobrevivientes de esta devastadora práctica. En “We Are Here” ellos comparten sus historias personales para otorgar un rostro humano a las comunes narraciones abstractas de sufrimiento e injusticia. Estos hombres y mujeres nunca han aparecido en los escenarios de esta manera, y aún así te invitan valientemente a que seas testigo de su coraje, de su crecimiento personal y de su transformación. Juntos, celebraremos el espíritu humano y el poder de estos extraordinarios individuos que han reconstruido sus vidas.

Esta obra teatral ha sido posible gracias al aporte generoso de RTV y al Departamento de Cultura de la ciudad de Los Angeles.

Las exhibiciones se realizarán en estas fechas:

Martes 26 de Febrero: Mercado La Paloma a las 7:30 PM – 3655 S Grand Ave, Los Angeles, CA 90007

Miércoles 27 de Febrero: Club Fais Do-Do a las 7:30 PM – 5257 W Adams Blvd, Los Angeles, CA 90016

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If you live here in the US, you are probably getting numb or desensitized to the bombardment of news about the government’s involvement in torture. At the same time, when you turn on the TV or go to the movies, what you see is torture as entertainment… (Traducción al español disponible en el artículo)

As a survivor of state-sponsored torture in my native Colombia, I know first-hand the destructive power of this horrific practice. Torture is not use to gather intelligence. Most professional army interrogators have testified that it’s the worst form of interrogation which often leads to false confessions and misleading data. It is however a highly effective form of terror. Terror to the victim, terror to the population that knows it could happen to them and I might say sooner or later, terror to the person asked to inflict the torture and to the society that allows its practice.

In my own healing process I have used many ways to deal with the aftermath of torture. I also work with torture survivors with Los Angeles-based PTV (Program for Torture Victims) the first program in the country to offer free medical and psychological care to survivors. Over 500,000 survivors live in the US today. Los Angeles has the highest concentration in the country and they come from all over the world.

If you wish to be a witness to their courageous stories, I invite you to come to see our newest theater production: “We Are Here”. Our performers are not trained actors. They come from Cameroon, El Salvador, Guatemala, Russia, and Uganda, and all are survivors of the devastating practice. In “We Are here,” they share true personal stories in order to put human faces on what are usually abstract accounts of suffering and injustice. These men and women have never appeared onstage this way before and yet they bravely invite you to witness their courage as they undergo ordeals of survival, growth, and transformation. Together, we celebrate the human spirit and the power these extraordinary individuals have brought to rebuilding their lives.

This play has been made possible with the generous support of PTV and the Department of Cultural Affairs, City of the Los Angeles.

Performances of We are Here will take place on the following dates:

Tuesday, February 26th: Mercado La Paloma at 7:30 PM – 3655 S Grand Ave, Los Angeles, CA 90007

Wednesday, February 27th: Club Fais Do-Do at 7:30 PM – 5257 W Adams Blvd, Los Angeles, CA 90016

All performances are free of charge and made possible by a grant from the Los Angeles Department of Cultural Affairs.

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En ese momento, como una aparición sublime, la pude ver: estaba allí, a la orilla del camino asfaltado. Detrás se levantaban los edificios grotescos: retorcidos aluminios fríos y opacos, osamenta del desperdicio futurista, erigiéndose como el presagio sombrío de una profecía terrible. Los automóviles con su insultante prisa, la ignoraban, la desadvertían.

Por Esteban León

“¿Cómo llegó hasta aquí? Es la pregunta que me circundaba en ese momento. Qué hace tan lejos de su cielo, del espacio que ella habita, aquí en medio de la calle y entre los rascacielos, monumentos de la prepotencia humana. La indiferencia de la gente, las máquinas motorizadas, el aire plagado de inmundicias. Nada se percataba de su presencia; no la veían…”

En mitad de la noche me despertó con su música la lluvia, pero seguí durmiendo. Por la mañana, con dificultad, comencé la labor de desdoblar lentamente mi ánimo, mi cuerpo. Por fin salí a la calle. Sentí en el rostro la humedad fría que había dejado la lluvia. Miré los reflejos de los espejos regados por la calle, retenidos en charcos de agua. Subí al automóvil, conduje en dirección al centro de la ciudad. Poco tiempo después de haber llegado a mi destino rutinario, dirigí mis pasos hacia el café habitual.

En ese momento, como una aparición sublime, la pude ver: estaba allí, a la orilla del camino asfaltado. Detrás se levantaban los edificios grotescos: retorcidos aluminios fríos y opacos, osamenta del desperdicio futurista, erigiéndose como el presagio sombrío de una profecía terrible. Los automóviles con su insultante prisa, la ignoraban, la desadvertían.

Paralizado por la visión me detuve atónito, sin entender lo que pasaba. Ella daba pasos cortos, se movía con nerviosismo, tratando también de entender, qué era este lugar tan gris, ajeno y lejano, muy distinto del lugar de donde vino. ¿Cómo llego hasta aquí? Es la pregunta que me circundaba en ese momento. Qué hace tan lejos de su cielo, del espacio que ella habita, aquí en medio de la calle y entre los rascacielos, monumentos de la prepotencia humana. La indiferencia de la gente, las máquinas motorizadas, el aire plagado de inmundicias. Nada se percataba de su presencia; no la veían. Allí no más. Allí estaba ella. Parecía buscar, mendigar comida. Pero esta ciudad está deshabitada, aquí ya no vive nadie. Dicen que hace mucho tiempo éste era un pueblo a la orilla del río. Pero todo eso se acabó. Fue arrasado por lava de concreto, de progreso. Nos fue cubriendo, asfixiando. Hemos fabricado nuestra propia bóveda, nuestra cripta, y carentes de todo sentido deambulamos, nos movemos con mucha torpeza y dificultad.

Sin voluntad alguna más que aquel impulso primigenio, natural, que significa vivir. Con las facultades atrofiadas. Ensayamos la ceguera, caminamos dando tumbos. Nadie guía a nadie, más bien nos arrastramos. Por eso nadie la ve. Por eso nadie se pregunta, cómo llego hasta aquí. Qué hace en la orilla de la calle, en medio de esta ciudad, una solitaria gaviota.

Sí, qué hace una gaviota aquí. Tan lejos del mar. Este inframundo es la antítesis del incontenible ojo de Dios. Quiero pensar que mientras dormía, la lluvia se precipitó tan fuerte y durante toda la noche, violentada por los vientos del sur, que la mar creció y creció hasta desparramarse, rompiendo sus límites, anegando las calles y las avenidas. Lamiendo la miseria de los hombres con su lengua de sal que cicatriza o carcome. El mar entró de noche a mi casa, floté sobre la cama sin remos y sin ancla. El mar me dejó la nostalgia del sol sobre la piel. El mar estuvo aquí. Enjuagó la tierra, la vino a prevenir, a recordarle del diluvio, de su indomable soberanía azul, profunda e interminable. Por eso había caracolas en la entrada regadas por toda la escalera. Por eso el sonido del mar se quedó grabado en su laberinto. Las caracolas son pequeños oídos del azul profundo, del gran azul, que nos escucha, y con ojos atónitos nos observa. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.

Esta es una invitación a observar, a imaginar otros mundos que habitan junto al nuestro. A sacudirnos la pesada loza de la ociosidad y el cansancio. A caminar juntos contando los sucesos y los pasos. A llenarnos el alma de imágenes imborrables. Las calles y sus personajes, los lugares encantados, que aguardan, que esperan. En otras palabras, esta es una invitación para extender las alas y practicar el vuelo.

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White Rats Used For Gene Therapy Research At The State Key Laboratory of Biotherapy

El tratamiento se efectuó en el Dana Farber Cancer Institute de Harvard, en Massachusetts, y consistió en inyectar células madre de roedores jóvenes a roedores que fueron genéticamente modificados para envejecer mas rápido.

¿Es posible que la fuente de la eterna juventud deje de ser fantasía y se vuelva realidad? Un reciente experimento desafía el envejecimiento en animales, y ya hay quienes especulan su aplicación en humanos.

Si existe una certeza en la naturaleza humana, es sobre nuestra caducidad. Sabemos que un día nacemos y otro día igual tendremos que fallecer. Madurar y envejecer son los síntomas propios de nuestra especie, y es muy difícil imaginar qué podría suceder si esta ley pudiera evitarse, o al menos retrasarse en gran medida.

Pero la ciencia avanza a un ritmo mayor que nuestras convicciones.

Un nuevo experimento descubrió una “secreción misteriosa que rejuvenece células”, que ya fue exitosamente probada en ratas de laboratorio. Según el estudio publicado en la revista Nature Communications, existe una proteína capaz de reparar células dañadas, lo cual acerca nuestra generación al sueño del rejuvenecimiento eterno.

El tratamiento se efectuó en el Dana Farber Cancer Institute de Harvard, en Massachusetts, y consistió en inyectar células madre de roedores jóvenes a roedores que fueron genéticamente modificados para envejecer mas rápido.

El resultado que fascinó a los científicos fue que los ratones mejoraron rápidamente y vivieron más tiempo de lo previsto, según señaló el coautor del estudio, Johnny Huard.

La pregunta ahora es: ¿cómo esto se puede aplicar en personas? El foco de atención primario será combatir enfermedades que tienen que ver con la división de células y regeneración de tejidos. Sin embargo, también podría tener un uso estético y hacer que el proceso de envejecimiento sea más lento y tal vez menos doloroso.

Mientras que Justin Lathia, profesor de biología celular en el Instituto de Investigación Lerner, de la Cleveland Clinic, toma una posición más cauta en su declaración para la publicación National Geographic ante los resultados del experimento, Ronald DePinho, jefe del equipo de trabajo, se muestra más entusiasmado. “Lo que vimos en estos animales no es una pequeña desaceleración o estabilización del proceso de envejecimiento. Hemos visto un cambio dramático e inesperado,” dijo DePinho en un articulo de RPP Salud.

Alexandra Stanisic / Redacción “Entre Noticias”

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¿Dónde están los agricultores latinos y extranjeros que representan el 75 por ciento de la fuerza laboral campesina en Estados Unidos?

Polémico anuncio comercial emitido durante el Super Tazón ignora una realidad demográfica del país. Vea el VIDEO y saque sus conclusiones.

Pensando en la gran frase de Federico Fellini, quien atribuía lo que pasaba en la televisión como la derrota de todo nuestro sistema cultural, podríamos decir que lo que vemos reflejado en el “Super Tazón” (Super Bowl), en el partido final de la competencia de fútbol americano (el programa televisivo de mayor audiencia del año), es justamente ese espejismo donde nos dejamos engañar.

Corporaciones y agencias de publicidad se descuadran por dar con sus mejores ideas para la producción de millonarios comerciales que van insertos en medio del juego. En esta versión, los camiones RAM transmitieron un comercial que exacerba y enaltece la labor de los agricultores como suporte esencial de la sociedad, con una narración de fondo del fallecido comentarista conservador Paul Harvey:

Luego de observar el comercial, llamado “God made a farmer” (Dios hizo a un granjero), muchas personas en redes sociales se comenzaron a preguntar: ¿dónde están los hispanos? ¿Dónde están los agricultores latinos y extranjeros que representan el 75 por ciento de la fuerza laboral campesina en Estados Unidos? ¿Habrá sido una omisión intencionada, en un alero de patriotismo que no incluye a las minorías étnicas?

No solamente eso: el anuncio también ignora la creciente industrialización del trabajo agrario y las consecuencias que ello ha tenido en la fuerza laboral.

“Los camiones RAM han creado un mundo de fantasía. Bienvenidos a la publicidad. Algunos de nosotros no lo creemos”, sostiene el activista Julio Varela en una reciente columna al respecto.

Otros reaccionaron con el humor negro, como un cibernauta que se bautiza como LJL, quien desarrolló un notable meme para ironizar con el comercial del Super Tazón:

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¿Qué piensan ustedes? ¿Por qué camiones RAM no expuso a los granjeros hispanos?

Hugo Espinoza / Redacción Entre Noticias


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