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En ese momento, como una aparición sublime, la pude ver: estaba allí, a la orilla del camino asfaltado. Detrás se levantaban los edificios grotescos: retorcidos aluminios fríos y opacos, osamenta del desperdicio futurista, erigiéndose como el presagio sombrío de una profecía terrible. Los automóviles con su insultante prisa, la ignoraban, la desadvertían.

Por Esteban León

“¿Cómo llegó hasta aquí? Es la pregunta que me circundaba en ese momento. Qué hace tan lejos de su cielo, del espacio que ella habita, aquí en medio de la calle y entre los rascacielos, monumentos de la prepotencia humana. La indiferencia de la gente, las máquinas motorizadas, el aire plagado de inmundicias. Nada se percataba de su presencia; no la veían…”

En mitad de la noche me despertó con su música la lluvia, pero seguí durmiendo. Por la mañana, con dificultad, comencé la labor de desdoblar lentamente mi ánimo, mi cuerpo. Por fin salí a la calle. Sentí en el rostro la humedad fría que había dejado la lluvia. Miré los reflejos de los espejos regados por la calle, retenidos en charcos de agua. Subí al automóvil, conduje en dirección al centro de la ciudad. Poco tiempo después de haber llegado a mi destino rutinario, dirigí mis pasos hacia el café habitual.

En ese momento, como una aparición sublime, la pude ver: estaba allí, a la orilla del camino asfaltado. Detrás se levantaban los edificios grotescos: retorcidos aluminios fríos y opacos, osamenta del desperdicio futurista, erigiéndose como el presagio sombrío de una profecía terrible. Los automóviles con su insultante prisa, la ignoraban, la desadvertían.

Paralizado por la visión me detuve atónito, sin entender lo que pasaba. Ella daba pasos cortos, se movía con nerviosismo, tratando también de entender, qué era este lugar tan gris, ajeno y lejano, muy distinto del lugar de donde vino. ¿Cómo llego hasta aquí? Es la pregunta que me circundaba en ese momento. Qué hace tan lejos de su cielo, del espacio que ella habita, aquí en medio de la calle y entre los rascacielos, monumentos de la prepotencia humana. La indiferencia de la gente, las máquinas motorizadas, el aire plagado de inmundicias. Nada se percataba de su presencia; no la veían. Allí no más. Allí estaba ella. Parecía buscar, mendigar comida. Pero esta ciudad está deshabitada, aquí ya no vive nadie. Dicen que hace mucho tiempo éste era un pueblo a la orilla del río. Pero todo eso se acabó. Fue arrasado por lava de concreto, de progreso. Nos fue cubriendo, asfixiando. Hemos fabricado nuestra propia bóveda, nuestra cripta, y carentes de todo sentido deambulamos, nos movemos con mucha torpeza y dificultad.

Sin voluntad alguna más que aquel impulso primigenio, natural, que significa vivir. Con las facultades atrofiadas. Ensayamos la ceguera, caminamos dando tumbos. Nadie guía a nadie, más bien nos arrastramos. Por eso nadie la ve. Por eso nadie se pregunta, cómo llego hasta aquí. Qué hace en la orilla de la calle, en medio de esta ciudad, una solitaria gaviota.

Sí, qué hace una gaviota aquí. Tan lejos del mar. Este inframundo es la antítesis del incontenible ojo de Dios. Quiero pensar que mientras dormía, la lluvia se precipitó tan fuerte y durante toda la noche, violentada por los vientos del sur, que la mar creció y creció hasta desparramarse, rompiendo sus límites, anegando las calles y las avenidas. Lamiendo la miseria de los hombres con su lengua de sal que cicatriza o carcome. El mar entró de noche a mi casa, floté sobre la cama sin remos y sin ancla. El mar me dejó la nostalgia del sol sobre la piel. El mar estuvo aquí. Enjuagó la tierra, la vino a prevenir, a recordarle del diluvio, de su indomable soberanía azul, profunda e interminable. Por eso había caracolas en la entrada regadas por toda la escalera. Por eso el sonido del mar se quedó grabado en su laberinto. Las caracolas son pequeños oídos del azul profundo, del gran azul, que nos escucha, y con ojos atónitos nos observa. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.

Esta es una invitación a observar, a imaginar otros mundos que habitan junto al nuestro. A sacudirnos la pesada loza de la ociosidad y el cansancio. A caminar juntos contando los sucesos y los pasos. A llenarnos el alma de imágenes imborrables. Las calles y sus personajes, los lugares encantados, que aguardan, que esperan. En otras palabras, esta es una invitación para extender las alas y practicar el vuelo.

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White Rats Used For Gene Therapy Research At The State Key Laboratory of Biotherapy

El tratamiento se efectuó en el Dana Farber Cancer Institute de Harvard, en Massachusetts, y consistió en inyectar células madre de roedores jóvenes a roedores que fueron genéticamente modificados para envejecer mas rápido.

¿Es posible que la fuente de la eterna juventud deje de ser fantasía y se vuelva realidad? Un reciente experimento desafía el envejecimiento en animales, y ya hay quienes especulan su aplicación en humanos.

Si existe una certeza en la naturaleza humana, es sobre nuestra caducidad. Sabemos que un día nacemos y otro día igual tendremos que fallecer. Madurar y envejecer son los síntomas propios de nuestra especie, y es muy difícil imaginar qué podría suceder si esta ley pudiera evitarse, o al menos retrasarse en gran medida.

Pero la ciencia avanza a un ritmo mayor que nuestras convicciones.

Un nuevo experimento descubrió una “secreción misteriosa que rejuvenece células”, que ya fue exitosamente probada en ratas de laboratorio. Según el estudio publicado en la revista Nature Communications, existe una proteína capaz de reparar células dañadas, lo cual acerca nuestra generación al sueño del rejuvenecimiento eterno.

El tratamiento se efectuó en el Dana Farber Cancer Institute de Harvard, en Massachusetts, y consistió en inyectar células madre de roedores jóvenes a roedores que fueron genéticamente modificados para envejecer mas rápido.

El resultado que fascinó a los científicos fue que los ratones mejoraron rápidamente y vivieron más tiempo de lo previsto, según señaló el coautor del estudio, Johnny Huard.

La pregunta ahora es: ¿cómo esto se puede aplicar en personas? El foco de atención primario será combatir enfermedades que tienen que ver con la división de células y regeneración de tejidos. Sin embargo, también podría tener un uso estético y hacer que el proceso de envejecimiento sea más lento y tal vez menos doloroso.

Mientras que Justin Lathia, profesor de biología celular en el Instituto de Investigación Lerner, de la Cleveland Clinic, toma una posición más cauta en su declaración para la publicación National Geographic ante los resultados del experimento, Ronald DePinho, jefe del equipo de trabajo, se muestra más entusiasmado. “Lo que vimos en estos animales no es una pequeña desaceleración o estabilización del proceso de envejecimiento. Hemos visto un cambio dramático e inesperado,” dijo DePinho en un articulo de RPP Salud.

Alexandra Stanisic / Redacción “Entre Noticias”

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¿Dónde están los agricultores latinos y extranjeros que representan el 75 por ciento de la fuerza laboral campesina en Estados Unidos?

Polémico anuncio comercial emitido durante el Super Tazón ignora una realidad demográfica del país. Vea el VIDEO y saque sus conclusiones.

Pensando en la gran frase de Federico Fellini, quien atribuía lo que pasaba en la televisión como la derrota de todo nuestro sistema cultural, podríamos decir que lo que vemos reflejado en el “Super Tazón” (Super Bowl), en el partido final de la competencia de fútbol americano (el programa televisivo de mayor audiencia del año), es justamente ese espejismo donde nos dejamos engañar.

Corporaciones y agencias de publicidad se descuadran por dar con sus mejores ideas para la producción de millonarios comerciales que van insertos en medio del juego. En esta versión, los camiones RAM transmitieron un comercial que exacerba y enaltece la labor de los agricultores como suporte esencial de la sociedad, con una narración de fondo del fallecido comentarista conservador Paul Harvey:

Luego de observar el comercial, llamado “God made a farmer” (Dios hizo a un granjero), muchas personas en redes sociales se comenzaron a preguntar: ¿dónde están los hispanos? ¿Dónde están los agricultores latinos y extranjeros que representan el 75 por ciento de la fuerza laboral campesina en Estados Unidos? ¿Habrá sido una omisión intencionada, en un alero de patriotismo que no incluye a las minorías étnicas?

No solamente eso: el anuncio también ignora la creciente industrialización del trabajo agrario y las consecuencias que ello ha tenido en la fuerza laboral.

“Los camiones RAM han creado un mundo de fantasía. Bienvenidos a la publicidad. Algunos de nosotros no lo creemos”, sostiene el activista Julio Varela en una reciente columna al respecto.

Otros reaccionaron con el humor negro, como un cibernauta que se bautiza como LJL, quien desarrolló un notable meme para ironizar con el comercial del Super Tazón:

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¿Qué piensan ustedes? ¿Por qué camiones RAM no expuso a los granjeros hispanos?

Hugo Espinoza / Redacción Entre Noticias


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