«La tragedia como herramienta de censura. Entre el perdón de Erika Kirk y la revancha de Trump, emerge un nuevo McCarthismo: perseguir críticos, no justicia.
El 10 de septiembre de 2025 quedó marcado por un disparo que no solo apagó la vida de Charlie Kirk, el propagandista conservador de 31 años, sino que abrió una grieta que se ha convertido en un arma política. Su muerte en la Universidad de Utah Valley se presentó como un duelo nacional, pero rápidamente derivó en un guion de censura y represión. Kirk, fundador de Turning Point USA y aliado cercano de Donald Trump, pasó de víctima a mártir funcional para una maquinaria que aprovecha el luto como herramienta de control. Este texto no busca idealizarlo ni convertirlo en santo, sino advertir cómo su asesinato ha sido manipulado para acallar disidencias. Lo que presenciamos es un nuevo McCarthismo: una persecución digital y regulatoria, disfrazada de “respeto”, en la que disentir se paga con el silencio forzado y la Casa Blanca celebra cada cabeza que rueda como si fuera un trofeo político. Entre la libertad de expresión, la hipocresía y el duelo instrumentalizado, emerge una realidad dolorosa: la tragedia como herramienta de censura.
¿Cómo convertir un asesinato en ideología?
Que sus palabras hablen por él, Pablo. ¿Defiendes esto? pic.twitter.com/x7XQBzdSuX
— Pastor Delgado (@pastordc3110) September 19, 2025
Kirk nunca fue un personaje neutral. Sus giras universitarias contra la “izquierda radical”, sus discursos sobre un supuesto fraude electoral y su papel en la movilización juvenil trumpista lo hicieron tan admirado por unos como detestado por otros. El 10 de septiembre, Tyler Robinson, un joven de 22 años sin militancia partidista clara pero con mensajes antifascistas grabados en sus balas, lo asesinó frente a tres mil testigos (al menos esa es la versión oficial, incluirla aquí no significa no cuestionarla). El gobernador Spencer Cox habló de “asesinato político” y el FBI ofreció una recompensa de 100 mil dólares.
#PorSiTeLoPerdiste I🚨 "Esto es un ASESINATO POLÍTICO" — Gobernador de #Utah, Spencer Cox, sobre el ataque contra #CharlieKirk.
Y remata:
🗣️ “Solo quiero recordarles que aún tenemos la pena de muerte en Utah”.
🔥 Las declaraciones ya están generando fuerte polémica📹: Fox News pic.twitter.com/AmfsY98TX0
— POSTA México (@PostaMexico) September 12, 2025
Lo llamativo fue lo que vino después. Trump ordenó banderas a media asta, y casi de inmediato JD Vance, junto con Kash Patel, culparon a la “izquierda odiosa” sin presentar pruebas. Influencers conservadores como Matt Walsh o Benny Johnson pidieron rastrear y denunciar cualquier comentario que criticara a Kirk o relativizara su figura. La consecuencia fue inmediata: despidos en Amazon y Google por tuits ambiguos, profesores suspendidos por “insensibilidad”, y cuentas de redes sociales eliminadas bajo presión política. No era duelo, era revancha. El eco del viejo McCarthismo se hacía evidente: así como en los cincuenta el miedo al comunismo justificó purgas, hoy el concepto de “odio anti-conservador” se usa para barrer voces incómodas.
Palabras de D.Trump por el Asesinato de Charlie Kirk, el líder Conservador a quien la irremediablemente odiosa izquierda no soportaba que les desmontara su podrida ideología, su odiosa y miserable propaganda del mal. pic.twitter.com/se9ndsLPjH
— EQUALIZER3 (Eduardo G) (@egtegain) September 11, 2025
La escalada alcanzó otro nivel el 18 de septiembre, cuando Vance declaró en Fox News que quienes celebraban la muerte de Kirk “merecían consecuencias”, incluso si la Primera Enmienda los protegía. Amenazó con recortar fondos federales a universidades cuyos profesores expresaran opiniones incómodas. Y fue directo: “Si te pagan con dinero de los contribuyentes y celebras la muerte de Charlie Kirk, no mereces tu trabajo”. Su retórica parecía menos un homenaje al amigo que lo impulsó políticamente y más un manual de represión estatal. La ofensiva se alineó con la decisión de Trump, un día antes, de declarar a Antifa como organización terrorista. Bajo ese paraguas, se prometió perseguir “redes de financiación de la violencia izquierdista” como si fueran células de Al-Qaeda. Para críticos, todo esto es un intento de restringir libertades civiles, ignorando la violencia de derecha y colocando cualquier crítica progresista en la categoría de “odio”.
En contraste, el 21 de septiembre, durante el memorial en el State Farm Stadium, Erika Kirk sorprendió con un mensaje radicalmente distinto. Con un collar en forma de cruz y voz quebrada, la viuda declaró su perdón al asesino: “Lo perdono, porque es lo que Charlie habría hecho. La respuesta al odio no es el odio; según el evangelio, es el amor”. Añadió: “Mi esposo quería salvar a jóvenes como el que le quitó la vida”. Su gesto de gracia cristiana fue ignorado por los dirigentes trumpistas, más interesados en la revancha que en la reconciliación. Sinceridad o no, eso sí no lo sabemos, ¿tal vez un plan para apuntalar la futura candidatura de la viuda¿ tampoco lo sabemos.
En el funeral de Charlie Kirk, su esposa Érika pronunció palabras que estremecen:
“Lo perdono porque fue lo que hizo Cristo y es lo que haría Charlie.
La respuesta al odio no es el odio.
La respuesta que conocemos del evangelio es amor, y siempre amor.#Liderazgo #Fe #Perdón pic.twitter.com/DyFhlZ2q1z— Rubén Bonilla (@rbonillaperu) September 22, 2025
Ese contraste, la viuda apelando al perdón mientras el aparato político impulsa castigos ejemplares, ilustra la disonancia de este episodio. El trumpismo convirtió la tragedia en un emblema para aplastar a los críticos. En redes, muchos resaltaron esa contradicción: ¿por qué existe esa contradicción entre la familia y el Estado? ¿Un circo para lavar las culpas en tanto otros hacen el trabajo sucio?
El caso Jimmy Kimmel: censura en vivo, patrocinada desde el poder
Donald Trump mandó a cancelar el programa de Jimmy Kimmel por este video. Además, hace unos días, demandó por $15 mil millones de dólares al New York Times por criticarlo.
Pero qué raro, si aquí nos han vendido que EEUU era la cuna de la libertadpic.twitter.com/EmIqH0T4vB
— Físico Impuro (@FisicoImpuro) September 19, 2025
El nuevo McCarthismo no se juega en comités del Congreso, sino en los medios y reguladores. El ejemplo más evidente: la suspensión indefinida de Jimmy Kimmel Live! el 16 de septiembre, apenas seis días después del asesinato de Kirk. En su monólogo, Kimmel advirtió que “el asesinato de Charlie Kirk está siendo capitalizado políticamente por el movimiento MAGA” y se burló de la reacción errática de Trump, que al ser consultado sobre su “amigo” respondió “muy bien” antes de hablar de un salón de baile.
La reacción fue fulminante. Brendan Carr, presidente de la FCC nombrado por Trump, amenazó con investigar a las estaciones afiliadas de ABC por “engañar al público”. Nexstar Media Group, con 28 filiales de la cadena, decidió retirar el programa “por tiempo indefinido”, calificando el monólogo de “insensible”. Sinclair Broadcast Group sustituyó el episodio por un homenaje a Kirk. Y ABC, bajo presión, cedió de inmediato. La decisión no fue editorial, sino política: una rendición preventiva. Anna Gomez, comisionada demócrata de la FCC, lo denunció como censura, pero el daño ya estaba hecho: uno de los principales críticos televisivos de Trump fue silenciado en nombre de la “unidad nacional”
Las redes sociales también son implacables y recordaron cómo el propio Kimmel celebraba la censura contra Trump en redes sociales hace algunos años:
No fue un hecho aislado. En julio, Stephen Colbert perdió su Late Show tras un acuerdo judicial de 16 millones de dólares con Trump por difamación. Oficialmente se habló de razones financieras, pero para Hollywood era claro que había presión política detrás. Ben Stiller, Jamie Lee Curtis y David Letterman alzaron la voz contra lo que calificaron como un ataque frontal a la Primera Enmienda. Para muchos, la muerte de Kirk aceleró el clima de censura que el propio activista había temido en vida.
Incluso más allá de los talk shows, la autocensura se multiplicó. Guionistas reportaron que estudios pidieron “evitar referencias sensibles” a Kirk o a Trump. Podcasts críticos fueron desmonetizados. Y en X, usuarios denunciaron suspensiones masivas de cuentas por simples comentarios irónicos. Todo esto recuerda al clima de miedo de los cincuenta, cuando bastaba un susurro de “comunista” para destruir una carrera. Hoy, la etiqueta es distinta, pero el efecto es el mismo: silenciar por miedo.
Trump celebrando la censura: “¡Grandes noticias para Estados Unidos!”
Trump festeja la censura como una victoria personal. Desde Londres, escribió en Truth Social: “¡Grandes noticias para América: el show de Jimmy Kimmel, un fracaso de ratings, está CANCELADO!”. Aprovechó para pedir que NBC hiciera lo mismo con Jimmy Fallon y Seth Meyers, a quienes llamó “dos perdedores totales”.
En el memorial de Kirk dijo: “Los mismos que hablan de «fascismo» porque un comediante sin talento fue cancelado, celebraban cuando Charlie fue silenciado”. Y cerró con sorna: “Esa era terminó”. La ironía es que el mismo Trump, víctima de dos supuestos intentos de asesinato en 2024, había «jurado» defender la libertad de expresión contra la “censura woke” pero hoy la usa como herramienta para favorecer sus intereses.
Su fiscal general, Pam Bondi, prometió acciones legales contra quienes publicaran comentarios aplaudiendo el asesinato, aunque luego matizó por presión de grupos de derechos civiles. Mientras tanto, Patel, desde el FBI, abrió investigaciones contra más de veinte usuarios en chats en línea. Libertad para los leales, represión para los críticos. Como en los cincuenta, Hollywood y los medios vuelven a ser la primera línea de castigo.
¿Qué sigue después de que el nuevo McCarthismo se instale en la política mundial?
La muerte de Charlie Kirk pudo haber sido un momento para condenar toda violencia política, como lo fueron en su momento los asesinatos de Martin Luther King o Robert Kennedy. En lugar de eso, se transformó en el detonante de una purga contra opositores. Desde cadenas televisivas obligadas a mostrar “tributos” hasta amenazas regulatorias desde la FCC, el trumpismo (por no decir todo el poder global) convirtió el luto en oportunidad de control.
La diferencia con el McCarthismo clásico es el terreno: ya no son audiencias en el Capitolio, sino plataformas digitales y contratos corporativos. En los cincuenta, bastaba con aparecer en la lista negra para perderlo todo; hoy, un tweet irónico o un comentario fuera de tono puede costar empleos, patrocinios y credenciales académicas. El miedo se recicla, adaptado al siglo XXI.
El gesto de perdón de Erika Kirk quedó enterrado bajo la retórica de Trump y Vance, quienes ven en la tragedia una herramienta de poder. Así, el “nuevo McCarthismo” ya no busca comunistas: busca críticos. Teniendo una lista cada vez más larga, la pregunta no es si habrá más censura, sino a quién será el próximo en ser silenciado y perseguido.
Tragedias como la de Kirk merecen justicia, no fanatismo. Kimmel merecía críticas en los mismos términos, no exilio ni cancelación. Si dejamos la censura se convierta en excusa para aplastar las voces disidentes, el siguiente disparo no será sólo con plomo, será en contra de la libertad misma. La censura cobrará más vidas que un solo disparo y apoyes o no un lado o el otro de la política, las ráfagas de censura te alcanzarán tarde o temprano. ¿Estás dispuesto a permitirlo?
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