¿Quieres saber cuánta radiación 5G hay en tu calle?, visita estos mapas

Riesgo silencioso: la Ciudad de México vive bajo un bosque invisible de antenas 5G: conectividad a toda velocidad, pero sin regulaciones firmes que frenen la saturación, envolviendo irremediablemente a sus habitantes en una red de frecuencias que pueden afectar su salud lentamente.

Apoya al proyecto en: Banco Scotiabank CLABE: 044180256002381321 Código Swift para transferencias desde el extranjero: MBCOMXMM

Mapa tn

Antenas como hongos tras la lluvia: la piel invisible de la ciudad.

En un horizonte cada vez más cubierto por torres invisibles, la Ciudad de México se ha vuelto un experimento en carne viva de conectividad acelerada. Como se advertía en análisis anteriores sobre el despliegue de 5G, el auge de esta red ha multiplicado las antenas en ciudades como la nuestra, ofreciendo velocidades de fibra óptica y promesas de urbes inteligentes, pero al costo de una densidad de infraestructura que resulta casi asfixiante. Ya en 2022 se había señalado que el 5G requeriría de tres a cinco veces más sitios de instalación que las redes pasadas, y hoy, en 2025, ese pronóstico se cumple en una capital donde las ondas de radiofrecuencia no ionizante, esas señales invisibles que nos mantienen conectados, llenan el aire como un tránsito interminable de datos.

Pero ¿cómo se traduce esta saturación en cifras? Telcel, el operador dominante, ya cubre 125 ciudades con 5G y alcanza a unos 40 millones de personas, mientras AT&T y Movistar suman decenas de urbes más, con especial fuerza en la CDMX. En el corazón de la capital, mapas interactivos como los de nPerf muestran una red densa de 3G, 4G y 5G, con registros en tiempo real que superan el 80% de penetración en zonas clave, incluyendo el Metro, donde más del 80% de las estaciones ya funcionan con 5G-A. Y si vamos más al detalle, herramientas como CellMapper, enfocadas en redes LTE de Telcel (MCC 334, MNC 20), exhiben cientos de torres agrupadas en alcaldías como Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo, con etiquetas que indican no solo su ubicación, sino también sectores de cobertura y bandas de frecuencia, lo que permite a cualquiera revisar la “radiación” disponible en varios kilómetros a la redonda. Estos mapas, alimentados por datos de los propios usuarios, dejan ver una imagen inquietante: en un zoom de nivel 11 sobre el centro histórico, las antenas aparecen tan juntas como hongos tras la lluvia, formando clusters (cúmulos) que reflejan un solapamiento masivo de señales para cumplir con la promesa de “baja latencia” (bajo retraso en la transmisión y recepción de datos para el usuario final).

La paradoja es que esta concentración, alimentada por la demanda del Internet de las Cosas y las alertas masivas, como la del Simulacro Nacional del 19 de septiembre, que alcanzó a más de 80 millones de celulares vía Cell Broadcast sin saturar las redes tradicionales, no viene acompañada de controles firmes. La Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, actualizada en julio de 2025, en su artículo 43 obliga a respetar límites de exposición a radiaciones no ionizantes definidos (O AQUÍ) por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) junto con autoridades como Cofepris. Pero ahí está el vacío: aunque se fijan topes basados en recomendaciones de la ICNIRP, como 40 V/m para frecuencias de 800-900 MHz, superables solo a menos de dos metros de una antena, no existen candados reales para frenar la proliferación de torres en zonas residenciales o escolares. La norma se enfoca en el “cumplimiento” una vez instalada la antena, pero no en medidas de prevención urbana, dejando a la Ciudad de México, con una cobertura del 92% de la población, pero apenas 62% en comunidades pequeñas, frente a una acumulación sin control que privilegia la velocidad sobre la salud pública.

Especialistas del IFT y ambientalistas piden cambios urgentes: ¿dónde están las consultas vecinales obligatorias para autorizar nuevas torres, o los estudios sobre la exposición acumulada a radiación? En un país donde el 5G avanza al ritmo de la banda de 3.5 GHz en las principales ciudades, con la meta de llegar al 100% para 2026, la ausencia de regulación diferenciada, hoy bajo revisión de la Comisión Antimonopolio, empeora el desequilibrio entre innovación y precaución. Mientras tanto, habitantes de colonias como Roma y Condesa comparten en foros una “ansiedad invisible”: dudas sobre los efectos a largo plazo de esta sopa electromagnética, comprobable en segundos con nPerf o CellMapper.

La Ciudad de México, acostumbrada a convivir con sismos y ahora rodeada de señales en todas direcciones, necesita más que mapas: hace falta una ley que también trace los riesgos. De lo contrario, nuestra hiperconectividad 24/7 puede convertirse en un nuevo terremoto silencioso. Para empezar, abra esos enlaces y revise su propia cuadra: la verdad, al menos en ondas, está a solo un zoom de distancia.

Mapas:

1. NPERF

2. CELLMAPPER

¿Necesitas más información sobre este tema? Te invitamos a leer nuestro extenso artículo:

Radiación 5G: Despliegue global y sus posibles efectos en la salud pública y la biodiversidad

Entre Notcias

¿Tienes alguna opinión?. Escríbela a continuación, siempre estamos atentos a tus comentarios.

Apoya al proyecto en: Banco Scotiabank CLABE: 044180256002381321 Código Swift para transferencias desde el extranjero: MBCOMXMM

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here