La Comisión Wickersham, designada por el gobierno federal, declaró en su informe de 1932: «La aprehensión y el examen de supuestos extranjeros a menudo se caracterizan por ser métodos inconstitucionales, tiránicos, racistas y opresivos».
Lo anterior fue dicho por Donald Trump durante un mitin en Iowa en septiembre de 2023, el resto de la historia la estamos presenciando en tiempo real.
El pavoroso historial de la administración Trump en materia de inmigración ha desatado una nueva ronda de debate sobre la política estadounidense de deportación. Por supuesto, las deportaciones no son nada nuevo; Obama fue criticado con razón como el Deportador en Jefe. Pero con crueldad y vigor entusiastas, la administración Trump ha adoptado la deportación, incluyendo la persecución de residentes de larga duración sin antecedentes penales.
El alcance masivo de las enloquecidas medidas de Trump, la incertidumbre y el terror que genera, y la opacidad de las leyes que la rigen, hacen de este un momento peligroso, no solo para los inmigrantes y sus familias, sino para todos los que se preocupan por el debido proceso y los derechos humanos. También recuerda un momento anterior en la historia de Estados Unidos, hace casi 90 años, cuando los mexicano-estadounidenses y los inmigrantes mexicanos fueron expulsados del país en enormes cantidades.
Desde finales de la década de 1920 hasta finales de la década de 1930, hombres, mujeres y niños, inmigrantes y nacidos en Estados Unidos, ciudadanos y no ciudadanos, residentes de larga data y trabajadores temporales, todos se convirtieron en el objetivo de una campaña masiva de reubicación forzada, basada únicamente en su estatus percibido como «mexicanos». Fueron detenidos en parques, en lugares de trabajo y en hospitales, traicionados por agencias de ayuda locales que reportaron a cualquiera con un nombre «que sonara a mexicano» a lo que entonces se llamaba el nombre «que sonaba» a lo que entonces se llamaba el Servicio de Inmigración, engañados y aterrorizados para la deportación «voluntaria» por funcionarios municipales y estatales, y deportados a la fuerza en trenes y autobuses, a un país en el que algunos no habían vivido durante décadas y otros nunca.
«De repente a las 15:00 horas, el buen clima que disfrutaban unos 400 mexicanos se volvió un caos, cuando oficiales de la migra -vestidos de verde olivo- llegaron sorpresivamente, a una redada masiva, por primera vez en un parque público, a la Placita, ubicada en Los Angeles, California, el 26 de febrero de 1931», relató el historiador Francisco Balderrama y Raymond Rodríguez, en su libro Decade of Betrayal: Mexican Repatriation in the 1930s.
Estas escenas -serían reproducidas a lo largo y ancho de Estados Unidos- durante la llamada crisis económica conocida como la Gran Depresión, en los años 30, década en la cual se registró uno de los peores episodios de expulsión masiva e inconstitucional, donde el lema “una vez mexicano, siempre será mexicano” y “deshagámonos de los mexicanos”, se acuñaron para agredir, insultar y culpar a México de la falta de empleo, hambre, etc…
La oleada de connacionales, en la frontera, hizo que el gobierno mexicano de la época tomara medidas para recibirlos, pues como ahora no importaba que fueran residentes legales, que hubieran nacido en Estados Unidos, por su color de piel café, el perfil racial, todos habían sido expulsados masivamente.
Entre las acciones, destacó una campaña nacional denominada “del Medio Millón”, la cual consistía en recaudar fondos para ayudar y “acomodar” a los paisanos que venían del exterior, desde Ciudad Juarez hasta Oaxaca, empresarios, vecinos, mujeres y autoridades municipales aportaron lo que pudieron. Repatriación 1930´s: La primera Gran deportación de mexicanos en EU
La historiadora Mae M. Ngai sostiene que esta campaña de deportaciones masivas de la década de 1930 tenía poco que ver con la ley; era un programa de «expulsión racial», arraigado en el racismo. Pero a diferencia de otros esfuerzos racistas y nativistas de la época, estas deportaciones no fueron simbolizadas ni impulsadas por ninguna pieza legislativa distintiva como la Ley de Exclusión China de 1882 o la Ley de Inmigración de 1924. Más bien, fueron orquestadas utilizando un mosaico de autoridad federal y local, reglas de deportación existentes pero rara vez utilizadas y la simple acción de la turba contra una población vulnerable.
Sobrevivientes de la Repatriación Mexicana, de los años 30, pidieron al gobierno de Barack Obama en el 2015, que en las clases de historia en Estados Unidos se informe de ese trágico pasaje contra la migración.
Exigieron una disculpa pública a las y los sobrevivientes, como en su momento lo hicieron los gobiernos del Estado de California y del Condado de Los Angeles, por la violación a sus derechos civiles, tomando en cuenta las versiones de especialistas que señalan que el 70 por ciento de los expulsados eran residentes legales y niños nacidos en Estados Unidos. Hasta la fecha, la disculpa pública no ha sido realizada.
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