El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) anunció que a partir de hoy, en todos los puertos de entrada y salida, los agentes de la Patrulla Fronteriza tomarán, de manera obligatoria, datos biométricos y genéticos a extranjeros, con el propósito de tener «un estricto control migratorio».
En otras palabras, todos los extranjeros sin ciudadanía deberán entregar sus huellas dactilares, escaneo del iris, escaneo de cuerpo entero, registros de su voz e incluso en algunos casos, hasta muestras para la prueba de ADN, con el fin de obtener datos para identificación genética.
Advierten que residentes permanentes estarán sometidos a una revisión más rigurosa al regresar o salir de viaje, con el fin de detectar fraudes cometidos en el proceso de obtención de la green card.
Las autoridades estadounidenses justifican estas medidas como un esfuerzo para combatir amenazas terroristas, el uso fraudulento de documentos en viajes, la sobrestadía de los visitantes, e información incorrecta o incompleta de los viajeros.
Asimismo, el Departamento de Seguridad notificó que la información genética y biométrica de los extranjeros se guardará en las bases de datos por 75 años.
Además, las autoridades exigirán que los viajeros revelen hasta cinco años de su historial en redes sociales al ingresar a territorio estadounidense.
Donald Trump, propuso el pasado 10 de diciembre que los turistas de 42 países, deban entregar el historial de sus redes sociales de los últimos cinco años para ingresar en Estados Unidos.
Todo lo anterior, aunque las autoridades estadounidenses no lo declaren, tiene que ver, no sólo con la libertad de expresión, que se encuentra ya muy acotada, sino con la libertad de pensamiento, tal como lo advirtiera Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo (Nueva edición, Harcourt, Brace Jovanovich 1979, pág. 438):
La dominación total, que pretende organizar la infinita pluralidad y diferenciación de los seres humanos como si toda la humanidad fuera un solo individuo, sólo es posible si cada persona puede reducirse a una identidad inmutable de reacciones, de modo que cada uno de estos conjuntos de reacciones pueda intercambiarse aleatoriamente por cualquier otro. El problema radica en fabricar algo inexistente, a saber, una especie humana similar a otras especies animales cuya única «libertad» consista en «preservar la especie».
No hace falta ser un genio para comprender que este impulso de la agenda de vigilancia total, junto con mecanismos de control ineludibles como las CBDC, tienen sus raíces en la dinámica estructural de la sociedad (ya no ficticia) del Gran Hermano, como la describió evocativamente Orwell hace más de 75 años. Sin embargo, dado el advenimiento de la sociedad en red de acciones y comportamientos mediados electrónicamente, dicha vigilancia y control alcanzan un nivel de eficiencia y omnipresencia con el que el Gran Hermano solo podría soñar. Esto es evidente al leer informes como este, que alerta sobre el hecho de que, en la Gran Bretaña actual, la tecnología de vigilancia permite a las autoridades neofascistas identificar, arrestar y encarcelar a individuos por supuestos «delitos» que evocan los crímenes de pensamiento de 1984 de Orwell.
El Estado de vigilancia está haciendo una lista de malos, y tú estás en ella
Los burócratas gubernamentales podrían creer que tienen cierto control sobre el estado de vigilancia, pero estarían completamente equivocados. La tecnología y la infraestructura ponen todos los datos en manos de tecnócratas. Nuestro libro, La Traición Final, deja meridianamente claro que architecnócratas como Elon Musk, Peter Thiel, David Sacks, Marc Andreessen, Howard Lutnick, Russ Vought, Michael Kratsios, etc., han invadido Washington, D. C., con la intención de convertir a Estados Unidos en una distopía posterior a 1984. En el proceso, están destruyendo la infraestructura gubernamental histórica y reemplazando su funcionalidad con IA.
En un mundo sin privacidad digital, incluso si no has hecho nada malo aparte de pensar diferente, empiezas a autocensurarte. Al principio, no del todo. Solo un poco, poco a poco. A arriesgar menos, a esperar menos, a imaginar menos, a atreverte menos, a crear menos, a intentar menos, a hablar menos, a pensar menos. El efecto paralizante de la vigilancia digital es profundo y lo afecta todo. Tim Cook, director ejecutivo de Apple
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