La mentira de la superpoblación: el problema no es cuántos somos, sino quiénes tiran los hilos

El discurso de la superpoblación no es ecologismo, es la coartada de una oligarquía global que busca preservar su estatus. En el material, figuras de la élite como Ted Turner y el académico Dennis Meadows hablan con una frialdad absoluta sobre reducir la humanidad a «mil o dos mil millones» de personas. Su premisa de que «hay demasiada gente usando demasiadas cosas» oculta una hipocresía monumental: jamás mencionan que el 1% más rico del planeta contamina y consume infinitamente más que los miles de millones a los que pretenden descartar. Meadows lo confiesa sin pudor en su intervención: admiten que la única forma de mantener «la libertad y el alto consumo» material de su propia clase es vaciando el planeta del resto de los habitantes.

Bajo el disfraz de la filantropía y el progreso, la maquinaria de control demográfico apunta siempre hacia el Sur Global. Las intervenciones de multimillonarios como Bill Gates enmarcan la natalidad de los países más vulnerables no como un síntoma de desigualdad, sino como una amenaza al sistema. Al promover la reducción de la población mediante intervenciones sanitarias en las regiones más empobrecidas, la élite impone una visión donde los pobres son el chivo expiatorio del caos climático. Su «solución» es administrar la pobreza reduciendo el número de pobres, evadiendo así cualquier responsabilidad sobre el modelo de hiperproducción y acaparamiento de riqueza que ellos mismos lideran y del cual se benefician.

Esta narrativa no es una simple preocupación filosófica, sino un proyecto geopolítico de dominación documentado. El análisis del Informe Kissinger (NSSM-200) expuesto en el video despoja al control de natalidad de cualquier disfraz humanitario: fue y es una política de Estado para garantizar que las naciones en desarrollo no se industrialicen ni consuman sus propias riquezas. El documento revela el cálculo perverso de la élite occidental, que determinó frenar el crecimiento en países subdesarrollados para asegurar un flujo ininterrumpido de minerales y recursos hacia las corporaciones del norte, una estrategia de seguridad nacional que utiliza la biología como arma de control económico.

Hoy, ese imperialismo de recursos se confiesa sin tapujos en boca de la general Laura Richardson. Al codiciar públicamente el «triángulo del litio», el petróleo de Guyana y Venezuela, y el 31% del agua dulce del mundo ubicado en América Latina, Richardson confirma la verdadera ansiedad del sistema: no les preocupa que el planeta se agote, les aterra perder el monopolio sobre lo que queda. La insistencia en que «somos demasiados» es, en última instancia, una guerra de clases disfrazada de sostenibilidad; una élite extractivista que, en lugar de renunciar a sus privilegios y a su consumo devorador, prefiere convencer a la humanidad de que su propia existencia es el único problema.

OJO: Lectura recomendada: https://blogs.egu.eu/geolog/2025/07/11/the-false-narrative-of-over-population-why-malthus-had-it-wrong-when-it-comes-to-global-resources/
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Rubén Luengas
“Los derechos humanos se violan no solo por el terrorismo, la represión, los asesinatos sino también por la extrema pobreza e injusticia, origen de las grandes desigualdades.”

por Jorge Bergoglio (Papa Francisco)

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Vía Entre Noticias · Rubén Luengas  @rubegluengas

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