Los sindicatos ya han convocado a los trabajadores de los sectores público y privado a una nueva jornada de huelga y manifestaciones para el próximo 5 de noviembre, con el fin de defender los salarios y los servicios públicos.
Más de medio millón de personas se manifestaron ayer en toda Francia durante una jornada de movilizaciones contra la carestía de la vida, que ha estado marcada por el incendio del ayuntamiento de Limoges, las 1.200 detenciones y graves enfrentamientos con la policía en varias ciudades.
Un joven de 17 años perdió la mano derecha a causa de la explosión de una granada lanzada por la policía en la ciudad de Saint-Etienne. Es el segundo caso. Desde el lunes el lanzamiento de granadas por parte de la policía había sido suspendido unos días antes en Lens a causa de que otro joven de 15 años también había perdido la mano.
En Tours un joven de 16 años sufre una lesión ocular grave debido a una bala de goma disparada por la policía. Un joven de 14 años en Saint-Ouen-l’Aumône sufrió lesiones graves en la mandíbula. El martes el ministro de Interior, Laurent Nuñez, anunció la apertura de diez investigaciones internas por los excesos cometidos por los antidisturbios.
Por la tarde, en Limoges decenas manifestantes asaltaron el ayuntamiento, incendiaron el edificio y destruyeron la planta baja. La policía se refugió en el edificio y recurrió al lanzamiento de gas lacrimógeno para dispersar a la multitud, reunida en la explanada.
Ayer la policía detuvo a 1.200 manifestantes a escala nacional. No obstante, según el Ministerio de Interior, alrededor de 6.100 personas han sido detenidas desde que en setiembre comenzaron las protestas en los barrios obreros de París. Ayer la policía registró 140 acciones distintas en todo el país, que movilizaron a 550.800 personas. El sindicato CGT, que participó en las protestas, dijo que participaron 800.000 personas. El llamamiento a salir a la calle tuvo una repercusión especial entre los jóvenes.
Más de 1.800 manifestantes serán procesados, incluyendo 1.483 menores. La oficina del Primer Ministro, Sebastien Lecornu, cifró el número de heridos en 215 por lo menos.
Las movilizaciones han reunido a los antiguos “chalecos amarillos” y estudiantes, conformando un movimiento heterogéneo impulsado por un malestar creciente ante las subidas de precios.
Calles enteras en París “han sido devastadas”, dijo el alcalde de la capital, Emmanuel Gregoire, donde la tensión aumentó rápidamente en las inmediaciones de la Plaza de la República, punto de partida de la manifestación principal. La policía utilizó gases lacrimógenos en varias ocasiones para contener a los manifestantes, la mayoría de ellos con el rostro cubierto y vestidos de negro. Algunos lanzaron artefactos pirotécnicos.
La policía esperaba unos 150.000 manifestantes fuera del área metropolitana de París y cerca de 40.000 en la capital, unas previsiones que acabaron desbordadas. Los gritos más coreados fueron “Macron dimisión” y “Todo el mundo odia a la policía”. En La Rochelle los manifestantes desfilaron detrás de una pancarta que decía “Revolución o muerte”.
‘¡Es una revolución! Estamos asaltando la Bastilla’
Los medios de comunicación no se libraron de la ira popular. Se produjeron 21 detenciones tras una acción frente a la sede de la cadena CNews, durante la cual se lanzaron proyectiles. También se registraron incidentes en otras ciudades.
En Marsella fue atacada una comisaría de la policía municipal. Docenas de manifestantes invadieron también el vestíbulo de entrada del ayuntamiento después de abrir la puerta. “¡Es una revolución! Estamos asaltando la Bastilla”, gritaron.
Una comisaría de policía de Burdeos fue destruida, mientras que en Lyon los manifestantes incendiaron una oficina de turismo. Los antidisturbios dispersaron con gases lacrimógenos a cerca de 300 personas que se habían concentrado frente a la universidad. En Toulouse la policía intervino para impedir el bloqueo de trenes y de una rotonda. Un edificio de la Facultad de Letras de Ruan sufrió un incendio, al parecer provocado.
EDITORIAL RTVL
Francia se levanta: la furia popular pone en jaque una década de macronismo
París. – Este sábado 17 de octubre de 2026 Francia vivió una de las jornadas de protesta más intensas de los últimos años. Cientos de miles de personas —550.000 según el Gobierno, cerca de 800.000 según los organizadores— ocuparon las calles de París, Marsella, Lyon, Limoges y decenas de ciudades más para gritar un rechazo frontal al costo de la vida, al deterioro de los servicios públicos y a una década de políticas que, según los manifestantes, han empobrecido a amplios sectores de la población y vulnerado derechos básicos.
La movilización no fue solo económica. Llegó después de tres semanas de protestas estudiantiles en las que miles de adolescentes bloquearon liceos para exigir una educación pública digna: más profesores, aulas no hacinadas y edificios que no se caigan a pedazos. La respuesta del Estado fue contundente. Gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento, detenciones masivas de menores y heridos graves —incluido un adolescente de 15 años que perdió una mano por una granada policial— marcaron esas semanas. Derechos Humanos y sindicatos denunciaron un uso desproporcionado de la fuerza contra niños y adolescentes que solo pedían condiciones de estudio mínimamente aceptables.
El sábado, esa rabia se multiplicó. En Limoges, el histórico ayuntamiento del siglo XIX fue asaltado e incendiado. El fuego destruyó gran parte del edificio, incluido el techo y parte de la fachada. En Marsella, Lyon y otras ciudades se registraron irrupciones en sedes municipales, saqueos y enfrentamientos directos con la policía. Algunos grupos llegaron a pocas cuadras del Elíseo, en un gesto de desafío simbólico al poder.
El Gobierno de Emmanuel Macron atribuyó la violencia a “grupos de extrema izquierda radical” y a “semeurs de chaos”. El presidente, en el tramo final de su segundo mandato, condenó los destrozos y prometió persecución penal. Sin embargo, para muchos de quienes salieron a la calle, el verdadero caos es el de todos los días: salarios que no alcanzan, precios de combustibles y alimentos que suben sin freno, escuelas que no dan abasto y un sistema de protección social cada vez más debilitado.
Una década de macronismo llega a su agonía política con este escenario. Las reformas laborales, las políticas de austeridad y la priorización de la competitividad sobre el bienestar social han dejado, según los críticos, un país más desigual y polarizado. Lo que se vio este sábado no fue solo una protesta puntual. Fue la expresión de un pueblo que siente que sus derechos humanos y sociales —a la educación, a una vida digna, a protestar sin ser reprimido con dureza— han sido sistemáticamente erosionados.
Mientras el mundo observa, Francia se encuentra ante una pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un modelo que genera tanta furia en las calles y tantas heridas, incluso en los más jóvenes?— RadioTV-Liberación RTVL (@RadioTVLiberaci) October 18, 2026
“Estamos hartas de la esclavitud de unos salarios miserables mientras los alquileres siguen subiendo”, dijo una maestra a los periodistas en Estrasburgo. “A fin de mes no me queda nada; los precios suben, pero los salarios no. Ya no podemos más, nos estamos asfixiando”, aseguraba por su parte un funcionario de unos cuarenta años que participó en una manifestación en Gueret junto a otras 300 personas, de las cuales una cuarta parte eran estudiantes.
Una madre preocupada por el futuro denunció que “desde hace décadas”, poco a poco, un trocito por aquí, otro por allá, los gobernantes han ido recortando los servicios públicos, mientras que, al mismo tiempo, los millonarios acumulan cada vez más dinero.
Los sindicatos ya han convocado a los trabajadores de los sectores público y privado a una nueva jornada de huelga y manifestaciones para el próximo 5 de noviembre, con el fin de defender los salarios y los servicios públicos.
El movimiento de los “chalecos amarillos” surgió entre 2018 y 2019 a raíz de las protestas contra el aumento de los impuestos a los combustibles, para luego extenderse a una amplia variedad de reivindicaciones. Francia, la segunda economía de la zona euro, se enfrenta a una situación de fuerte endeudamiento, en un clima social muy tenso debido al fuerte incremento de los precios de los combustibles.
Redacción | Entre Noticias
Fuente: mpr21
“Los derechos humanos se violan no solo por el terrorismo, la represión, los asesinatos sino también por la extrema pobreza e injusticia, origen de las grandes desigualdades.”






