Evadir estas preguntas no sólo sugiere arrogancia, sino también una máscara que se descompone cada día y nos permite ver la verdadera cara detrás de esa sonrisa artificial de la primera mujer presidente de México.
Por Pastor Delgado Cano
Hace apenas un año, Claudia Sheinbaum tomó posesión como la primera mujer en la presidencia de México, acompañada de un discurso que evocaba cercanía y empatía, atributos que su mentor, Andrés Manuel López Obrador, había consolidado como emblema de la Cuarta Transformación. “Seré una presidenta del pueblo”, declaró en su discurso de cierre de campaña, enmarcada por banderas ondeantes y multitudes que coreaban su nombre. Las conferencias matutinas se anunciaron entonces como un ejercicio de diálogo abierto, un mecanismo para contrarrestar la distancia de gobiernos anteriores. Sin embargo, tras las protestas del 2 de octubre y el clima político actual, surge una pregunta inevitable: ¿la presidente comienza a abandonar esa imagen de accesibilidad? ¿Estamos ante el despliegue de un estilo de gobierno más distante y rígido que el proyectado en campaña? Y en el ámbito internacional, con la guerra en Gaza como telón de fondo, ¿su tibieza diplomática no refleja también un desdén por el escrutinio a lo que ocurre ante sus ojos globalmente? ¿o abiertamente es complicidad con un sistema que oprime desde siempre y escucha los reclamos desde nunca?
Lejos de tratarse de casos aislados, los episodios recientes delinean un patrón reiterado que sugiere una administración más reacia a la rendición de cuentas ante la prensa. El caso más reciente ocurrió la mañana de este 3 de octubre, cuando la denominada “Mañanera del Pueblo” concluyó de manera abrupta tras menos de una hora, con la frase: “Yo creo que cerramos la conferencia”. La decisión obedeció a la participación musical de jóvenes del programa México Canta, la cual relegó cualquier intento de cuestionamiento periodístico. Pese a los gritos de reporteros que exigían respuestas sobre los disturbios del 2 de octubre donde se cuentan al menos 94 policías heridos, 29 civiles lesionados y saqueos en el Centro Histórico por parte de los bandos enfrentados, la mandataria guardó silencio, se limitó a posar con los cantantes y abandonó el salón Tesorería.
Ni una palabra sobre la violencia en la marcha del 2 de octubre.
Claudia Sheinbaum promovió su concurso “México Canta”… y no hubo preguntas. pic.twitter.com/Odvdztspoy
— Manuel Lopez San Martin (@MLopezSanMartin) October 3, 2025
El antecedente inmediato se remonta al 21 de mayo de 2025, cuando se realizó por primera vez una conferencia sin reporteros presentes en Palacio Nacional. La mandataria explicó que una manifestación alrededor del recinto había impedido el acceso. Los periodistas participaron a distancia mediante videollamada, en un formato que, aunque presentado como contingencia, redujo considerablemente la interacción y cuestionamientos directos.
🖥️ #DeLaSemana | Miembros de la CNTE bloquearon el acceso de periodistas a la conferencia #mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum.
De forma inédita, la conferencia se emitió desde YouTube, con los periodistas enlazados por videollamada 🔻https://t.co/juLUruEZNG pic.twitter.com/oA8iNpVza8
— Fábrica de Periodismo (@LaFabricaMX_) May 24, 2025
Un episodio significativo ocurrió el 10 de febrero de 2025. Durante esa conferencia, la periodista Dalila Escobar, de Proceso, cuestionó sobre la continuidad de la estrategia de seguridad heredada de AMLO “abrazos, no balazos” y el presunto aval de “El Mayo” Zambada a dicha política. Sheinbaum no respondió de fondo; en cambio, replicó con un tono de reprimenda: “Tú quieres sacarme una declaración que no te voy a dar”. Cuando se abordó el tema de la liberación del general Salvador Cienfuegos, acusado de vínculos con el narcotráfico, la presidenta exhortó a la reportera a “hacer una investigación” en lugar de plantear el cuestionamiento en ese espacio. “Vamos con calma”, señaló, aunque el ambiente se tornó claramente tenso.
Otro episodio ocurrió el pasado 8 de septiembre en un segmento de la llamada «Conferencia del Pueblo», la presidente Claudia Sheinbaum desmintió las afirmaciones de Alfredo Jalife dichas a través de su canal Negocios TV, quien sugirió que los puertos de Veracruz y Lázaro Cárdenas habían sido cedidos a BlackRock. Con firmeza, Sheinbaum declaró, incluso interrumpiendo reiteradamente al reportero, que tales afirmaciones «son falsas», aclarando que la administración de estos puertos está a cargo de la Secretaría de Marina, con una inversión pública significativa y la participación de empresas privadas bajo permisos de larga data.
#ULTIMAHORA 🚨 | Claudia Sheinbaum desmiente entrega de puertos a BlackRock
La presidenta negó que su Gobierno haya cedido los puertos de Veracruz y Lázaro Cárdenas a la firma internacional, como lo sugirió Alfredo Jalife en Negocios TV:🗣️ "Son falsas, son falsas, son falsas,… pic.twitter.com/ou1ZDNRx7S
— JUCA Noticias (@JucaNoticias) September 8, 2025
El 26 de septiembre, Sheinbaum, en otro episodio de negación, interrumpió a una reportera que planteaba las acusaciones de enriquecimiento ilícito y sus probables nexos con el crimen organizado que pesan sobre el senador Adán Augusto López, un cercano aliado del ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Esta actitud refleja un patrón de defensa de figuras clave dentro de Morena, a pesar de las promesas iniciales de tolerancia cero hacia la corrupción, generando críticas por la inconsistencia entre el discurso y las acciones de su gobierno, nuevamente la prensa se fue sin una respuesta directa de la mandataria, limitándose a calificar todo como «politiquería».
🗣️ "Es pura politiquería", responde Claudia Sheinbaum ante que algunos morenistas estarían inconformes con la operación de Adán Augusto como coordinador de la bancada de senadores.
También pide que aclarare los supuestos 79 millones de pesos que no presentó en su declaración… pic.twitter.com/6SAKEnkwGn— Diario de Yucatán (@DiariodeYucatan) September 26, 2025
El 10 de septiembre en otro momento de palpable tensión, ya comunes en su conferencia matutina en Palacio Nacional, la presidente de México, Claudia Sheinbaum, cortó de manera abrupta el intercambio con un reportero al declarar: «Ya no te voy a contestar». El incidente surgió en medio de un cuestionamiento insistente sobre la muerte del capitán de la Secretaría de Marina, Adrián Omar del Ángel Zúñiga, durante una práctica de tiro en Puerto Peñasco, Sonora, y su posible vínculo con investigaciones sobre el robo de combustible, conocido como huachicol.
Esta negativa rotunda a responder no solo evidenció una creciente irritación de la mandataria, sino que subrayó una postura de intolerancia ante el escrutinio periodístico, un pilar fundamental de la rendición de cuentas en cualquier democracia. La interrupción, dirigida al periodista Salvador Carmona de El Universal, llegó tras una serie de preguntas que la presidente juzgó inapropiadas y carentes de respeto hacia la víctima y su familia, al insinuar coincidencias sospechosas con otro deceso reciente en las fuerzas armadas.
Este gesto, lejos de disipar dudas, amplificó las críticas sobre la accesibilidad del gobierno federal a la prensa, recordando patrones de confrontación que han marcado interacciones previas en las «mañaneras». Horas después, en un intento por mitigar el revuelo, Sheinbaum extendió disculpas públicas al reportero involucrado, reconociendo que su reacción había sido «demasiado dura».
Sin embargo, este gesto tardío resultó insuficiente para contrarrestar el daño ya infligido: la negativa inicial había expuesto nuevamente y de forma clara una lejanía preocupante de la presidente respecto al rol esencial de la prensa libre como contrapeso al poder.
🔴 VIDEO: Reportero cuestiona a Sheinbaum sobre la muerte de dos elementos de la marina!!!
📣La autoritaria le responde: "no te voy a contestar"!!
🔴 Todos sabemos que Sheinbaum encubre a AMLO y al narcosenador Adán Agusto líderes del crimen organizado!!#HuachicolFiscal pic.twitter.com/OZx96hxBwa
— Perla (@perladil) September 11, 2025
El patrón de evasión también se ha trasladado al ámbito internacional. La postura del gobierno mexicano frente al conflicto en Gaza ha sido objeto de constantes críticas. En junio 23 de 2025, cuando el enfrentamiento se intensificó, la presidente emitió un posicionamiento inicial calificado de tibio, sin calificar como genocidio a los bombardeos israelíes ante los cuestionamientos del periodista Ernesto Ledesma Arronte quien hoy se encuentra en Israel tras ser detenido como parte de la Flotilla Sumud que pretendía llevar ayuda humanitaria a Gaza, y esto pese a que organismos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch documentaron ataques indiscriminados, bloqueo de ayuda y uso del hambre como arma de guerra. Solo hasta el 22 de septiembre de 2025, presionada en el marco de la Asamblea General de la ONU, Sheinbaum reconoció: “Que pare este genocidio en Gaza”. Aun así, enmarcó su postura en la doctrina de la “no intervención”, manteniendo reconocimiento tanto a Israel como a Palestina, sin ruptura de relaciones ni sanciones. ¿Cobardía o servilismo a un sistema que sustenta el avance del sionismo en el mundo?
CHOQUES EN LA IZQUIERDA
Claudia Sheinbaum evade calificar de "genocidio" ataques de Israel al pueblo palestino pic.twitter.com/pgw4PoopjC— Literal México (@literalmexico) June 23, 2025
#MañaneraDelPueblo. “Que se frene el genocidio en Gaza” y que se reconozca la existencia de los dos Estados: el Palestino y el de Israel, afirma @Claudiashein al señalar la posición de México en la ONU. pic.twitter.com/I1Ko1KATXf
— Jenaro Villamil (@jenarovillamil) September 22, 2025
La controversia se profundizó con la Flotilla Global Sumud, misión humanitaria integrada por 44 embarcaciones que partió en septiembre de 2025 rumbo a Gaza con insumos médicos y alimentarios. El 2 de octubre, Israel interceptó la flotilla en aguas internacionales, deteniendo a cientos de activistas, entre ellos seis mexicanos: Carlos Pérez, Ernesto Ledesma, Sol González, Arlín Gabriela Medrano, Laura Alejandra Veléz Ruiz y Diego Vázquez. Aunque el gobierno mexicano emitió cuatro notas diplomáticas exigiendo su repatriación inmediata, la primera respuesta oficial, del 3 de septiembre, fue interpretada como distante: “La flotilla no cuenta con recursos del gobierno”. Diversos colectivos acusaron a la administración de neutralidad cómplice, pues la reacción se limitó a gestiones consulares sin condenar de forma directa la acción israelí ni las declaraciones del ministro Itamar Ben-Gvir, quien calificó a los activistas de “terroristas”.
Tan mediocre el pronunciamiento de Claudia que ni siquiera puede llamarle genocidio, usando eufemismos como "acoso". No sean lamebotas por una vez en su vida. Todos sabemos qué hay detrás de la tibieza del Estado. 👇 pic.twitter.com/w7eY9WJAFN
— Pastor Delgado (@pastordc3110) October 2, 2025
Aquí te incluyo la traducción de lo que dicen, no del título. Del hebreo moderno (con el típico acento alemán) pic.twitter.com/uY6fDstUAA
— Jorge Majfud (@majfud) October 3, 2025
En el centro de esta política ambigua se ubica Juan Ramón de la Fuente, secretario de Relaciones Exteriores. Su trayectoria ha sido señalada por una cercanía con posturas proisraelíes. En 2015 recibió el Premio Jerusalem de la Organización Sionista Mundial, en donde describió al sionismo como “la expresión política y social de la añoranza por la Tierra Prometida”. Ha elogiado el sistema de salud israelí, sostuvo reuniones con el presidente Isaac Herzog en 2022 y, como embajador ante la ONU, evitó condenas directas a Israel, defendiendo un rol “cauto” y “mediador”. Críticos y medios de izquierda lo han catalogado como un canciller “sionista” que limita cualquier giro pro-palestino en la política exterior mexicana, priorizando la estabilidad de las relaciones con Tel Aviv y Washington. Bajo su gestión, México ha acompañado denuncias junto con Chile (además tardíamente para variar), pero sin avanzar hacia medidas diplomáticas más contundentes.
Todo esto revela un panorama más estructural que anecdótico. A un año de iniciada su administración, Sheinbaum enfrenta el desgaste de un formato, las «mañaneras», que López Obrador utilizó como herramienta de comunicación directa, aunque también como espacio para desarmar a la prensa mediante ataques o dilaciones, y abierta propaganda. Con un perfil técnico y académico, la expectativa era que ella privilegiara la información precisa y el debate con datos. Sin embargo, lo que predomina son cierres abruptos, regaños y silencios estratégicos. El 2 de octubre, por ejemplo, la mandataria recordó la masacre de Tlatelolco con un mensaje solemne, pero al día siguiente, frente a la violencia de la conmemoración, optó por no pronunciarse. En el caso de Gaza, su reconocimiento tardío del genocidio, tras más de 700 días de ataques y con un saldo superior a 67 mil muertes (tan sólo desde octubre de 2023) exhibe más indiferencia que neutralidad.
La pregunta de fondo es si la presidente ha dejado de fingir. Durante la campaña se presentó como la mandataria “técnica y cercana”, capaz de conectar con el pueblo a través de su trayectoria académica y su carácter accesible, recordando incluso su carta publicada en 2009 en La Jornada, donde pedía “Salvar al mundo que hoy se llama Gaza”. Pero el poder transforma o bien muestra el material verdadero del que están hechos aquellos que se sirven de él. Palacio Nacional no es la Jefatura de Gobierno capitalina, donde era posible controlar la narrativa. Aquí, los cuestionamientos son más incisivos: la violencia en Sinaloa, el huachicol fiscal que sacude a Morena, los aranceles de Trump que amenazan el TMEC, incluso el propio tratado señalado como continuidad de ese neoliberalismo, dicen, «del pasado» y ahora Gaza, Sumud y un canciller cuestionado por sus vínculos ideológicos, nos lleva concluir que evadir estas preguntas no sólo sugiere arrogancia, sino también una máscara que se descompone cada día y nos permite ver la verdadera cara detrás de esa sonrisa artificial de la primera mujer presidente de México.
En la actualidad, la presidente mantiene una aprobación del 78%, incluso superior a la que registraba López Obrador en su primer año, o al menos eso nos dicen unas consultas diariamente presumidas por el poder. El respaldo se sostiene en gran medida por los programas sociales, pero una simulación no puede depender únicamente de transferencias bancarias, sino de mecanismos de rendición de cuentas. Si la “presidentA del pueblo” se convierte en la “presidentA de la burbuja”, distante frente a genocidios, tibia ante misiones humanitarias y respaldada por figuras controvertidas, y en el peor de los casos tal vez servil a un sistema cada vez peor calificado por la opinión pública, el desencanto será inevitable, si es que no llegó ya. México merece más que fotografías con artistas, conciertos masivos y pronunciamientos tardíos; requiere decisiones claras, una política más allá de la diplomacia, capaz de nombrar el genocidio desde el inicio. La cuestión es si la presidencia puede sostenerse sin la máscara con la que llegó Claudia Sheinbaum y sin ir de la mano del tabasqueño ex presidente.
El Zócalo, marcado aún por los disturbios del 2 de octubre, los ataques a la prensa por parte de la policía de Brugada junto a grupos de choque y Gaza, devastada por el silencio internacional, esperan una respuesta y no más políticos de papel.







