En un intento por celebrar su cumpleaños con tintes patrióticos y militares, el expresidente Donald Trump organizó un desfile que, según reportes de Rolling Stone, terminó siendo un rotundo fracaso. El evento, que habría costado cerca de 45 millones de dólares, no logró convocar a multitudes ni generar entusiasmo entre los ciudadanos estadounidenses. Más bien, quedó en evidencia un espectáculo opaco, con pocos asistentes y discursos monótonos que contrastaron con el descontento social presente en las calles.
Mientras en la capital desfilaban vehículos militares y se escuchaban discursos exaltando la figura del expresidente, en diversos puntos del país ciudadanos protestaban contra las redadas migratorias impulsadas durante su administración. Las manifestaciones reflejaron el profundo rechazo de una parte de la población hacia un liderazgo percibido como autoritario y excluyente. La cobertura del evento deja claro que el desfile no logró unir a la nación, sino evidenciar su fractura.
Pero Palantir, Oracle y Lockheed Martin estaban con él financiando todo el espectáculo. Estas empresas representan el poder de la tecnología y el capital en áreas críticas: vigilancia, infraestructura digital y guerra. A menudo están conectadas con políticas gubernamentales, tanto en EE.UU. como a nivel global.
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