Sheinbaum solicitó hablar con Trump tras declaraciones de que EEUU empezará ataques terrestres contra cárteles mexicanos

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha escalado su retórica a un nivel operativo que amenaza con dinamitar los principios de vecindad y cooperación.

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La declaración del mandatario republicano enciende las alertas rojas en la diplomacia y los mercados. Analistas advierten que una incursión militar unilateral sería una violación flagrante a la soberanía.


La presidente Claudia Sheinbaum reveló que le instruyó a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) reforzar la comunicación con el gobierno de Estados Unidos, y de ser necesario, solicitar hablar con el mandatario de ese país, Donald Trump, tras las declaraciones sobre iniciar ataques terrestres contra los cárteles de la droga en México.

Las declaraciones se dieron en una entrevista con Fox News, donde Trump afirmó que los cárteles “están controlando México” y calificó la situación como “muy triste”.

El anuncio ocurre tras un operativo estadounidense en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa.

Trump mencionó que ha ofrecido ayuda a la presidenta Claudia Sheinbaum para combatir a los cárteles, pero ella ha rechazado la intervención, insistiendo en la soberanía de México y su preferencia por soluciones pacíficas.

En su momento, Sheinbaum destacó la importancia de la cooperación bilateral, enfocándose en combatir las causas del consumo de drogas y fortalecer la investigación en seguridad.

Las declaraciones de Trump han causado inquietud sobre el impacto en la relación bilateral y en la soberanía mexicana.

La justificación de la Casa Blanca para esta posible incursión terrestre es que, según su visión, «los cárteles están controlando México». Esta afirmación, realizada tras las operaciones marítimas en el Pacífico y el Caribe, plantea un escenario que los expertos en seguridad nacional y derecho internacional no dudan en calificar como un acto de agresión bélica si se realiza sin el consentimiento del gobierno mexicano.

Técnicamente, el ingreso de tropas extranjeras a territorio nacional sin autorización del Senado y del Ejecutivo mexicano constituye una invasión. Aunque la disparidad militar entre ambas naciones es abismal, las consecuencias políticas y diplomáticas de una acción de este tipo («botas en el terreno») serían catastróficas.

México estaría obligado a expulsar a la misión diplomática estadounidense y llamar a consultas a su embajador, congelando la cooperación en temas vitales como migración y comercio. Las Fuerzas Armadas de México (Sedena y Marina) tendrían el mandato constitucional de impedir el avance de tropas extranjeras, lo que eleva el riesgo de escaramuzas o enfrentamientos directos, aunque sea accidentales, que podrían derivar en bajas de ambos lados.

Además, una intervención militar unilateral violaría los principios de autodeterminación, lo que llevaría a una suspensión de facto del tratado comercial, hundiendo el tipo de cambio y provocando una fuga masiva de capitales.

La estrategia de Trump parece alinearse con la vieja amenaza de designar a los cárteles mexicanos como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO). Esta etiqueta legal en Estados Unidos permitiría al Ejecutivo ordenar acciones militares extraterritoriales sin necesidad de pedir permiso al país anfitrión, bajo el argumento de «defensa propia».

Sin embargo, para el derecho internacional, atacar suelo mexicano sin aval del gobierno local sigue siendo una violación a la Carta de las Naciones Unidas.

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