Jared Kushner, yerno sionista del «emperador» Trump, ha presentado el plan de reconstrucción para Gaza que prevé 180 rascacielos en la costa, nuevas ciudades, un puerto y un aeropuerto
El eje más llamativo del proyecto colonial sobre la base del despojo y el genocidio, es la creación de una gran zona turística junto al Mediterráneo, con hasta 180 rascacielos destinados en buena parte a hoteles y apartamentos. Trump defendió el enfoque desde su experiencia como promotor inmobiliario, insistiendo en que la ubicación frente al mar es “una oportunidad extraordinaria”, tal y como destacó la BBC.
El mapa presentado en Davos muestra una franja costera completamente rediseñada, con complejos turísticos, zonas verdes y grandes avenidas. Además, el plan incluye la construcción de un nuevo puerto marítimo y un aeropuerto cerca de la frontera con Egipto, elementos pensados para integrar Gaza en los flujos comerciales y turísticos regionales.
El proyecto también contempla la creación de dos grandes desarrollos urbanos. En el sur, Nueva Rafah concentraría más de 100.000 viviendas permanentes, más de 200 centros educativos y al menos 75 instalaciones médicas, con el objetivo de realojar a la población gazatí cuya ciudad original ha quedado prácticamente arrasada tras la destrucción y el genocidio.
El yerno de Trump presentando el plan inmobiliario para Gaza como si ya fuera de su propiedad después de financiar el genocidio y la destrucción total.
Vamos a permitir esto? pic.twitter.com/1p33NcY9rI— Julián Macías Tovar (@JulianMaciasT) January 22, 2026
El proyecto, Nueva Gaza, se plantea como un centro industrial y tecnológico orientado al pleno empleo. Las imágenes generadas por ordenador recuerdan a grandes ciudades del Golfo Pérsico, con rascacielos modernos, centros de datos y áreas de manufactura avanzada, tal y como describe The Independent.
Quién paga y bajo qué condiciones
Uno de los grandes interrogantes es la financiación. Kushner aseguró que los primeros fondos llegarán de gobiernos aliados y que en las próximas semanas se celebrará una conferencia en Washington para concretar aportaciones y atraer inversión privada, ofreciendo lo que definió como “oportunidades únicas”, tal como reporta El Confidencial
Un poco de contexto histórico
Entre 1947-1949, las milicias sionistas, con 1948 como punto álgido y fecha de la creación del Estado de Israel, expulsaron del territorio de la Palestina histórica o Palestina del Mandato británico a más de la mitad de la población, entre 750.000-800.000 personas, de diferentes clases sociales, ámbitos, urbano y rural, y credos (árabes/palestinos musulmanes y cristianos) en lo que se denomina en árabe como al-Nakba (la catástrofe). Se llevó a cabo a través de la implementación de un plan político-militar, —denominado Plan Dalet y reconstruido por el académico palestino Walid Khalidi—, que estuvo acompañado de decenas de matanzas y otras atrocidades, para que la expulsión fuera mayor y más eficaz. Según el historiador israelí, Ilan Pappé, la ejecución del Plan Dalet reunía en sus operaciones una serie de “métodos de limpieza” que se ajustan a la definición de limpieza étnica conforme a los parámetros de Naciones Unidas, al igual que se ajusta a lo descrito por especialistas en el campo como Dazen Petrovic.
Tierras, cultivos y propiedades fueron robadas o destruidas, al igual que cientos de aldeas, pueblos y ciudades donde vivía la población palestina fueron, según el interés, derruidas —con el objetivo de que no pudiera regresar la población— o vaciadas de sus propietarios y «rehabitadas» con los colonos llegados. Esta expulsión de la población palestina había sido planificada desde finales del s. XIX y a lo largo del s. XX por el movimiento sionista a través de diversos planes de “transferencia” o “traslado” presentados en diferentes instancias, como se puede comprobar en los numerosos escritos y declaraciones registradas de sus líderes. En 1938, David Ben Gurión aseguraría ante la ejecutiva de la Agencia Judía: “Soy partidario del traslado forzoso, no veo nada inmoral en él”. Así que cuando Ben Gurión declaró en junio de 1948 en el Consejo de ministros su intención de evitar el regreso de los refugiados palestinos “a cualquier precio”, se refería, en realidad, a un objetivo político muy preciso. Por lo tanto, de acuerdo con el académico Nur Masalha, la limpieza étnica y la destrucción que se produjo de Palestina ha ido unida a los esfuerzos institucionales, políticos y militares de Israel desde 1948 por ‘desarabizar’ Palestina.
A partir de 1948 y desde entonces, tal y como explica el antropólogo israelí Jeff Halper; “en lo que era Palestina se impuso una nueva sociedad colona (judía/sionista/israelí) en las ruinas de la sociedad nativa palestina”, pasando a ser esta última, según el sociólogo palestino Elia Zureik, de una mayoría a una minoría.
De esta forma, la colonización llevada a cabo por el sionismo desde finales del siglo XIX hasta nuestros días ha destruido, usurpado y transformado violentamente la práctica totalidad de la Palestina histórica en un sentido geográfico, social y cultural.
Después de 1948, la sociedad palestina fue devastada como una única sociedad dentro de un mismo territorio y fue separada desde entonces en tres grupos distintos en diferentes lugares, y que a partir de ese momento tendrían una evolución e historia desiguales; la población palestina que fue expulsada y se dirigió a los países árabes, principalmente a Siria, Líbano y Jordania, o a otras regiones, convirtiéndose la gran mayoría en población refugiada; la población palestina que logró permanecer en el recién creado Estado de Israel; y la población que se dirigió hacia lo que quedaba de la Palestina histórica —uniéndose a la que se encontraba allí— en Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén. A la población palestina expulsada y expoliada los diferentes gobiernos israelíes nunca les ha permitido regresar de donde eran originarios ni tampoco les ha indemnizado, tal y como está estipulado en la Resolución 194 (III) de 1948 de Naciones Unidas.
La Franja de Gaza pasó a estar controlada por Egipto en 1949, designada como «tierras palestinas bajo supervisión de las fuerzas armadas egipcias» y Cisjordania (incluida Jerusalén) fue anexionada por Jordania en 1950. Estos dos territorios quedaron divididos e incomunicados entre sí, dado que la zona bajo control israelí que les separaba impedía que hubiera cualquier continuidad geográfica, esta disociación territorial sería igual entre las tres zonas. No obstante, la guerra de los Seis Días en 1967 entre algunos países árabes e Israel tuvo como consecuencia la ocupación militar israelí de la totalidad de la Palestina histórica, además de la Península del Sinaí a Egipto y de los Altos del Golán a Siria —todavía ocupados—. A lo ocurrido en junio de 1967 se le denomina al-Naksa, (en árabe la recaída) y es considerada como una segunda Nakba para la población palestina, puesto que marcó el inicio de la colonización y ocupación militar en la totalidad de la Palestina histórica que quedaba: Cisjordania, Jerusalén y la Franja de Gaza, dando comienzo a la construcción de colonias también en esa parte del territorio.
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