¿Agenda de Estado o agenda personal? Roberto Velasco y una polémica primera aparición ante la ONU

El debut de la diplomacia mexicana en la Asamblea General de la ONU desató una fuerte controversia tras la decisión del canciller Roberto Velasco de inaugurar su agenda en una mesa sobre derechos LGBTIQ+, mientras el país enfrenta una severa crisis de violencia y presión internacional por el control de los cárteles. Aunque el gobierno defiende que la inclusión y la no discriminación son principios de Estado irrenunciables, la crítica apunta a un desajuste de prioridades frente a la emergencia nacional, dejando abierta la pregunta central sobre qué temas deben encabezar la representación de México ante el mundo.

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¿Entre la agenda global y la herida nacional? El debut de México en la ONU genera debate tras priorizar la diversidad mientras el país enfrenta una crisis de violencia.
La semana de la Asamblea General de las Naciones Unidas suele medir qué pone un país sobre la mesa cuando el mundo está mirando. En septiembre de 2026, México llegó al 81 periodo de sesiones con Roberto Velasco Álvarez al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El lunes 21, el canciller participó en la reunión del Grupo Núcleo LGBTI, foro que el país copreside con Noruega y que reunió a unas 25 delegaciones, órganos de la ONU y organizaciones de la sociedad civil. No era el Debate General —el turno mexicano quedó para el viernes 25—, pero fue el primer acto visible de la cancillería en Nueva York y, por eso, el que encendió la discusión.

México no llega a ese recinto como un país en calma. La violencia, el poder de los cárteles y la presión internacional sobre la seguridad del Estado ocupan la conversación doméstica y la relación con Washington. En ese telón de fondo, abrir la semana multilateral en una mesa sobre diversidad sexual se leyó, para una parte de la opinión pública, como un desajuste de escala: el país hablaría de inclusión mientras en casa la emergencia sigue sin nombre diplomático de primer orden. No se trata, en esa lectura, de negar derechos. Se trata de qué cabe primero cuando el tiempo de un canciller en Manhattan es corto y la representación es de toda la población.

La proporción que circuló para decirlo fue tosca y eficaz. Si la comunidad LGBT concentra cerca del 5 por ciento de los habitantes, no debería ordenar la prioridad de una asamblea en la que se habla en nombre del 100 por ciento. El resto del país, según esa cuenta, esperaba oír hablar de la crisis que sí atraviesa a mayorías: homicidios, extorsión, desplazamiento, frontera y la imputación extranjera de que el Estado no controla su territorio. La cifra no cierra un debate demográfico; sirve para preguntar si una diplomacia de minorías puede ocupar el lugar de una diplomacia de Estado.

Esa pregunta se tradujo en una imagen que recorrió redes: Estados Unidos apunta al cártel; México apunta al arcoíris. El esquema aplasta matices —Washington también habla de derechos y México también habla de seguridad—, pero fija una jerarquía. Quienes la usan sostienen que la política exterior debe reflejar la herida principal del territorio. Quienes la rechazan responden que igualdad y no discriminación están en la Constitución y en la Carta de la ONU, y que un país no elige entre dignidad y seguridad como si fueran monedas excluyentes.

Velasco no improvisó el encuadre aunque dejó mucho que desear en el nivel de su participación, dijo que las personas LGBTIQ+ siguen expuestas a discriminación, violencia, discursos de odio y desinformación; que las sociedades inclusivas son más fuertes; que la dignidad no conoce fronteras. Invocó el marco legal mexicano y la Carta de Naciones Unidas. Llamó retrógradas a las voces que presentaron esa defensa como el punto más bajo de la diplomacia nacional. La presidente Claudia Sheinbaum respaldó la asistencia al grupo y precisó que el canciller aún no había subido a la tribuna del Debate General. La SRE insistió en que no se confundiera una mesa paralela con el pronunciamiento solemne del Estado.

La distinción protocolaria es correcta y, aun así, no apaga el conflicto político. En la semana de la Asamblea, el primer acto público pesa más que el organigrama. Una parte de la audiencia mezcló además la cronología con el discurso de Donald Trump sobre México y los cárteles, como si Velasco hubiera contestado en clave LGBTI a una acusación de seguridad. Los hechos no cuadran así: la reunión del grupo fue antes y no era réplica al Debate General. Lo que sí queda es una impresión de orden del día. El gobierno habla de principios. La crítica habla de secuencia.

Detrás de la secuencia aparece la figura del canciller. Velasco llega al cargo como sucesor de Juan Ramón de la Fuente y con el aval presidencial. Para sus objetores no hay giro de escuela diplomática, sino continuidad de afinidades internacionales —descritas por muchos como sionistas, antecedentes como Premio Jerusalem 2015 recibido por De la Fuente— que no serían patrimonio de la «derecha» ni del PAN o PRI, sino una red presente también en el gobierno en funciones. El nombramiento se lee entonces como confirmación de línea. El dato verificable es la sucesión. La lectura de “alineamiento” es el terreno donde la biografía se vuelve cargo político.

Esa lectura se extiende más allá de Relaciones Exteriores. La cancillería queda entonces junto a otros nombres y expedientes —finanzas, seguridad, programas sociales— para decir que la afinidad no es un episodio lejano, sino un patrón. Quienes la descartan ven en esa cartografía una sobredosis interpretativa: citar la Constitución no requiere carnet ideológico, y copresidir un grupo de derechos humanos no equivale a subordinar al país a una agenda ajena, dicen. Entre ambos extremos queda una pregunta: qué tanto explica la red personal de un canciller la mesa que elige en la ONU, ¿es esto convertir su agenda personal en agenda nacional?

Hay un termómetro paralelo que no habla de diversidad sexual. Circuló la duda de si Velasco permaneció en la sala durante una intervención de Benjamin Netanyahu, como se sucedió en otras ocasiones con De la Fuente. El video que alimentó la sospecha no correspondía necesariamente a la sesión de 2026, pero el criterio implícito sí: la postura ante Israel se usa para medir la misma lealtad que se imputa a la cancillería. Otra vez el debate es con quién se sienta México cuando el recinto se vacía.

Queda en la mesa entonces el oficio mismo de representar, ¿a quiénes? Un canciller no puede decirlo todo el mismo día. Tiene que elegir qué herida muestra primero. El gobierno eligió mostrar que la no discriminación es política de Estado, bien, y que México no recula en foros donde esa agenda está bajo presión en otras latitudes, bien también, pareciera, ¿cuál es el problema? La crítica es mostrar que un país acosado por la violencia no puede inaugurar su semana en la ONU como si el problema central fuera la diversidad, prioridades de nuestros «representantes» globales. No se trata de no abordar el tema, esa no es la crítica; las dos frases pueden convivir en un comunicado; no conviven con la misma fuerza en la percepción pública y eso debería reflejarse en la presencia de México en tales eventos.

Por eso el desacuerdo no se resuelve citando un artículo constitucional ni un porcentaje poblacional, o convirtiendo la conversación en un tema sobre el órden de participación de México en la Asamblea. Se resuelve o empeora en lo que México diga el viernes en la tribuna y en lo que haga el resto del año frente a la seguridad, la frontera y la dignidad de quienes viven bajo amenaza, sea cual sea su causa, tocando las heridas precisas o negando la realidad. La aparición de este 21 de septiembre sucedió y no es cosa menor. La emergencia nacional tampoco. Entre una y otra, la diplomacia mexicana quedó expuesta a la pregunta más simple de cualquier Asamblea: cuando el país habla por todos, ¿de qué está hablando primero?

Redacción | Entre Noticias

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Rubén Luengas
“Los derechos humanos se violan no solo por el terrorismo, la represión, los asesinatos sino también por la extrema pobreza e injusticia, origen de las grandes desigualdades.”

por Jorge Bergoglio (Papa Francisco)

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Vía Entre Noticias · Rubén Luengas  @rubegluengas

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