Carrasco relata cómo la auténtica coeducación —diseñada para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres— ha sido secuestrada por directrices que niegan la realidad biológica del sexo y promueven la idea de que la identidad de género es un sentimiento autodiagnosticable. Su labor investigativa, plasmada en el informe Trànsit y el libro La coeducación secuestrada, revela datos alarmantes: un aumento exponencial en las clínicas de transición de género de menores de edad, donde el 65% de los nuevos casos corresponden a niñas y adolescentes que rechazan su cuerpo.
Lejos de encontrar un espacio para el análisis científico, la presentación de estos hallazgos ha chocado con un muro de hostigamiento. Carrasco describe campañas de difamación, pintadas en los campus universitarios acusándola de «delitos de odio» y un abandono institucional por parte de las autoridades académicas, quienes se han negado a emitir comunicados en defensa de la libertad de cátedra. Este clima de hostilidad se extiende a nivel internacional, provocando la cancelación de paneles en congresos de la Asociación Americana de Antropología por considerar «transfóbico» el mero cuestionamiento de por qué la variable sexo sigue siendo relevante en la investigación científica.
Más allá del ámbito académico, la catedrática enciende las alarmas sobre el grave problema de salud pública que enfrentan miles de menores sanos. Denuncia la negligencia de administrar bloqueadores de pubertad y hormonas cruzadas —que provocan daños irreversibles como pérdida de densidad ósea, problemas cardiovasculares y atrofia en el desarrollo— basándose únicamente en el malestar psicológico propio de la adolescencia o en la comorbilidad con otras condiciones, como el autismo.
Para Carrasco, este fenómeno no surge de una demanda ciudadana de base, sino que es impulsado verticalmente desde las cúpulas políticas y fuertemente financiado por grandes corporaciones médico-farmacéuticas. Se trata, advierte, de una maquinaria de ingeniería social que busca desregular el sexo biológico para abrir paso a un lucrativo «mercado de la vida» y a la experimentación transhumanista, sacrificando en el proceso la salud integral de la infancia y los derechos fundamentales de las mujeres.
Entre Noticias
“Los derechos humanos se violan no solo por el terrorismo, la represión, los asesinatos sino también por la extrema pobreza e injusticia, origen de las grandes desigualdades.”






